PARTIDO SOCIAL-REVOLUCIONARIO
DEMOCRÁTICO DE CUBA

AGENDA #42


Indignaciones
Jorge Valls
 

Nos revuelve hasta la raíz de la entraña la noticia, por fin publicada, de la que teníamos informe desde hacía rato, donde se anuncia que los E.U. situará en la base que dententa en Caimanera, Guanánamo, Cuba, un centro para realizar juicios y ejecuciones a los prisioneros traídos desde el Afgán, el Irak u otros lugares como resultado de sus últimas operaciones militares.

Un día también tuvimos que ver en la portada de una popular revista publicitaria de los E.U. la foto de un hombre vivo, tantas veces atado, amordazado, vendados sus ojos, encadenado, dentro de una especie de sarcófago bastante estrecho, al que parece que se lo exhibía a manera de escarmiento por ni sé qué culpas cometidas.

El que escribe estas líneas vivió durante años en el Castillo de la Cabaña, La Habana, junto a los fosos donde estaba el paredón de fulsilamiento, y tuvo que asistir --¡hasta la locura!-- a un espectáculo digamos "demasiado interesante", desde el sentir el sonido de las pisadas en la yerba, oír el grito final de los inmolandos -su última y gran razón de por qué han vivido-hasta el graznido horrendo de la lechuza que venía a picotear las carnazas adheridas al palo donde donde habían atado al inmolando. Tuve que saber de ese circo diabólico en el Castillo del Príncipe, luego en Isla de Pinos, luego en Boniato. (¡¿Dónde?! ¡¿En qué lugar no se ha fusilado, reventado a golpes, ensartado en una bayoneta a un hombre en Cuba?!… ¡¿Y a cuántos "juicios" o "puestas en escena" para vestir de papeles la simple matazón de un prójimo hemos tenido que asistir?! (Alguien dirá: "pero con todas las garantías que la ley que yo he impuesto concede al acusado para defenderse".)

¿Para qué misión tan importante habrá sido escogido un pueblo que, si bien ha dado de los peores canallas de la tierra, no ha sido corto en la produccion de santos y de sabios, de heroes y de mártires, de simples y elementales trabajadores del espíritu que han dado, por su capacidad de sacrificio por los demás, honra a su pueblo y ejemplo a la humanidad, para que en poco más de medio siglo su territorio haya sido tomado por las más estúpidas tiranías, y ahora, como si fuera poco, por un poder extranjero, para practicar en el mismo las más aberrantes atrocidades "contra el del otro bando"? ¿Hasta qué punto tenemos que ser humillados los depositarios de una civilización que aprendimos de genios tan preclaros y esforzados como el P. Bartolomé de Las Casas, Félix Varela y José Martí?

¿Hasta dónde hemos caído en la confusion y en la negación de nosotros mismos, para que un pueblo, que en sus tiempos de legitimidad y derecho, con los más certeros y profundos razonamientos filosóficos y jurídicos, y conscienteemente comprometido con la búsqueda del bien universal, suprimiera de sus leyes la pena de muerte y la de cadena perpetua y asistiera con ello al descenso de la delincuencia, ahora tenga que vivir esta locura que nos arrastra a todos a la condenación y que no parece terminar sino crecer con el tiempo?

Sabemos que el actual gobierno de Cuba, digno heredero de su predecesor, tan de facto como aquél, pues ninguno de los dos quiso comprometerse jamás ni con un orden universal por el que todos los hombres tenemos que responder y que constituye el derecho natural, ni aceptar el compromiso de honor de respetar una norma legal que el pueblo se diera en pleno ejercicio de las libertades públicas, como así se establece en la tradición de nuestra república desde sus origenes, se ha movido y se mueve, para con los suyos y con los demás, sin más justificación que el uso práctico de su fuerza, su astucia o su capacidad de sortear el presente.

Vamos a aclarar que el territorio de Guantánamo, actualmente ocupado por la base naval de los E.U., como todo el territorio de la Isla de Cuba, de la Isla de Pinos (hoy "Isla de la Juventud") y todo el archipiélago adyacente, que entuviera bajo la soberanía de España desde la conquista hasta la cesación del poder español en l898, es patrimonio inalienable de la nación cubana. Esto es más importante que decir que pertenecen al estado cubano y están bajo su soberanía, porque el estado es una figura de derecho politico que da constitución juridica a una unidad soberana de territorio y población, y una nación es una estirpe material y espiritual constituida por Dios sobre la tierra para la realización de un destino último e insustituible en el plan divino. Lo que es patrimonio de la nación cubana no puede ser enajenado ni siquiera por la decision casual de toda la población en un momento dado, porque la nación es la continuidad de las generaciones que se identifican con una causa común. Nadie, ni aún los hijos del país en un istante de obcecación, puede enajenar lo que es patrimonio sustancial de todas las generaciones, las anteriores y las sucesivas. Esto es, y ha de ser, causa de derecho, y obligación moral de la conducta.

El territorio ocupado por los E.U. en Guantánamo, Cuba, es una base arrendada temporalmente por un tratado que cesaba a los cien años, es decir: que ya está cumplido, y que requería por lo menos que las dos naciones se reunieran en conferencia para tratar sobre el destino ulterior del enclave, al expirar el tiempo. ( Al parecer, la bandera de la calavera y las tibias sigue imperando cualesquiera que sean sus bases en las agues del Caribe Nuestro.)

Si Cuba fuera un estado de legitimidad y derecho, si el gobierno de Cuba estuviera ciertamente asentado sobre el respeto a la dignidad de la persona humana y fundado en los principios de derecho natural y positivo que diferencian el país civilizado de la horda bárbara, nuestra tierra no sería ni un matadero de vencedores sobre vencidos ni el apeadero de una fuerza extraña sin noción de límite y respeto.

Puede ser -Dios no lo quiera- que el desbordamiento de la fuerza bruta, como otras veces ha ocurrido en la historia, haga de estas palabras papel inútil y objeto de escarnio. No es la primera vez que un orden de civilización, por la culpa de los mismos que debían defenderlo, cae irreparablemente en la noche del salvajismo. Pero cualquiera de nuestra estirpe cubana por la causa espiritual de su conciencia de ser hombre, sujeto y objeto de un derecho universal que lo diferencia de las bestias, habrá de reclamar, en justicia, la reivindicación de lo que no sólo le pertenece a él sino a todas las generaciones precedents y consecuentes que así se han reconocido.

Sirva este desdichado ejemplo, para que, en un mundo de cada vez más insoportables adulterios y mixtificaciones, se pueda distinguir con claridad quiénes son los que necesitan matar para afirmar su poder y quiénes estan dispuestos a dejarse matar por mantener incólume su dignidad.

Agradecemos profundamente a Amnistía Internacional -de los más calibrados representantes de la dignidad humana en el mundo-, así como a otras personas e instituciones, la preocupación expresada por éstos casos.

Inicio de página


Revolución: lo que es y lo que no es
Jorge Valls
 

La revolución es una conducta del hombre; por lo tanto, no se justifica ni por el beneficio alcanzado ni porque se parece a la de otros hombres en otro lugar, sino por cómo el que la lleva a cabo se somete a sí mismo a un principio de razón universal, a la conciencia de un bien que pueda ser reconocido como superior por cualquier hombre en cualquier tiempo y lugar. Esto es, en principio, la conciencia de legitimidad y derecho, punto de partida de la acción revolucionaria y referencia arquetípica de lo que se pretende construir con la inteligencia y la voluntad.

Un revolucionario es, en principio, un obseso del derecho. Es el que se exige a sí mismo la más severa coherencia racional en su conducta y la más generosa entrega de sí mismo a la defensa de la dignidad humana: la del hombre que piensa, decide y obra, y por eso es capaz de cambiar la faz del mundo. Un hombre que impugna la legitimidad del gobernante tiene que saber muy bien por qué lo impugna y por cuál principio de justicia intentará, con el concurso de todos, cambiar el modo de comportarse de la comunidad, a la que él intentará conmover y constituir institucionalmente.

La diferencia entre un revolucionario y un bandolero, entre una revolución y una revuelta, está en esa conciencia de derecho por la que el hombre es capaz de respetarse a sí mismo y por la que se obliga a respetar a su prójimo como quiera que éste se le presente.

Por eso una revolución se define como el esfuerzo ingente por constituir un orden de derecho más justo, donde todos los hombres puedan alcanzar legítima respetabilidad. Las tres categorías por las que se reconoce una revolución son 1) la incorporación de una población preterida a la vida plena del derecho, 2) la aparición de una nueva categoría de derecho, que dé sustancia y continuidad a lo anterior, y 3) la aparición de una pléyade dirigencial que, desde distintas perspectivas, proponga, debata, explique e induzca el nuevo grado de perfeccionamiento y universalización social.

El avatar de la revolución cubana conocido por el independentismo concibió la creación de un derecho político -la república independiente--, para sacar de la condición de esclavo al trabajador cuyo destino había sido decidido sin contar con él y convertirlo en sujeto de derecho responsable de si mismo, en igualdad de condiciones con los demás hombres. El esclavo cazado, vendido y comprado o conquistado y sometido que vivía en la condición de un extraño en su tierra, subordinado del vencedor, se convirtió en ciudadano libre, para reclamar su derecho, en función de un deber común asumido. El asunto no era fácil, ni se resolvía con un mero gesto osado. Hacía falta la transformación de un multitud en pueblo, donde cada cual fuera consciente de su dignidad y de la del otro, y de su deber para con los demás y para consigo mismo.

Ya en la república, el avatar revolucionario de 1933 afirmó la independencia nacional frente a la injerencia extranjera y la determinación de responsabilizarnos con nuestra conducta en la región y el mundo, y dio paso a la gran creación del derecho social, específicamente obrero, que convirtió al asalariado, de insumo de la empresa, en comunidad legalmente reconocida, para participar a todos los niveles en la dialéctica nacional. No nos olvidemos que el último presidente legítimo de la república, Carlos Prío Socarrás, provenía del ministerio del trabajo, y que la segunda figura del país, después del Presidente, era el Secretario General de la Confederación de Trabajadores. Precisamente por esta realidad, ejemplo para el continente, se coaligaron las peores fuerzas internas y externas, se produjo un golpe de estado, y se precipitó al país en la confusión y violencia de donde aún no hemos salido.

Es notable como en ninguno de los avatares mencionados desde principios del siglo XIX dejó de proyectarse una pléyade lideral de jefes e ideólogos revolucionarios, no un caudillo totalitario (porque esto es precisamente la negación del revolucionario), capaces de orientar y defender al pueblo desde una pluralidad de puntos de vista. Me refiero a las pléyades revolucionarias de 1868, 1895 y 1930, para ubicarnos en horizontes generacionales.

La revolución es el esfuerzo moral integral -espiritual y material-por la reivindicación y dignificación de los más débiles, de los más indefensos de los más desposeídos, de los que por no tener ni armas ni fiereza, ni talegos ni empresas, y porque no pueden imponérsele a nadie ni meterle miedo al otro, no tienen más que el derecho, la razón universal y su razón casual, para hacerse entender y así convencer al otro de la posibilidad de convivir en justicia.

Cuando el más humilde logra convencer al más fuerte de la justeza de su razón, y éste último reconoce en esa razón universal el principio de su propia dignidad, entonces aparece la paz. El hombre reconoce en la razón su condición irrenunciable.

Des 1952 -10 de marzo, específicamente-Cuba vive un prolongadísimo estado de facto, de ilegitimidad gubernamental. Si las gentes obedecen es por pura conveniencia práctica --por oportunismo particular--, por miedo o por degradación de su propia conciencia. Mandantes y mandados se justifican por ventajas particulares, que dan o que obtienen. Pero nadie lo hace porque cree que tiene obligación moral de hacerlo. Por eso la delincuencia hace estragos, la violencia no termina y la desintegración y dispersión de la comunidad se hace cada vez mayor. El que ayer defendía a A, porque le convenía, hoy defiende la anti A, con un sofisma parecido, porque cree que le conviene; pero a ninguno de éstos le preocupa qué es lo que le conviene más al país, ni qué es lo más justo y digno para un hombre honrado.

Nosotros no somos aspirantes al poder, que queremos vendernos porque hemos dado o vamos a dar una tacita más de algo de lo que todos necesitamos. Los gobiernos verdaderos no dan, sino que guían, ordenan la sociedad y administran, de modo que cada cual, libremente, en ejercicio de sus talentos y por su esfuerzo, alcance a lo que tiene derecho, lo que por justicia le corresponde y por sus méritos pueda alcanzar.

El verdadero gobierno no es el que se impone con prisiones y fusilamientos, ni siquiera el que más grita y enardece a las multitudes en la plaza pública, sino aquél que se siente obligado para con sus ciudadanos, y, por consecuencia, los ciudadanos se sienten obligados para con él. El verdadero ciudadano obedece la ley porque es justa y porque el que gobierna lo ha tomado a él en cuanta y lo respeta en todo, no porque le teme a la policía o cree que por la fiereza de su pasión puede eludir la razón necesaria (sin la cual nada puede ser hecho).

El haber pasado cincuenta y un años en la barbarie no quiere decir que hayamos renunciado a la civilización. Y civilización no consiste en cuánto tenemos o cuánto podemos quitarle al otro, sino en cómo hemos aprendido a convivir y colaborar y en cómo sabemos respetarnos y considerarnos los unos a los otros. Por eso reclamamos el principio de legitimidad y derecho, que no es una aproximación práctica, sino que, como la virginidad, o se tiene o no se tiene; como que 2 + 2 no dan ni 5 ni 3, sino 4, invariablemente.

Por eso defendemos a ultranza los fundamentos del derecho social cubano hasta l959, que reconoce al sindicato como la comunidad del trabajo: de derecho público, único, autónomo, democrático y apartidista. Por eso las libertades públicas -no las cosas que el gobierno nos da, sino a las que tenemos derecho por ser hombres libres, racionales y capaces de esfuerzo responsable-nos son irrenunciables, y las creemos la única base sólida para la organización de nuestra sociedad. Y por eso cualquier negación, duda o insinuación lesiva a nuestra integridad nacional, a la existencia soberana del estado cubano, de nuestra república, nos es inmediatamente insoportable, porque esta República de Cuba es la causa por la que alcanzamos nuestra dignidad y por la que tiene sentido nuestro trabajo.

Jorge Valls
24 de junio del 2003.

Inicio de página


¿Es necesaria la redefinición del socialismo ?

Postmodernidad y Antiglobalización

Simón Royo Hernández

Rebelión
Publicado el original francés en 1980 el libro más importante de Gilles Deleuze, lejos de las posibles interpretaciones socialdemócratas actuales de Fernando Savater y José Luis Pardo, predecía con talento profético la guerra imperialista con que ha finalizado el siglo XX y empezado el XXI, la guerra de Bush en busca del petróleo y de la dominación mundial, la movilización "de la máquina de guerra mundial" una vez derrotado el comunismo y reemplazado por la cruzada antiterrorista. Declaraba, además, claramente, su posición favorable a las minorías (como los vascos, los palestinos o los judíos sin tierra) y señalaba que el problema fundamental estribaba tanto en "acabar con el capitalismo" como en "redefinir el socialismo", motivos de que se mencionasen en ese esencial capítulo 13 de Mil Mesetas los trabajos de Toni Negri:

"Se puede predecir que los próximos problemas de la economía, que consisten en volver a formar capital en relación con nuevos recursos (petróleo marino, nódulos metálicos, materias alimentarias) no sólo exigirán una redistribución del mundo que movilizará la máquina de guerra mundial y opondrá sus partes en función de los nuevos objetivos; también se asistirá probablemente a la formación o reconstitución de conjuntos minoritarios, en relación con las regiones concernidas (…). Si las minorías no constituyen Estados viables, cultural, política, económicamente, es porque ni la forma- Estado, ni la axiomática del capital, ni la cultura correspondiente les convienen (…). Al mismo tiempo el problema de las minorías es más bien acabar con el capitalismo, redefinir el socialismo, constituir una máquina de guerra capaz de responder a la máquina de guerra mundial, con otros medios" (Gilles Deleuze & Félix Guattari Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. Valencia, 1988. Cap.13: "7.000 a.J.C. Aparato de Captura", pág. 475).

Luego no sólo se trata de destrucción, no sólo se trata de destruir el capitalismo, sino también de construcción, de "redefinir el socialismo", no sólo se trata de deconstruir lo subsumido, de liberar lo dominado, o de llorar por lo perdido; sino, sobre todo, de "constituir una máquina de guerra capaz de responder a la máquina de guerra mundial". Se trata entonces de, nada más y nada menos, que constituir organizaciones capaces de hacer frente al capitalismo, pero "con otros medios". Y es en esos otros medios donde estriba el problema. ¿Cómo hacer frente a una máquina de matar sin matar? ¿Cómo enfrentarse a los asesinos sin convertirse en asesino? ¿Cómo organizar un mercado que no sea capitalismo? ¿Cómo llevar a cabo una política y forjar una sociedad que no sean las correspondientes al capitalismo? ¿Cómo definir un Estado que no sea el de la represión?…

Las respuestas a los "otros medios" van surgiendo sobre la marcha, al redefinirse posibilidades de socialismo democrático, de comercio justo, de trueque, de colectivización, de cooperación, de lucha política y hasta de lucha armada. Cierto que en los 23 años que hace que Deleuze y Guattari escribieron lo que hemos citado no se ha producido aún esa redefinición socialista, pero esa máquina de guerra con la que enfrentar al capitalismo sí que ha empezado a constituirse, es la que vemos en el movimiento heterogéneo que conocemos como Antiglobalización, que viene a sumarse, no a oponerse, a las clásicas formas de lucha (partidos y sindicatos, pueblos y culturas) en un nuevo frente contra el terror de la mercantilización.

El libro Imperio de Toni Negri y Michael Hardt, ha sido un intento de contribuir a esa redefinición del socialismo aún pendiente y de dar a la máquina de la Antiglobalización un contenido programático del que todavía aún carece. El choque con el socialismo clásico ha impedido esa "constitución" de un contenido unánime para el entorno de la Antiglobalización, contenido que ya cuenta, al menos, con la oposición al capitalismo desde todas las formas posibles, como principio de comunidad política.

Pero hay tres motivos para desconfiar de que la línea Marx-Deleuze-Negri sea la que nos permita redefinir el socialismo, destruir el capitalismo y constituir una nueva sociedad: 1º Su vocabulario rompe con la tradición hegeliana y se acerca peligrosamente al idealismo, pues no basta con la micropolítica, no basta con cambiar la forma de hablar y de escribir para cambiar el mundo en el que se habla y se escribe. (Hay un riesgo real aquí de diluir la filosofía política en un nuevo género literario). 2º Su predilección por la deconstrucción frente a la constitución y construcción deja a la postmodernidad, de la que forma parte eminente el programa que comentamos, ante el riesgo, relacionado con el idealista anterior, de convertirse nada más que en la ideología del capitalismo, como bien ha visto el propio Negri: "el postmodernismo es, sin embargo, la lógica con la que opera el capital global" (Michael Hardt & Antonio Negri Empire. Harvard University Press 4ª, 2001. 2.4. Symtoms of Passage: The Ideology of the World Market, p.151). Y 3º Su falta de precisión y carencia de propuestas abre la posibilidad de la asimilación capitalista de esta línea de la postmodernidad, tanto al considerarla desde el punto de vista de la crítica ultraliberal a toda forma de regulación estatal, como al considerarla, desde el punto de vista, de la admisión socialdemócrata de la inevitabilidad del mercado.

El resultado de quedarse permanentemente en la pataleta adolescente sin entrar nunca en la verdadera lucha, que no es la de destruir y criticarlo todo sino la de arriesgarse a constituir y proponer algo, es el que se obtiene cuando el postmodernismo toma a Marx y lo diluye en su terminología evanescente. Y es que lo que ha de hacerse es lo contrario, partir de la fuerza productiva de Marx, enriqueciéndola con perspectivas nuevas y adaptándola a la actualidad. Como ya indicó Felipe Martinez Marzoa en 1983, fecha del centenario de la muerte de Marx, una vez que se haya recuperado el estudio de El Capital para la contemporaneidad se verá que: "Marx resultará ser el legítimo heredero de Kant y Hegel, y el pariente próximo de Nietzsche" (Felipe Martínez Marzoa La filosofía de "El Capital". Editorial Taurus, Madrid 1983. VII: "La noción de una ontología y nuestra lectura de Marx", p.103). Ha de ser con las categorías de Marx en primer plano, desde los dos siglos de tradición teórica de la izquierda en la mano, con lo que, más heideggeriana que deleuzianamente, se podrá llegar a una redefinición teórico-política del socialismo.

Inicio de página

 

PARTIDO SOCIAL- REVOLUCIONARIO DEMOCRÁTICO DE CUBA
P. O. Box 351081, Miami, Fl 33135 USA / Teléfono y Fax 305-649-2886 / Website: http://psrdc.org 
e-mail psrdc@psrdc.org
Editores: Jorge Valls, Roberto Simeón, Carlos Armando Ramos,  Administradora: Maribel C. Noda
Principal ] Documentos ] Ateneo ] Notas Obreras ] Análisis y Debate ] Agenda ] Globalización ] Informaciones ] Libros ] Eventos ] Cómo contactarnos ] Búsqueda ] Enlaces ] Archivo ]