PARTIDO SOCIAL-REVOLUCIONARIO
DEMOCRÁTICO DE CUBA

ATENEO #33


Especulan que Da Vinci era hijo de una esclava 

El artista, máximo exponente del Renacimiento, pudo ser hijo de una esclava posiblemente de origen oriental, sostiene un estudio elaborado por el director del Museo Ideale di Vinci, Alessandro Vezzoni.

Vezzoni informó hoy de que Leonardo aparece citado en el catastro de 1457 como hijo ilegítimo de Ser Piero Da Vinci y de Caterina, quien piensa que "debía ser una esclava convertida al cristianismo, ya que no se le conoce familia de origen y, hasta aquél momento, no se había casado". 

A mediados del siglo XV era habitual, según recoge el estudio, que el patrón no se hiciera responsable de la mujer, pero en 1457 (año en el que nació Leonardo) surgió una ley que regulaba la tutela de los patrones sobre las esclavas, en un período en que vivían en Toscana muchas mujeres orientales, tanto paganas como hebreas. 

De los documentos presentados por el director del Museo Ideale di Vinci, dedicado exclusivamente a la figura del polifacético genio, se sostiene que Ser Piero obligó a Caterina a casarse con Antonio di Piero del Vacca, quien regentaba una hacienda cercana a la casa de los Da Vinci. 

Años más tarde, y tras dar a luz a una niña llamada Piera en honor a Ser Piero (según sostiene Vezzosi), la presunta madre de Leonardo enviudó a la edad de 60 años y, en 1493, marchó en busca de su hijo a Milán. 

En el Codice Atlantico, considerado la autobiografía científica del pintor renacentista, el autor de la Gioconda ya expresaba su curiosidad por conocer el paradero de su madre. 


Zurdo
 

Para Alessandro Vezzosi esta hipótesis sobre el origen de la madre del artista, matemático, médico e ingeniero italiano "es muy razonable", sobre todo, por las continuas referencias a la cultura oriental que se encuentran en la obra del maestro. 

"Dichas referencias se plasman desde los estudios tecnológicos a los matemáticos, de la receta del agua rosa que se utilizaba en la Corte Otomana al proyecto para la construcción del puente de Constantinopla, o incluso en su particular visión del Antiguo Testamento, entre otros", continúa. 

Además, Vezzosi subraya que Leonardo escribía y pintaba con la mano izquierda y completaba sus cuadernos de trabajo comenzando por la última página, justamente como los árabes y los hebreos.

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Daniel Barenboim: sinfonía de paz
(Primera parte)

Reportaje de Verónica Chiaravelli

El gran músico, que acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias, cuenta su conmovedora lucha por la concordia entre árabes e israelíes.

Hay un lugar en el que palestinos e israelíes conviven en armonía. Una versión reducida y más modesta de la Utopía imaginada por Thomas More, habitada por una comunidad joven cuyo líder (querido y respetado) no es un político, sino un artista. Daniel Barenboim, uno de los pianistas y directores de orquesta más importantes de nuestro tiempo, lleva adelante, desde hace tres años, The West-Eastern Divan Project, una orquesta integrada por 78 músicos israelíes y de los países árabes, de entre 13 y 26 años. Por esa iniciativa sus impulsores, Barenboim y el escritor palestino Edward W. Said, fueron distinguidos recientemente con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, dotado de 50.000 euros. Con el West Eastern Divan el músico argentino israelí ha estado ofreciendo una serie de conciertos en Europa, después de su inolvidable visita a Buenos Aires, en julio y agosto últimos, invitado por el Mozarteum. Un delicado experimento itinerante con el que Barenboim, artista excepcional y activo protagonista de los debates de su época, hace por la paz en Medio Oriente mucho más que cualquier tratado que puedan suscribir los líderes políticos de la región bajo el ojo vigilante de las grandes potencias.

El proyecto de la orquesta mixta nació en 1999, fruto de una idea compartida por Barenboim y su admirado amigo Said, gran escritor palestino radicado en los Estados Unidos y mundialmente reconocido por títulos como Orientalismo y Cultura e imperialismo, entre otros ensayos centrales sobre la situación de Medio Oriente.

"Said y yo nos conocimos a comienzos de los años noventa, de pura casualidad -cuenta Barenboim a La Nacion-. Se me acercó en el vestíbulo del hotel londinense en el que yo paraba en ese momento; me dijo que había leído  Una vida para la música, libro con ciertos datos autobiográficos que escribí en 1991, y me empezó a hablar de ese texto y de su opinión sobre el conflicto entre Israel y Palestina. Estuvimos conversando un rato largo y nos sentimos tan bien el uno con el otro que nos hicimos muy amigos y fuimos inseparables desde entonces."

En 1999, Barenboim y Said coincidieron en la ciudad de Weimar, en Alemania, que había sido nombrada Capital de la Cultura de Europa en coincidencia con la celebración de los 250 años del nacimiento de Goethe. Entonces fue cuando ambos decidieron reunir músicos árabes, israelíes y alemanes para que integraran una orquesta. El proyecto prosperó y la agrupación sigue presentándose por el mundo con el nombre de West-Eastern Divan, traducción al inglés del título del libro Poemas del Divan de Oriente y Occidente (West-östlicher Divan), con el que Goethe dio a conocer los textos que escribió inspirado por su descubrimiento del islam y la poesía persa.

En Weimar, la orquesta juvenil ensayaba todos los días, a la mañana y a la tarde, conducida por Barenboim. Por la noche, varias veces a la semana, Said coordinaba discusiones sobre música, cultura y política.

"Lo que me pareció extraordinario fue cuánta ignorancia había acerca del otro -dijo Barenboim tiempo después-. Los chicos israelíes no podían imaginar que había gente en Damasco, Amman y El Cairo que podía tocar el violín o la viola; y creo que los árabes sabían que había vida musical en Israel, pero no conocían mucho acerca de ella. Un muchacho de Siria me dijo que nunca antes había conocido a un israelí y que, para él, un israelí es alguien que representa un ejemplo negativo de lo que puede ocurrirles a su país y al mundo árabe. Este mismo muchacho se encontró luego compartiendo un ensayo con un chelista israelí. Ambos procuraban tocar la misma nota. Trataban de hacer algo juntos, tan simple como eso; algo que a los dos les importaba y los apasionaba. Habiendo logrado esa nota, ya no podían mirarse el uno al otro de la misma manera porque habían compartido una experiencia. Eso era, para mí, lo importante de aquel encuentro."

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Fara Rey Miranda

Jorge Valls

De pronto nos encontramos, un 21 de septiembre del 2002, con que Fara Rey Miranda se nos ha hecho invisible. Ya no podemos ir a buscarla a su casa -ya no hay ¨casa de ella'´ en la tierra-; no podemos llamarla por teléfono. Y este exilio agónico, donde lo único que tenemos es a nosotros mismos los unos a los otros, se estrecha y se encoge hasta quitarnos el poco aire que aún teníamos. ¿Cómo va a ser el día siguiente sin Fara?… ¡Una de las gentes más tiernas y bravías que hemos conocido!

Eran los años de 1930 y más, y Fara estaba metida en cuanto rollo de eso que llamamos patria, revolución esfuerzo por andar dignamente, por escoger lo más justo aunque sea lo más difícil, por arriesgarse al mayor peligro aunque se nos amarre la entraña. Es la obligación terrible de ser verdaderamente joven, que es buscar de la vida la mayor limpieza aunque nos cuente la propia existencia. Total; si se vive, es para dejar un cantar como los que nos hablan de los grandes esforzados. No podemos ser menos.

En el avatar revolucionario de ese momento generacional, que culminó con el breve tiempo de Grau-Guiteras y la gran corajada de afirmar la independencia, en todos los sentidos, individual y colectivo, nacional y personal; la libertad, como la gran oportunidad definidora, creadora y precursora de los caminos futuros, y la justicia, como la única servidumbre imprescindible e inevitable de la dignidad humana, que es lo único que justifica la existencia de la especie, Fara brava, Fara fiera, Fara fresca y diáfana como la jovencita que asciende en la espiral de llamas, estaba allí, hombro con hombro, junto al gobierno, en el instante de la decisión más grave. "La doy cinco minutos para que mande retirar los buques de guerra frente al puerto de la Habana" dijo Guiteras. El embajador trató de conversar. Guiteras miró el reloj y dijo: "Quedan cuatro minutos." El embajador calló... decidió, ....tomó el teléfono y llamó a su gobierno.... Y la muchacha quedó como testigo para contar la hazaña sencilla y llanamente. Para repetirla en momentos cuando la memoria falla.

Así fue el destino de esta joven -perpetuamente joven-, a quien nunca se le marchitó el ideal de la patria buena, libre y justa, por la que había que estar muriendo en cualquier tiempo y lugar. Temprano aprendió bien que no hay más que dos oficios en la república: el de estudiante, para mantenerse puro y buscar una y otra vez la verdad para vivir y morir por ella, y el de obrero, para no cansarse y seguir laborando cuando no se ve horizonte y la noche se hace tan larga que no se cuenta con la aurora, y se hace y se hace sin ver fruto, sin que los propios hermanos lo comprendan, sin que se sepa a ciencia cierta cuándo vendrá la tregua, ni cuándo por fin amaneceremos.

Fara no se estuvo quieta nunca. Decía, escribía, buscaba, asistía, cuidaba... Como el que siempre tiene algo que hacer, porque siempre tiene esperanza, porque sabe que la vida es un viaje siempre en la perspectiva de lo más allá. Porque lo que no se ha podido, si es justo, si es bello, si con amor se va forjando, alguien vendrá algún día y lo completará. Que la ciudad es obra de sus constructores, que nunca la vieron terminada, pero que hallaron las piedras labradas de los que habían venido antes y prosiguieron el diseño.

Un día a la noble sombra de un aguacatero, Fara entro en nuestro partido. (Los partidos son instrumentos, vehículos para encauzar ideas, para encontrarse con gentes con quienes conversar y luchar, recinto donde depositar nuestros amores y constancias, intentos de no quedarse contemplando aquello que es lo nuestro y en lo que, para vivir, tenemos que participar.) ¡Pero cuán solo se queda el grupo cuando alguien es la sal que falta en la masa!

¡Hay! Pero nos queda su alegría, su gracia, su incansable disposición para el entusiasmo. Entre locos y soñadores de todos los tiempos y edades, entre quijotes y labriegos, entre estudiantes que nunca terminaron su carrera y obreros que prolongan con sangre sus jornadas. Entre los que saben que no hay derecho al cansancio, que hay que halar un poco mas, como si las estrellas verdaderas y el Sol, que reina sobre todas ellas, estuvieran sólo un paso más, allende la sombra.

¡Fara, Farita querida, que dulce es tu recuerdo, que vence todas las muertes!. Ni tu ni yo creemos es esa cosa absurda de morirse. Seguimos andando, con la misma tribu. Auque no nos sea fácil vernos. Pero vamos hacia el mismo horizonte. Aquí y allá. La ciudad en construcción ya casi se adivina... Y en la ciudad,... la ciudad verdadera,... por fin vamos a encontrarnos.

Fara todos tus compañeros te tenemos presente, siempre estarás entre nosotros.

Jorge Valls.

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