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AGENDA
#32
Los
social-revolucionarios cubanos y la política económica
El imperativo categórico de Kant
nos exige que obremos de modo que nunca tratemos a la humanidad, tanto en
la persona propia como en la de los demás, simplemente como un medio,
sino también como un fin. Considera al ser humano como un ente autónomo,
dotado de razón y libertad, capaz de determinarse y perfeccionarse a si
mismo. Descartes afirmaba que este "libre arbitrio" constituye
la calidad humana, o de la "persona", tal como fue definida por
los pensadores grecolatinos.
Enmarcados en estas corrientes de
pensamiento conformadoras de la cultura occidental, encontramos el origen
de la moral y del derecho, elementos en los cuales el hombre apoya su
capacidad de ser libre y de proteger su libertad. La persona podrá
realmente gozar de libertad, si conjuntamente ejerce tanto los derechos
políticos establecidos por la revolución burguesa del Siglo XVIII, y los
sociales y económicos demandados por pensadores socialistas, los doctores
de la Iglesia y las trascendentales encíclicas papales emitidas en los
siglos XIX y XX. Toda institucionalidad jurídica ha de considerar a la
persona como un fin en si misma, capaz de perfeccionarse, de ser libre y
de proteger su libertad.
La sociedad ha de establecer los
métodos de administración, producción y comercialización de los bienes
escasos, al fin de lograr satisfacer lo más posible las necesidades de
las personas. Es a ella, constituida políticamente, a quien corresponde,
acorde a su ordenamiento jurídico y mediante sus órganos de gobierno,
determinar el empleo de los recursos, siempre limitados pero susceptibles
de producir bienes o servicios, y el modo en que los mismos han de ser
utilizados.
Es axiomático que el poder
económico genera poder político. Cuando este se encuentra en derecho
domínico -o de usufructo- en posesión de un gobierno centralizado, se
genera totalitarismo, y cuando se encuentra bajo el control de los
intereses privados que obstruccionan el crecimiento económico, genera
capitalismo y dependencia.
Dadas las condiciones de la
economía y el actual proyecto de globalización requiere que en países
de las proporciones del nuestro -recursos y población- reconocer al
estado, mediante sus órganos e instituciones, la potestad de instrumentar
la política económica, responsabilizándolo con el patrimonio nacional,
sin admitir ninguna otra consideración previa, a no ser la obligación de
garantizar la estabilidad social y de crear las condiciones que permitan
el ejercicio de los derechos sociales de la población.
La política economía por la que
abogamos los social-revolucionarios cubanos presupone un estado social de
derecho, en el cual coadyuvan la autodeterminación, la seguridad social y
la libertad política, todas ellas generando condiciones idóneas para el
crecimiento económico.
La estructura económica que los
social-revolucionarios proponemos, creará un marco de la mayor libertad
empresarial posible, limitada por la planificación que fuere necesaria
para lograr el crecimiento económico: La empresa estatal -de dirección
bien gubernamental bien social- ha de responder a razones de estrategia
económica. La mayoría de ellas estarán dirigidas por organismos
constituidos con amplia participación de las bases sociales.
En general en cuanto a las
actividades económicas, los social-revolucionarios nos planteamos una
economía social sustentada en la más amplia pluralidad y autonomía
posible, que por su propia naturaleza genera dinamismo e iniciativa
creadora.
La persona es un ser social por
naturaleza, y, libre de los temores que genera la sociedad capitalista, es
capaz de aceptar reglas que tengan importancia para el bienestar de la
sociedad. Por ello se requiere un ámbito de normas éticas y jurídicas e
instituciones que permitan coordinar, o al menos mitigar, los conflictos
mediante un consenso, fundamentar la estabilidad social y disminuir la
alienación hasta un nivel que no resulte gravoso ni capaz de producir
frustración o confrontación social.
El caso
cubano
En Cuba, en la última década
han habido modificaciones en la política económica del país, después
de más de tres décadas de inercia y mimetismo; pero estos cambios no
responden a un proyecto integral. Solamente se ha tratado, de forma
timorata y conservadora, de resolver una crisis económica motivada por la
dependencia al bloque dirigido por la Unión Soviética que se desplomó,
sin tratar de comprender la naturaleza de la misma. Aplicándose en forma
creciente las más denigrantes prácticas capitalista y manifestándose
muchos de los males que han creado las prácticas mafiosas que hoy están
sufriendo los pueblos que ayer constituyeron a la Unión Soviética.
Los cambios realizados por el
actual gobierno al no responder a proyecto integral alguno, resultan
incoherentes, quizás por lo sorpresivo que resultó el desplome de la
Unión Soviética y el acercamiento de la República Rusa a los Estados
Unidos. Los vínculos que fueron creados para responder a los intereses
comunes de ambos estados fue un problema coyuntural, y la dirigencia del
actual gobierno de Cuba no supo comprenderlo. Las inversiones actuales en
Cuba se realizan en proyectos a corto plazo o de carácter circunstancial,
valorando la inconfiabilidad que ofrece el estado cubano en el presente
para proyectos de largo y mediano plazo, esta situación nos fuerza, por
necesidad, a reflexionar sobre como instrumentar un proyecto de
reestructuración económica y social.
No podemos confiar ni en la
inversión "golondrina" ni en los especuladores que juegan al
rescate de su inversión en término breve porque el futuro resulta
incierto. Tampoco redunda en beneficio del pueblo de Cuba, que afronta la
actual crisis sin poder exigir responsabilidades ni por la política
económico administrativa ni por las circunstancias históricas que han
producido la presente situación. No es del caso ni desviar la
responsabilidad decisiva aduciendo una causalidad por nuestras condiciones
geopolíticas, ni objetar sobre la fuerte integración de Cuba con el
CAME, que resultó imperativo de la guerra fría donde Cuba tomó partido
incondicionalmente, ni decir que la confrontación económica y política
con los gobiernos de los Estados Unidos nos obligó a caer en la
dependencia del CAME, ni justificar esta dependencia porque nos permitió
recibir una asistencia importante para la inversión en la asistencia
social, la educación y la infraestructura económica. Esto no es
importante para enfrentar el presente y debatir sobre el grado de
responsabilidad o de visión de esta política. Lo cierto es que nada
permite pensar que vayamos a recibir alguna ayuda sustancial extranjera
para superar el "periodo especial" que sufrimos, sino que
quizás no la hemos de recibir ni en mediano plazo siquiera. Sólo podemos
depender de nuestros recursos humanos y de nuestra capacidad económica.
LAS ACTUALES
CONDICIONES DE CUBA
No pretendemos especular sobre la
asistencia que pueda recibir el pueblo de Cuba para superar la actual
crisis, pero si de analizar las responsabilidades en que podamos incurrir,
en el contexto nacional o internacional, por causa de la misma. Hemos de
partir del presente para construir el futuro.
Quizás es posible considerar
estas reflexiones, un llamado a personas preocupadas por concretar un plan
de trabajo, a fin de construir la base económica que nos permita realizar
el ideal de la Revolución Cubana avizorado, entre otros, por José
Martí, Félix Várela y Antonio Guiteras.
Hemos de enfrentarnos en forma
decidida a una pregunta, y luego darle respuesta. ¿Es viable la
Revolución Cubana, o hemos de constituirnos en una sociedad prescindible,
que solamente pueda sobrevivir por de la remesa, la maquila y el turismo?.
Si nos decidimos a ser el pueblo
capaz de realizar los valores de su propia Revolución, nos encontramos
ante la necesidad de una reorganización económica en la que se
introduzcan cambios significativos en las estructuras básicas del sistema
de producción y distribución actual, sin enajenar nuestro compromiso
histórico.
Hemos reiterado que "la
sociedad no está al servicio de la economía; la economía esta al
servicio de la sociedad y de la realización plena de la persona". En
consecuencia, aquella ha de estar socialmente planificada y sustentada en
una conciencia solidaria. Afirmamos que nos proponemos "desestatizar
la sociedad y socializar al estado".
No se trata de iniciar
reformas económicas parciales para satisfacer necesidades inmediatas o
aminorar tensiones. Esas tendrían siempre un carácter incompleto,
generarían una conducta inconsistente un temor político, y no crearían
la coherencia interna que se requiere para que el pueblo asuma la regencia
de su destino.
Ha de responsabilizarse con la
realización del programa, en forma autónoma e independiente, a las bases
sociales, las cuales estarán en condiciones de desarrollar un dinamismo
constructivo y creador que en breve término supere el "periodo
especial" que sufre hoy el pueblo de Cuba.
Muchos activistas sociales han
tomado una actitud despectiva sobre el mercado, reviviendo viejos
prejuicios medievales, otros llegan afirmar que los factores del mercado
son "falsos y engañosos", "desviaciones sociales" o
"concesiones a los sectores dominantes", sin comprender la
necesidad de su consideración y dirección hacia los fines mismos de
elevar el nivel de vida de la sociedad.
Todos los sistemas
socioeconómicos han operado -y operarán- en condiciones de relativa
escasez, ya que un bien solo toma carácter económico ante esa
condición. Es decir, todo régimen socioeconómico se produce en el
contexto de los conflictos ocurridos en cuanto a la asignación de
recursos. El socialismo no elimina el "problema económico" de
la sociedad, sino que ofrece una forma especifica, distinta del
capitalismo, para enfrentarlo.
Una visión socialista de la
economía siempre tendrá reservas en relación con el mercado, pero no se
le debe subestimar ni ha de concedérsele un papel menor que el que se
derive de las condiciones concretas y del sentido común. La posibilidad
de una sociedad no mercantilista no se avizora, por el momento, en un
futuro inmediato.
El aumento del Producto Nacional
Bruto no es "crecimiento económico", es su mejor instrumento
cuando promueve un mayor bienestar social. El aumento del PNB, sin real
"crecimiento económico" conlleva frustración e inestabilidad
social a corto y mediano plazo, y produce un efecto de inseguridad que
conduce probablemente a la recesión económica.
La economía al servicio de la
sociedad exige para su sustentación un marco jurídico definido en que la
posibilidad social ha de estar sujeta al principio de racionalidad
económica, es decir: que debe haber una relación eficiente entre el
objetivo y las medidas empleadas para realizarlo. Es el régimen
económico que "busca establecer un equilibrio razonable entre los
ideales de justicia, libertad y crecimiento económico.
Para la conquista de la libertad
no basta el ejercicio de los derechos sociales y económicos, pero sin
ellos no es posible lograrla. La institucionalización del equilibrio
social se logra mediante un consenso generalizado, al efecto de contribuir
al financiamiento de una redistribución económica. Esta, a su vez, exige
una activa participación de las instituciones de la base social para
neutralizar el partidismo y el burocratismo. Un amplio consenso de la
sociedad establecerá un orden legal respetado por los factores naturales
del poder; esto es: por los grupos sociales organizados.
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Un
llamado a los cubanos a la participación
El actual gobierno de Cuba hace
más evidente cada día su incapacidad para sacar al país del llamado
"periodo especial" donde, por su irresponsabilidad, se ha
empantanado después del desplome del bloque soviético, al cual se había
subordinado su economía.
Por otra parte, manifiesta un
temor extremo de transformar el régimen totalitario en una democracia
obrera, que bien viabilizaría las transformaciones necesarias para la
creación de un legítimo estado social de derecho. El sindicato y sus
órganos representativos -la Confederación de Trabajadores de Cuba y las
federaciones de industria o servicios-, en su condición original de
órganos autónomos de derecho público, no partidistas y democráticos,
podrían constituir, conjuntamente con otras instituciones de la base
social, el sostén de fuerzas dinámicas y creadoras que tal proceso
requiere.
Urge iniciar un proceso de
reencauzamiento de la revolución cubana. La amenaza real de corrientes
anti-nacionales internas y externas, hoy no menos peligrosas que otrora,
nos obligan a afirmar que la Revolución Cubana, -proceso de formación
nacional y reestructuración político-social comenzado hace casi dos
siglos-, y aún el proyecto socialista -entendiendo por éste la
responsabilidad del poder político sobre el desarrollo y la justicia
social-, no sólo no han fracasado, sino que es necesario replantearlos
desde su causa axiológica primera de LIBERTAD POLITICA, INDEPENDENCIA
ECONOMICA y JUSTICIA SOCIAL.
No queda otra alternativa que
retomar la definición histórica del independentismo del siglo XIX y del
revolucionarismo patriótico, democrático y reivindicador del XX para, al
proseguir el esfuerzo constructor colectivo, reintegrar la nación, ahora
dividida, reorganizar libre y justamente el esfuerzo nacional y asumir
nuestra responsabilidad en la orientación del mundo presente. La
afirmación del estado nacional independiente, la práctica interna de una
legítima y eficiente democracia y la organización cabal del desarrollo
socioconómico, con la participación y al servicio de todos, son tan
necesarias como inseparables. He ahí por qué dirigimos nuestro esfuerzo
a alcanzar un estado de legitimidad y derecho que supere el actual
factismo y que provea una respetable confianza pública y permita la
realización de un programa socialista, a tono con los requerimientos del
siglo que empieza y dentro de los parámetros de civilización material y
moral que un pueblo honrado y laborioso reclama.
Si medimos lo democrático de un
régimen por la capacidad que tiene la persona individual de decidir en
los asuntos de interés colectivo, y lo socialista por la capacidad que
tiene la persona individual de percibir beneficios por la organización
colectiva, veremos que, a pesar de las denominaciones usadas, ni el
ciudadano decide nada de lo que afecta su vida, ni percibe más beneficios
que un esclavo cuya existencia importa poco al amo. Con Martí insistimos
en que "para liberar al hombre trabajamos" -tanto de la
opresión política como de la angustia socioeconónica-, aunando las
voluntades y acciones de quienes estén dispuestos a este compromiso.
Llamamos a los cubanos para
construir un proyecto de reafirmación nacional, e integrarnos en un
frente solidario. Nos declaramos en perenne apertura y renovación. Al
sustentar nuestros principios social-revolucionario-democráticos,
recibimos fraternalmente en nuestro seno a cuantos cubanos de buena
voluntad quieran acompañarnos, y estamos dispuestos a coordinar sus
acciones con las nuestras.
El Partido
Social-Revolucionario Democrático de Cuba, desde su creación y en su
desarrollo, no responde a una rígida ortodoxia doctrinaria. Sí nos
proclamamos continuadores de la tradición social-revolucionaria
representada por Antonio Guiteras, Sandalio Junco, José A. Echeverría,
Charles Simeón, Manolo Fernández, y muchos otros que vivieron y murieron
por ese proyecto nacional.
La Universidad de la Habana, los
sindicatos y organizaciones políticas como "Joven Cuba" y el
"Partido Revolucionario Cubano" fueron en el pasado tribuna y
barricada para impulsar y defender los valores históricos que hoy
sustenta el Partido Social- Revolucionario Democrático. Pero queremos
aclarar, que con toda seguridad no queremos ni utilizar fórmulas agotadas
ni tomar las surgidas de otra realidad que la nuestra.
El pensamiento
social-revolucionario cubano
Estamos conscientes de las
implicaciones que las denominaciones de "social-democracia",
"socialismo democrático" y "democracia socialista"
contienen, pero también lo estamos del especificidad del pensamiento
social-revolucionario democrático cubano. Este, que responde
fundamentalmente a valores éticos y sociales inmarcesibles, siempre está
sujeto a la revisión critica y el análisis, se desarrolla en constante
evolución, e instrumenta la acción política y social dirigida al
rescate de la soberanía del pueblo y la creación de un estado social de
derecho, eficiente, justo y poderoso, capaz de guiar al pueblo en sus
irrecusables tareas históricas.
El socialismo -en especial para
los social-revolucionario- va más allá de que "la economía se
encuentre al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio de la
economía". Es una ética social que se funda en la conducta
solidaria. Conceptúa el trabajo-que es siempre colaboración; es decir,
acción en común- como lo único de lo que dispone el hombre sobre la
tierra para satisfacer sus necesidades así como para el desarrollo pleno
de su personalidad.
Por otra parte, la democracia no
es un torneo de partidos políticos ni el forcejeo de los intereses
económicos que pugnan por alcanzar el poder mayor, sino un modo de
decidir y obrar que conduce a la más amplia participación de la persona
en la responsabilidad social, dentro de una estructura de autoridad
legitimada por la voluntad libre conscientemente expresada. El grado de
legitimidad de la misma será directamente proporcional al de
participación no manipulada de los integrantes de la sociedad, y al modo
de garantizarse, legal y prácticamente, los derechos individuales y
sociales de los mismos.
La síntesis inseparable de estos
conceptos -socialismo y democracia-, sustenta nuestra concepción del
"estado social de derecho". Buscamos un ordenamiento legal
(normas objetivas y procesales pre-establecidas y su interpretación),
necesario y suficiente, para satisfacer las necesidades del individuo en
sociedad y proveer a su desarrollo material y espiritual. Creemos sí que
sólo la libre participación en el debate y la decisión del compromiso
colectivo es causa de su legitimidad.
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