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ATENEO #27
RAFAEL
GARCIA BÁRCENA
Nace en Guines, 1907. Del directorio Universitario de l927 y de l930. El 4 de
set. del 33 firma la proclama que instaura el gobierno revolucionario de Grau y
Guiteras. Prestó apoyo al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), colaboró
en Izquierda Revolucionaria y Frente Cubano. En 1946 se separó del PRC (A) para
ir a la "Ortodoxia". Se enfrenta al golpe de estado del 10 de marzo de
1952 desde el primer momento, en la Universidad de la Habana. Funda el
Movimiento Nacional Revolucionario. En 1953 intenta el movimiento llamado
después "del Domingo de Resurrección" que es abortado por una
delación. Cae preso y es bestialmente golpeado. Persistió en los trabajos
revolucionarios, especialmente en la conspiración militar. El 1959 es designado
embajador en el Brasil. Regresa a Cuba gravemente enfermo y muere de un derrame
cerebral el 14 de junio de 1961.
Deja "Proa", "Sed" y "Responso Heroico", de
poesía; y de filosofía: "Individualización de la Ética",
"Esquema de un Correlato Antropológico en la Jerarquía de los
Valores", "Estampa Espiritual de Federico Nietzsche", "Los
Aforismos de Luz y Caballero", "Coyuntura Histórica para una
Filosofía Hispanoamericana", "Estructura de la Estructura",
"Estructura del Mundo Biofísico" y su obra cumbre:
"Redescubrimiento de Dios", uno de los textos filosóficos más
certeros de nuestra lengua. Es la cabeza filosófica más importante de Cuba en
el siglo XX, y uno de los pensadores y líderes políticos de más acendrada
calidad moral y consistencia intelectual.
"Nacionalismo, democracia y justicia social tienen que marchar juntos
en nuestros países de Hispanoamérica. Sacrificar uno de estos objetivos en
nombre de los otros, o sacrificar dos de ellos a favor de uno de los tres,
entraña una culpable posposición de objetivos que tienen que ser procurados
simultáneamente, así como sacrificar los tres juntos (,,,) constituye un
crimen de lesa patria." ................. (De entrevista para Bohemia,
1955.)
Es pensador que hay que estudiar ahora. Escribiremos más de él.
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RESPONSO
HEROICO (poema)
(Reproducido a petición de nuestros lectores)
A los mártires
universitarios de la revolución.
Premio del concurso literario de la Comisión Pro Monumento a
los Mártires Universitarios (entre el 30 de setiembre de 1930 al 3 de octubre
de 1934). Tribunal: Roberto Agramonte, Raúl Roa, Elías José Entrialgo, José
Ma. Chacón y Calvo, Diego González.
Editorial: La Verónica, La Habana, 1943.
I
Mártires, hijos de acero
Del alma universitaria:
¿Qué centella milenaria
Caldeó vuestro pecho entero?
¿Qué éxtasis hondo y cimero
Os embriagó de tal
suerte
Que con la mirada fuerte
Como una espada encendida
Fuisteis a buscar la
vida
En los ojos de la muerte?
II
La Patria en mortal desdoro
Fue vuestro recio licor;
La República en dolor
Fue vuestro acicate de oro.
Para hacer luz su decoro
Y cenizas sus cadenas,
Con
vuestras frentes serenas
Os disteis en noble fruto,
Y pagasteis el tributo
Con
sangre de vuestras venas.
III
Caminaba el año treinta,
Con pasos de alma que sufre.
Verdugos de olor de
azufre
Santificaban la afrenta.
Bajo la autocracia cruenta
Se había roto la
alegría;
Y dentro de la agonía
De un horizonte de bromo,
El aire sabía a
plomo
Y a escorpión la tiranía.
IV
Un lastre de siglos densos
Gravitaba senilmente
Sobre la escena presente
Cargada de tonos tensos.
Años sangrantes e inmensos,
Hijos del ayer lejano,
Que
sobre el suelo cubano
Clavaron la zarpa dura,
Vaciaban su entraña oscura
Por la
boca del Tirano.
V
La juventud sin edad,
De ayer, de hoy y de mañana,
Que es vibración de
campana
Y clarín de libertad,
Clamó a la Universidad
Con voz de bronce
batiente.
Echaron un paso al frente
Los jóvenes sin estreno,
Y como retumba el
trueno
Rodó vuestra voz: !Presente!
VI
Frente a horizontes futuros
Alma Máter os bendijo,
Y crucificada os dijo:
"Id delante, pues sois puros"...
Bajo los cielos oscuros
Vuestro nimbo
era su luz,
Porque el nocturno capuz
Quedaba roto en pedazos
Al rememorar sus
brazos
Abiertos en una cruz.
VII
Vosotros fuisteis la lumbre
Que encendió una nueva senda
Y el metal que a la
contienda
Le impuso su reciedumbre.
Fuisteis el rayo en la cumbre
Y la viva
encarnación
Del alma de la Nación,
Que es flor que se abre temprana.
Fuisteis
el hoy y el mañana:
¡Fuisteis la revolución!
VIII
La revolución fue espada
Ceñida a vuestro ideal:
Que la tierra nacional
No
sea sólo tumba helada;
Que de la faena honrada,
Con la Justicia por signo,
Despierte el fruto condigno,
Y que en su patria el cubano
Sea del extranjero,
hermano,
Mas nunca su esclavo indigno.
IX
¡La Revolución!... Fue ella
Vuestra novia rutilante
Que se ocultara un
instante
Para resurgir más bella.
Breve eclipse de una estrella
Que no se puede
extinguir.
Nacer después de morir
El cielo en su ley le impone:
¡Es como el
sol, que hoy se pone,
Para mañana salir!
X
Porque las generaciones
De jóvenes que se fueron,
Sobre el pecho os
escribieron
La historia de sus acciones;
Porque vuestros corazones,
Sin
derrumbes ni flaquezas,
Ante las patrias tristezas
Su fervor multiplicaban,
Vuestras cabezas se alzaban
Sobre todas las cabezas.
XI
Porque en la fila apretada
Arcángeles parecisteis,
Mártires, vosotros
fuisteis
Los jefes de la jornada.
Porque en la noche cerrada
Que hirió el
juvenil ardor,
De vuestra frente de albor
Manaba la luz más fuerte,
Segó el
filo de la muerte
Vuestras cabezas en flor.
XII
Después... la huella inclemente
De la madre en su calvario,
Que envuelta en
negro sudario
Baja a su tumba viviente.
La madre se queda ausente
De la muerte y
de la vida;
Y la novia que, dormida,
Sonó un azahar y un velo,
Se queda rota en
su vuelo
Como una paloma herida.
XIII
Pero ¿habéis muerto? La Historia,
Que lleva el Libro del mundo,
Guarda con
celo profundo
Vuestro nombre en la memoria.
No estáis muertos, pues la Gloria
--porque el destino lo quiere-
Transfigura el miserere
En un júbilo inmortal;
¡Quien da el alma a un ideal,
Aunque lo maten, no muere!
XIV
Y frustró la Parca altiva
La muerte de vuestra fama,
Porque la piedra os
reclama
Para hacerse roca viva.
La piedra, de sí, cautiva,
Soñando rumbos de
vuelo,
Parece que desde el suelo
Pide alas a vuestro nombre,
Para deslumbrar al
hombre
Con la conquista del cielo.
XV
Para vuestra jerarquía
De mártires redivivos,
El Canto, en versos votivos,
Acendra la poesía.
Frente a la muerte sombría
Se alza desafiante el verso,
Para con el ritmo terso
De una cuerda en vibración,
Sincronizar vuestra acción
Al ritmo del Universo.
XVI
Mártires, hijos de acero
Del alma universitaria:
Diana revolucionaria
Os
anuncia al mundo entero.
Sobre un pedestal severo,
La Piedra, la Historia, el
Canto,
En un ignoto esperanto
Hermanarán su emoción,
Para hacer un corazón
Latiente de gozo y llanto.
XVII
Tal vez a vuestro sitial
Llegue un día, con la mañana,
La música soberana
De la esfera universal,
Y en el espacio abismal,
Cuando la noche se cierna,
Veáis una mano superna
Con estrellas escribir:
"Porque supisteis morir
vuestra vida será eterna."
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La
mujer aborigen al inicio del siglo XVI en el Caribe
Lourdes S. Domínguez
El nuevo mundo descubierto por Cristóbal Colón, fue en los finales del
siglo XV y los inicios del siglo XVI, el acontecimiento más extraordinario que
pudiera ocurrir en aquella incipiente Europa que salía del medioevo atada de
pies y manos; en cambio para esa nueva tierra que se llamaría América, sería
una hecatombe predestinada que los llevaría al casi exterminio cultural, y a un
genocidio sin precedentes (Bagú, 1987).
Lo que pudo ocurrir entre 1492 y 1542 en que se promulgan las Leyes Nuevas
(Morales Padrón, 1979: 42) en nuestros territorios caribeños, fue un verdadero
ensayo de la vida que continuaría en lo sucesivo, ya que ni en América se
vivió como en Europa, ni en Europa se quiso saber como se vivía en América.
En los cincuenta años que median, entre estas fechas, prácticamente una
generación, se conformó un "modus vivendi" o "modo de
vida" totalmente nuevo, con sus lógicas variantes en cuanto a
idiosincrasia y espacio, y fue casi exactamente lo que se desarrollo en el siglo
posterior.
Qué papel jugó la mujer en este momento tan crucial es uno de los puntos
menos tratados en la historiografía, ya que sólo encontramos reseñas de otras
épocas en las que predominan algunos estudios de género, pero de una manera
literaria (Castañeda, 1993: 94); podemos ver que la información que se recibe
de los Cronistas de Indias sobre la mujer aborigen es casual, no se adentran en
la verdadera realidad que se descubre, por una razón muy clara, su concepto de
género era muy limitado, lo usual en ese momento, es hablar de algunas mujeres
principales, siempre al lado de hombres de renombre y de todas formas, muy poco
de sus actividades personales, de su vida cotidiana y mucho menos de su
ubicación en la sociedad.
Todo lo contrario ocurría en la organización social del espacio aruaco o
taíno, la posición de la mujer aborigen era muy distinta, no se le consideraba
objeto sino parte de la comunidad, cualquiera que fuera su posición o su
status. De todas formas se han podido entresacar algunos elementos a partir del
estudio del mundo de sus creencias y de su mitología, lo cual ha sido muy bien
reflejado por el primer etnólogo de América, el padre Ramón Pané y también
en las Crónicas, donde sobre todo, el Padre Las Casas le dedica bastante
espacio a la mujer en sus obras, no sólo se nombran a las cacicas o jefas, o a
las mujeres que tuvieron que ver con la vida de los principales conquistadores
de mayor monta; sino que se habló de lo cotidiano, de su actuación en algunos
casos, pero hay que tener bien claro que lo que verdaderamente representó la
mujer aborigen en la conquista, para aquel solitario hombre de guerra que vino
de España, no se ha tratado o se ha hecho muy escuetamente.
No hav lugar a dudas que en la comunidad aruaca o taína, como toda sociedad
agrícola, la mujer por su capacidad reproductora ha estado asociada
simbólicamente a la tierra y a todo el proceso de producción, sobre todo en la
reproducción humana, la más importante y necesaria. La arqueología nos ha
proporcionado infinidad de representaciones en donde la efigie femenina
recreada, a todo lo largo del territorio caribeño (Domínguez, 1986: 134) nos
da un indicio fehaciente de la posición prorrunente de la mujer en el discurso
mítico antillano (Pastor, 1983: 25), y que no es otra cosa que el reflejo de su
propia sociedad (López-Baralt, 1985: 36).
Podemos tomar como ejemplo el cemí divino de Atabeira, representación de la
madre del Dios principal, Yocahú y del cual Pané dice "... tiene madre,
más no tiene principio y a este llaman Yocahú, Bagua, Maorocoti y a su madre
llaman Atabey-Yermao-Guácar-Apito y Zuimaco, que son cinco nombres", la
cantidad de nombres responde a un mecanisno de diferenciación social, la madre
tiene cinco nombres v el hijo, a pesar de ser tan principal, sólo tiene tres
(Stevens-Arroyo 1988: 120).
Otros dioses o cemíes femeninos juegan papeles de gran relevancia en la vida
cotidiana de estos hombres taínos, si tomamos la mítica aruaca, Guabonito es
una deidad favorable que cura los males del cuerpo, en cambio Guabancex es la
dueña de los vientos y las aguas y representa los males que podían traer
grandes catástrofes: los huracanes; también tenemos al cemí Itiba-Cahubaba,
la madre del bien y a Caguana la madre procreadora por excelencia (Guarch,
Querejeta, 1993:b37).
Para la comuna aruaca, la mujer representó en la parte política, una
posición significativa, era ella con su línea materna, quien determinaba la
descendencia en la heredad, se decía que su prole era "nacida de
sangre" y en las consultas realizadas en las Crónicas del siglo XVI, se
pueden observar situaciones muy especiales en las decisiones tomadas a favor de
las Cacicas en Santo Domingo que denotan la gran envergadura v relevancia, que
ellas poseían en su mundo (Cassá, 1992: 110). En la vida económica fue
predominante su actividad ya que tuvo a su cargo tareas imprescindibles en la
producción, sobre todo en las faenas agrícolas, indicadas por sus creencias y
no trasladables a nadie más, sobre todo la siembra de los esquejes de yuca, su
principal cultígeno, así como también en la preparación de alimentos y en la
confección de artesanías, especialmente la producción alfarera, todo lo que
trajo por consecuencia, que la mujer aruaca fuera considerada como un segmento
del poder tribal (Sued Badillo, 1975).
Algunos Cronistas tuvieron críticas acérrimas a la mujer, como por ejemplo
Fernández de Oviedo que decía de ellas "... son las mayores bellacas e
más deshonestas y libidinósas" (Fernández de Oviedo, 1959:118) pero no
creemos que esto concordara con la realidad, en verdad, todo parece indicar que
es sólo un mal entendimiento de las costumbres y de las formas de la vida
cotidiana de los taínos, o en su defecto, un problema personal de Oviedo.
De lo que aconteció después de la llegada de los conquistadores da fe el
hecho del mestizaje inicial, un rasgo que caracterizó a la población de estos
50 años americanos; este mestizo o primer criollo, hijo de español e india,
indicaba la unión, la valoración de la mujer como hembra, como madre y no hay
dudas que como maestra y conservadora del caudal adquirido, es el momento de
beligerancia que no recogen los documentos, eso no se podía saber en España,
pero representó la única forma de adueñarse de lo poco que le quedaba a los
indios y también la única forma de sobrevivir.
El contacto entre aborígenes y europeos en el Caribe provocó la rápida
desarticulación de las comunidades primitivas que existían en estos
territorios, estos hechos según algunos estu diosos representaron la
posibilidad de una total extinción de los indoantiñanos, otros plantean que no
necesariamente se perdieron los elementos culturales sino que los mismos se
enmascararon dentro de un contexto nuevo (Guanche, 1983: 113), de esta forma se
habla de procesos tempranos de asimilación o de una transculturación, su
sobrevivencia posterior, queda plasmada en documentos que fehacientemente
plantean la existencia de descendientes amerindios hasta entrado el siglo XlX.
De acuerdo a la circunstancias que dieron motivo a la ruptura de la
continuidad étnica del aborigen en el Caribe, otros aspectos como son las
relaciones de parentesco y familia permiten que se mantuvieran estas ideas, así
como una toma de conciencia de la ascendencia india, la que es claramente
explicada en la documentación generada protocolarmente en estos inicios del
siglo XVI, y simultáneamente debió desarrollarse una tendencia resultante de
la asimilación de técnicas y costumbres de una parte y de otra, en todas ellas
la mujer indígena jugó su más importante papel en esta historia y en ese su
momento histórico. Hay evidencias arqueológicas de objetos materiales de la
cultura aborigen que sensiblemente transformadas se incorporan al proceso de
transculturación, como por ejemlo en el consumo de alimentos lo especial que
resultó el pan de casabe, en la toponimia que ha llegado aún hoy, en las
creencias y en los lazos familiares, todo lo que argumenta la persistencia de
elementos muy concretos de su organización gentificia.
Los españoles en esta temprana época, pocas veces repudiaron su unión con
las mujeres aborígenes y en más de una Real Cédula se autorizó y propició
el matrimonio entre las dos partes (Pichardo Moya, 1945: 27). En el Caribe el
favorecimiento de estos enlaces estuvo relacionado con la imposición legal de
la herencia a la forma española, incluida la supresión de las obligaciones de
tipo avuncular (Potrony, 1985: 12-13), resultando de esta forma muchas uniones
entre conquistadores y mujeres indias, de lo cual el ejemplo más
característico pudo ser el caso de Vasco Porcallo de Figueroa en Cuba, el cual
fundó una extensa familia mestiza, al mismo tiempo que adquirió grandes
riquezas en tierras, a partir de las uniones matrimoniales porque las mismas
favorecieron el engrandecimiento del patrimonio a partir de estos caudales, y
debido a que el entronque de linajes, de la mal llamada "nobleza
aborigen" así lo permitió (Rojas, 1989: 23-24).
Los enlaces, matrimonios o amancebamientos, se hacían a la manera europea,
por lo menos en los centros poblacionales fundados en la colonización y en sus
cercanías, es decir mediante la transmisión de los apellidos y la herencia de
bienes generalmente por vía paterna, lo que se recoge en la documentación
protocolar de este momento, pero también hay rasgos de supervivencia de
sucesión matrilineal como lo expresa S. Culín en 1902, al estudiar en los
poblados de Yara, Yateras y Caridad de los Indios, en Cuba, en donde se observa
esta supervivencia de formas jurídicas matrihneales, las cuales estaban vivas
aún (Domínguez, Rives, 1993).
Vale plantear, por lógica, que en los inicios del siglo XVI y tal vez un
poco más tardíamente la herencia de bienes por vías maternas no sólo se
asociaba a las sociedades gentilicias, en muchos casos este tipo de sucesión
era de usanza también de los colonizadores y en algunos casos, perduró
estrechamente vinculada a la propiedad territorial, dados los índices de
emigración masculina durante los inicios del siglo XVI, y a la necesidad de
mantener la célula familiar intacta (Pérez de la Riva, 1946: 106).
Para ilustrar este caso, se puede tomar un estudio realizado en los
documentos del Archivo de Protocolos de La Habana, en que se reflejada esta
problemática, y como se ve numéricamente representada la transmisión de
bienes por vía materna (Domínguez, Rives, 1993).
Otro de los casos que se presenta es la trasmisión del apellido por vía
materna, lo que nos hace pensar que en esta época tan temprana del XVI, en los
apellidos en cuestión, hayan sido de mujeres indias españolizadas, de las
cuales hay un porciento elevado y que no eran otras que las esposas de los
conquistadores o encomenderos.
El reconocimiento del pasado más antiguo, en donde la mujer aborigen se hizo
valer a partir de su papel fundamental nos permite llegar a la convicción de
que se poseía una autoconciencia étnica (Guanche, 1996), y por ende se dio
paso y ubicación al proceso de transculturación en este momento inicial de
nuestra historia, aunque algunos digan que es fallido (Rives, Domínguez,
Pérez, 1991: 27).
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Tomado de: LOURDES S. DOMÍNGUEZ, La mujer aborigen al inicio del siglo
XVI en el Caribe, en "Gabinete de Arqueología". Boletín No. 1, Año
1, 2001, pp. 88-91
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