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AGENDA
#36
y #37
Socialismo
y Civilización
Jorge Valls
Pues sí, somos socialistas. A pesar de
todo lo que de ambigüedad y tergiversación pueda sugerir la palabra
donde estamos y en este momento. Para nosotros la política es una
función ética, una obligación del hombre para con la comunidad de donde
se nutre y a la que se siente pertenecer, como lo ético es una
responsabilidad para con Dios, que me pedirá cuentas de qué he hecho con
lo que me ha dado, y esto incluye a mi prójimo. Entonces es obligación
de la comunidad políticamente constituida -del reino, del estado-proveer
a los que viven dentro de su jurisdicción de medios para ganarse la vida
trabajando honradamente--, y atender a que la distribución de los frutos
del esfuerzo alcance lo más ampliamente posible, para que nadie se quede
fuera de esa participación en la construcción colectiva que es la
civilización.
La civilización es precisamente lo
contrario de la selva y la competencia irrestricta de todos contra todos a
ver quien sube poniéndole la pata encima al que se le ponga por delante.
Es la responsabilidad civil, de la ciudad, del cuerpo social organizado,
de proveer orden, justicia, seguridad, modo de ganarse la vida y
condiciones mínimas de convivencia libre. Esta última palabra
--"libre"-es de vital importancia. El poder civil es el modo de
organizarse racionalmente los hombres libres, dueños de su persona,
capaces de discernir, decidir y comprometerse con su palabra. Esto es lo
que da la clave al concepto de socialismo: es la responsabilidad de cada
hombre libre para con todos los demás, es la conciencia de que hay que
organizar la sociedad de modo que el trabajo de todos rinda lo más
justamente a cada cual.
Desde este punto de vista se comprende el
problema de la propiedad. Esta indudablemente garantiza la independencia
de la persona y de la nación. Por eso hacemos nuestro el principio de la
recuperación de los recursos, pues si el país no dispone de sus medios y
del fruto de su trabajo, que se ha de acumular para uso de las
generaciones venideras, ni el adulto padre de familia tiene un medio
permanente de obtener su sustento, no habrá ni nación independiente ni
ciudad de hombres libres sino predio de amos y siervos. He aquí por qué
recelamos tanto de la concentración de la propiedad en pocas manos, sean
éstas empresas privadas o consorcios estatales. En última, sólo sirve
para que una minoría dominante, por su desproporción para con el resto
de la población, resulte, casi obligadamente, cada vez más injusta.
Es en la pluralización de las formas de
la propiedad, y en su composición polimorfa en la urdimbre social, que
puede garantizarse un equilibrio más estable y una solidez estructural
más duradera. Pero esto requiere la firme consolidación del estado -del
poder político-, organizado en función de toda la población, con la
participación lo más directa posible de la misma. La aplicación de
programas "socialistas" es países de extremas dificultades como
fueron Dinamarca, Islandia, Suecia, Noruega y Finlandia permitió
administrar el rendimiento social del modo más libre y a la vez más
consciente de la responsabilidad colectiva.
En nuestros países, de recursos
limitados, propiedad muy enajenada y profundos abismos sociales, la única
manera de organizar la civilización es una conciencia orgánica de la
responsabilidad de cada quien para con el todo y de éste para con todos y
cada uno de la comunidad. Si en 1959 no nos interesábamos por un programa
tan radical y riesgoso como el que en Cuba fue intentado, en el 2002
rechazamos por completo la pretensión de un salto súbito a una
privatización y competencia mercantil irrestricta, cuyos resultados
políticos y sociales podrían ser peores que los vividos en la antigua
Yugoslavia y resto de la Europa oriental. En las condiciones
socioeconómicas del mundo presente, en la antesala de trastornos que
todos sabemos que se van a presentar -y muy especialmente en las áreas
macroestructurales-la necesidad de la responsabilidad colectiva sobre la
función socioeconómica es imprescindible.
Pero, de la misma manera, en una sociedad
mundial espantosamente desconcertada por las más contradictorias y
caotizantes formas de violencia -armada, moral, ideológica, sico y
biotécnica--, es urgente ir a una recomposición de las partes, a una
conciliación de los adversos y a una cooperación entre los distintos.
Esto es: al diálogo entre personas, no a los pactos entre fuerzas. Hay
que ir a formas de rearmonización moral y de recomposición jurídica que
cuanto antes permitan a los hombres reintegrarse a un todo común,
sentirse de nuevo en su comunidad, y ser capaces de colaborar y de
defenderse mutuamente. Donde persistiere esta conciencia se preservará la
comunidad.
Esto, para salvar, no lo que se tiene -que
nadie de veras tiene nada-, sino lo que se és,... lo que se ha sido... y
lo que se ha de ser. Lo que a través de todos los desenfrenos y barbaries
ha tenido que rescatarse para que no perezca la especie: el respeto del
hombre por sí mismo y la necesidad que cada quien tiene del otro para
sobrevivir.
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Estamos en
crisis. ¿La crisis de que?
Roberto
Simeón
Es ya frase común afirmar que estamos en
crisis, pero no explicamos que queremos decir con ello. Hace una década
surgió una nueva biblia socio-económica con el libro de Francis Fukuyama
"El fin de la Historia", en el cual manifestaba como verdad
revelada; que al llegar la globalización se decretaba la muerte de la
historia y las ideologías, el triunfo del capitalismo y la muerte del
socialismo. Hoy vemos que aquella predicción era un divorcio con la
realidad, como lo han sido todas las profecías al confundir la
idealización con la realidad viviente y mutante.
La realidad para muchos es forma grosera
de materia tangible o situación a la que hay que subordinarse, sin
comprender que es compleja e interactuante sus factores constitutivos;
cada uno de ellos, con diferentes energías en diferentes tiempos,
modifican y son modificados por otras realidades -espacios
tiempos-históricos- relativizantes-. El río de Heraclito sin causes
predeterminados.
Esta concepción de la realidad, al cual
Victor Raul Haya de la Torre denominó
"espacio-tiempo-histórico", al efecto de precisar su
concepción explicaba que lo integraban personas, factores telúricos,
étnicos, sociales, económicos, culturales y sico-sociales. Aclaraba que
no es la suma de elementos, sino que es independiente a sus componentes,
es unidad es esencia, y la actividad de la persona en relación a las
demás y otros factores de la realidad en tiempo determinado, crea la
fenomenológia de la realidad.
La persona, único agente de cambio
consciente, puede intencionadamente pretender lograr la percepción
ontológica de la realidad para modificarla -praxis- y en esa pretensión
se modifica asimismo, reinversión de la praxis. La piedra lanzada contra
la muralla, modifica la piedra y la muralla.
Consecuente con esta interpretación del
fenómeno histórico rechazamos en su momento la interpretación "del
fin de la historia", como antes lo habíamos hecho con la
interpretación lineal que nos aproximaba a una sociedad ideal. No
aceptamos tampoco que cada sector social tiene una misión que ha de
cumplir y desaparece al concluir su capacidad productiva; visión teatral
de la historia, en que cada actor tiene un papel predeterminado en la obra
y desaparece cuando su libreto ha terminado.
Al producirse el hecho histórico,
aparentemente la causa inicial de la crisis no muestra importancia
protagónica y desaparece al inicio mismo del fenómeno, no resultando
predecible el proceso porque la atención se enfoca en lo aparente, en una
acción circunstancial y no en los factores estructurales determinantes.
En forma objetiva y actual seria erróneo interpretar: que la pretendida
legitimación de la violencia generalizada, y la imposición del derecho
de la fuerza sobre la fuerza del derecho a nivel internacional, tiene
relación con la destrucción de las torres gemelas de New York.
Estas reflexiones previas nos permite
retomar el tema ¿Estamos en crisis?. ¿La crisis de que?. Es la crisis de
la sociedad capitalista, no es una crisis coyuntural, ni la crisis del
capitalismo norteamericano.
La globalización y imposición de la
desregulación laboral es manifestación de la crisis, y conforme a la
teoría de Robert Kurz era absolutamente necesaria para un ajuste de
cuentas con el pasado. Coincidimos con que el capitalismo ha llegado a su
limite histórico, pero no por un proceso puramente económico en que ha
cumplido al máximo el desarrollo de las fuerzas productivas de que es
capaz, sino porque además de su ineficacia de resolver la problemática
de las grandes sociedades contemporáneas y las necesidades económicas de
la numerosa población depauperada, han concurrido en forma determinante
otros factores de la cultura y sus valores. Se han formado diversas
entidades sociales nuevas y elementos que norman la conducta individuales
y sico-sociales, modificando la realidad con energías renovadas que
modifican el proceso histórico.
La sociedad capitalista en el intento de
imponer un nuevo orden mundial, lo cual resulta muy evidente en USA,
establece el contrasentido por excelencia en lo que llaman la era de la
globalización y se expresa en una frase feliz: "Las bancarrotas se
socializan y las ganancias se privatizan".
Hemos visto como se financian empresas
privadas en bancarrota, se brindan subsidios o no se investigan
adecuadamente operaciones fraudulentas en la bolsa, el costo de esta
"política" se pasa al contribuyente, es decir se socializan las
perdidas. En otras ocasiones, en forma muy evidentemente en Nuestra
América, se privatizan empresas de altos rendimientos vendiéndolas a
precios de "gallina flaca", es decir se privatizan las
ganancias.
Generalmente se identifica la explotación
imperialista con la sociedad capitalista, esa identificación de los
intereses financieros y productivos con el estado es una realidad que ya
esta caducando, en esta fase el capitalismo se independiza y aliena al
estado en cuanto a su participación en la dirección económica. El
proyecto no es nuevo, en USA desde el 23 de diciembre de 1913 la Reserva
Federal organismo que determina la emisión del papel moneda, los
intereses bancarios etc. es una empresa privada, propiedad de un grupo de
bancos y el estado de modo alguno puede adquirir acciones en la misma o
determinar en sus decisiones.
Estas estrategia y táctica de la sociedad
capitalista esta dirigida a debilitar al estado y cuando menos a
subordinarlo, a los fines de que este tenga elementos persuasivos
militares y policíacos para imponer el proyecto económico de la
globalización. Un ejemplo es como el actual gobierno norteamericano se ha
convertido en el aparato militar que actúa al efecto de imponer la
política de las empresas petroleras cuando y donde necesario sea.
Las potencias empresariales, al efecto de
imponer la globalización en los estados periféricos o en sus enclaves
logísticos o productivos, ejercen presión creciente al efecto de que el
estado no tenga medios para realizar una política de crecimiento
económico -no la confundamos con el crecimiento del producto interno
bruto-. En los estados donde ellos establecen sus centros de operaciones
imponen de inmediato la desregulación laboral, al objeto de debilitar las
bases sociales e imponer a los trabajadores y sus organizaciones una
política de subordinación, con la amenaza de trasladar sus centros de
trabajo a áreas en que las regulaciones sobre el trabajo y la seguridad
social es deficiente y la mano de obra es numerosa.
Sin entrar en el debate histórico de
Lenin y Víctor Raúl Haya de la Torre, en el que el primero calificaba al
imperialismo la etapa superior del capitalismo, mientras que Haya de la
Torre afirmaba que en Nuestra América era un etapa previa, podemos
afirmar que en el presente el viejo concepto de imperialismo ha caducado
en el sentido de que era política de estado, la cual se ejercía
fundamentándose en la interpretación de los intereses de la clase
dominante. Hoy, en forma más definida, se trata de que la función de los
estados estén subordinados a los intereses de monopolios y oligopolios
empresariales o financieros que son organismos transnacionales o entidades
dependientes de estos.
La democracia liberal, expresión
política del viejo capitalismo, pretende distanciarse del capitalismo de
mercado, al resultar evidente la irreversible degeneración de la llamada
democracia representativa, por la creciente abstención popular en las
elecciones y en las actividades partidistas, y la cada vez más creciente
y decisiva participación del dinero como gran elector, -en las pasadas
elecciones votaron en los Estados Unidos poco menos del 33% de los
ciudadanos con derechos al voto- no obstante los gastos cada vez mas
creciente de la "maquinaria electoral" y la manipulación de los
medios de prensa al objeto de "orientar al elector". Realmente
este intento de la democracia liberal esta fuera de la realidad, en los
primeros tiempos es posible que conceptualmente no estaba identificada con
el capitalismo, pero hoy lo está. Usando una expresión popular, en un
tiempo la leche y el café eran diferentes, después se unieron, y el
café con leche es una sola cosa.
Durante la guerra fría aún existían
estados nacionales con ejercicio del poder, concluida esta todo cambió,
los grandes consorcios empresariales y financieros iniciaron su
integración para imponer la globalización. Las naciones pierden
progresivamente su poder político, cada vez los estados declinan su
soberanía, pueden ser centros estratégicos y de logística de los
consorcios financieros y políticos pero no el centro del poder.
Hablar de imperialismo como en los viejos
tiempos es un anacronismo. Estados Unidos no es ya un estado imperialista,
es un enclave importante de la nueva clase empresarial para imponer la
globalización. La lucha se plantea entre los consorcios capitalistas y
financieros sobre si el gobierno ha de estar al servicio de las empresas
petroleras y de la industria de guerra o no lo esté. El movimiento obrero
y el pueblo en general no tiene la adecuada organización y comprensión
del problema para en corto plazo poder ejercer la soberanía, pero es
notable que cada día el problema se hace conciencia en todos los niveles
sociales.
El creciente gigantismo de los monopolios,
oligopolios y consorcios financieros acrecientan su independencia
política y hacen impotentes a los grandes estados. El fenómeno se
experimenta en los Estados Unidos con singular fuerza, acrecienta su poder
en la Comunidad Europea y en el Japón. En los estados más débiles
dictan sus ukases.
El hecho de que veamos a los Estados
Unidos de América, cada vez más endeudados y dependientes del sistema
financiero mundial, y conforme el informe de la agencia Weiss Ratings al
menos un tercio de las empresas de USA cotizadas en bolsa podrían haber
manipulados sus resultados financieros y están sobre valoradas. Los
fraudes y timos de algunas de ellas recorren el mundo: Enrón, Arthur
Andersen, Dynegy, Adelphia, World Com, Xerox, Merrill Lynch, Tyco y muchas
más son solo algunos nombres de referencia a grandes escándalos del
capitalismo contemporaneo. . El premio Nobel Stinglitz ha definido en su
último libro al capitalismo occidental como "un capitalismo de
amiguetes"... y el endeudamiento de USA crece día a día.
Es un error identificar a USA con el
complejo militar-industrial más poderoso de la tierra, nos confunde a
veces, porque identificamos la base operacional y logística con el estado
en que se encuentra. Estados Unidos hoy vive en un mundo en que ha perdido
credibilidad, el fraude denunciado por comentaristas de todo el orbe de
las ultimas elecciones presidenciales y la comprensión de que no fue más
que una manifestación de un mal endémico del sistema electoral, que por
muchas décadas ha padecido en el país a todos los niveles, ha sido
muestra de una realidad que se ha querido desconocer.
La situación de USA la han expuesto
economistas del prestigio de Paul Samuelson y muchos otros destacados
profesores universitarios, explicando la grave situación del país que en
creciente endeudamiento ha entrado en la recesión y deflación, y que
John K. Galbraith indiscutida autoridad en la materia desde las páginas
de "The Observer" de Massachussets, ha denunciado que el pueblo
norteamericano camina precipitadamente a la depresión. Estas autorizadas
manifestaciones nos permite avizorar un "crak" tan grave como el
ocurrido en 1929, pero con consecuencias internacionales muchos más
trascendentes a niveles económicos y políticos en el mundo entero, en
consecuencia del cual las estructuras sociales y políticas han de sufrir
una profunda transformación y se replanteará toda una relación
estratégica internacional esencialmente diferente.
Esta crisis tan evidente en los Estados
Unidos no es una crisis del país, es la crisis del capitalismo producida
por la globalización de las empresas en general y el complejo militar
industrial del cual son componentes protagónicos las organizaciones
comercializadoras del petróleo y los consorcios financieros
internacionales.
La pretensión de intentar crear un nuevo
orden capitalista, el cual tiene sus pies de barro estruendosamente se
derrumbará. Las especulaciones financieras y las presiones del Fondo
Monetario Internacional al imponer en los estados, -especialmente los más
débiles-, las mayores estrangulaciones, no obstante que esto en forma
creciente muestra su inoperancia en relación a los objetivos perseguidos.
No pueden comprender que los pueblos se encaminan a un proceso, en estos
momentos tímidamente, superado el presente caos generará un dinamismo
acelerado a nivel internacional creador de nuevas sociedades.
Los especuladores financieros han creado
un mundo dramáticamente ficticio, los fraudes empresariales en la bolsa
de valores de macro-empresas quebradas hechos sin precedentes puesto a
conocimiento de la opinión pública internacional, el presupuesto de
guerra de USA más grande de la historia -400 mil millones de dólares-,
en un intento absurdo de reactivar una economía que ha entrado en crisis
definitiva, mediante política que resulta evidente no permitirá
reactivar la economía y detener la depresión.
La crisis del sistema capitalista es
global, en Estados Unidos es más espectacular, porque es su enclave más
importante de operación estratégica y logística. Todo parece indicar
que los gritos avisando la invasión de los bárbaros y los pronósticos
de la caída de Babilonia han de ser inútiles, pero han de repercutir en
toda la tierra. Y quizás, China sea la única que pueda resistir
parcialmente las consecuencias de la crisis.
Alan Greenspan, Presidente del Banco de la
Reserva Federal, comprendiendo la gravedad del problema ha hecho todos los
esfuerzos por detener la crisis, tratando de mantener las tasas de
interés a niveles mínimos que resultan peligrosos, ha zurcido aquí y
allá, pero el debe saber que todo es inútil porque se ha creado un mundo
financiero ficticio.
El mercado de bonos "burbujas"
estallará conforme criterio generalizado por numerosos economistas,
cuando se produzca algún nivel de recuperación del mercado y suban los
niveles de los intereses. Traspasar los mismos al mercado de la deuda
pública ha provocado una sobre valoración y una rentabilidad mínima de
los mismos, la cual no se ha conocido en los últimos 60 años.
Pero reiteramos, este fenómeno no es una
crísis coyuntural del capitalismo norteamericano, es una crisis de la
sociedad capitalista. La economía alemana ha disminuido su crecimiento,
la contracción económica en el Japón no se ha podido superar. La
recesión, la deflación y depresión son las normas en los enclaves
estratégicos empleados por los que aspiraban a un nuevo orden
capitalista, y no hay razones de que pueda emerger el mundo por ellos
creado.
El hambre se universaliza, nuevas
formulaciones y estructuras sociales van tomando forma. Muchos ya
consideran que otro mundo es posible: en que las guerras, el hambre, la
desnutrición infantil, la marginación y exclusión social sean temas de
estudios de la vieja sociedad que el capitalismo había creado.
Roberto Simeón
En el exilio, 30 de noviembre del 2002
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