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ATENEO
#39
Picasso
en abril
"Constantemente vivo frente a
acontecimientos a los que respondo de todas
las maneras"
por Freddy Sorribas *
Hace
treinta años justos (en abril), un diario italiano publicó, a gran titular:
"Murió Picasso, si es que muere Picasso".
Hoy Picasso, su obra y propuestas
humanistas, están plenamente en la discusión por la vida. El diario italiano
tenia claramente razón.
Hace unos días discutieron "El
Guernica", éste molestó a Colin Powell en la ONU (La Onda Nº123)
En el año 1945 Picasso fundamentaba:
"¿Qué piensa que es un artista? ¿Un imbécil que solo tiene ojos si es
un pintor, u oídos si es un músico, o una lira en cada nivel de su corazón si
es un poeta, o aún, si es un boxeador, sólo sus músculos?
Por lo contrario, es al mismo tiempo,
un ser político, constantemente vivo frente a los acontecimientos
desgarradores, feroces o felices, a los que responde de todas las maneras.
¿Cómo podría ser posible no sentir ningún interés por la gente y en virtud
de una diferencia torremarfilina separarse uno mismo de la vida que esa gente
brinda tan copiosamente?"
El 13 de marzo del '45 el periodista
Jerome Seckler le dice:
El toro, debe representar el fascismo; la lámpara por su potente luz, con
la paleta y el libro representan la cultura y la libertad -las cosas por las que
luchamos- y la pintura muestra la violenta lucha entre ambos.
"No" - dijo Picasso -
"el toro no es el fascismo, sino brutalidad y oscurantismo."
Mencioné que ahora estamos esperando
un simbolismo quizá transformado, más simple y mejor entendido dentro de su
lenguaje personal.
"Mi trabajo no es
simbólico"- respondió -."Sólo el mural de "Guernica" es
simbólico.
Pero en el caso del mural, el
simbolismo es alegórico. Esa es la razón por la que usé el caballo, el toro,
y lo demás. El mural es para expresar y solucionar definidamente un problema, y
es por eso que usé el simbolismo".
En la controversia entre los defensores
de la idea "Arte es comunicación ", y los que atacan, Picasso tomó
partido como lo hacia en todo: "constantemente vivo frente a
acontecimientos a los que respondo de todas las maneras" *
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Guillermo
Tell, tu hijo te pide la ballesta.
Dos
generaciones antagónicas caminan por las calles de Cuba: los históricos o
duros y los hijos de Guillermo Tell. Cuando triunfó la Revolución Cubana en
1959 todos sus líderes se autotitulaban "progresistas". Era ésta la
palabra de moda en aquella época. Sus temas de libertades públicas, ideas
políticas y sociales avanzadas enorgullecían a la persona portadora de esta
cualidad, "hombre progresista". Hasta el máximo líder de la
Revolución Cubana fue clasificado por la prensa internacional de "líder
progresista".
Hoy, tres décadas después, este
vocablo ha perdido todo su significado anterior en la élite gobernante para ser
sinónimo de "flojo" y "traidor". No obstante, para el
pueblo cubano esta palabra conserva su antigua connotación. ¿Qué ha pasado en
la cúpula gobernante de Cuba? ¿Se habrán contagiado con la misma paranoia en
la que han sumergido a su pueblo? ¿Estarán atrapados en el mismo juego
semántico que ellos crearon?
Estos "históricos" o
"duros", que es así como el pueblo los llama por su fosilización,
antigüedad y petrificación ante los nuevos cambios acaecidos en el mundo, no
encuentran una salida racional para escapar de la tela de araña semántica en
la cual están atrapados, porque un hombre solamente decide si una palabra es
oficial o prohibida.
¿Progresista o radical? En cualquier
país democrático la palabra radical o duro denota involución, estancamiento,
intransigencia; pero en Cuba, en esta década del 90, es una etiqueta de
sobrevivencia en las altas esferas del poder. Armando Hart Dávalos, Ministro de
Cultura, un hombre de unos sesenta y tres años, fue entrevistado en abril de
1991 por el periodista Andrés Openheimer. A continuación cito un fragmento del
libro La hora final de Castro, referido a dicha entrevista en la
cual el periodista llamó al Ministro tolerante y progresista:
Pero Hart no sonrió. Al contrario,
frunció el entrecejo con una mezcla de asombro y enojo. Se le aceleró la
respiración. Comenzaron a temblarle las manos.
¿Le dijeron eso? ¿Quién le dijo eso?
¡Eso es una locura! ¡No me considero tolerante en absoluto! ¡Soy más radical
y revolucionario que nadie! Me disculpé, diciendo que quizás había utilizado
un término desacertado. Lo que los artistas y los escritores probablemente
habían intentado decir era que se trataba de un hombre más progresista que
otros.
¡No! ¡No! ¡No! -gritó Hart, cada
vez más indignado. ¡No me ponga en esa categoría! ¡Soy radical, con
posiciones muy duras! Ni se le ocurra acusarme de ser tolerante, liberal o nada
por el estilo. ¡Soy radical! ¡No se atreva a escribir que soy un progresista!
Recuerde, ¡Yo soy un duro! (317).
¿Tanto terror a un vocablo? Sin
embargo, Fidel Castro sí puede usar la palabra progresista, porque él se
considera el Máximo Líder, el Supremo de la Revolución. Veamos este ejemplo
que nos presenta Openheimer en su mencionado libro, en el cual Fidel Castro usa
el término progresista: "El destino nos ha convertido en abanderados del
movimiento revolucionario, progresista y democrático del mundo" (397. Esto
es lo mismo que llamarle al blanco, negro y al negro, blanco. ? ¿Qué
significará para Fidel Castro el término progresista?
El discurso oficial se hace cada vez
más ambiguo y apocalíptico a medida que la Revolución se aísla más del
resto del mundo. La mayoría de los países empiezan a usar vocablos como:
tolerancia, negociación, paz, entendimiento, etc.; y en Cuba el Máximo Líder
aterroriza a su pueblo con palabras como: catástrofe económica, la guerra, el
martirio, muerte, sangre. Ya el discurso oficial es bautizado por el pueblo como
la "oda a la muerte" de Fidel (Openheimer), 405)
Otro de los "históricos" que
está en aprietos es el poeta de la Revolución Nicolás Guillén. En aprietos
porque como va explicar que uno de sus poemas (Tengo) se ha convertido en
subversivo. Antes de la Revolución, el pueblo no tenía acceso a las playas
privadas, a los hoteles, clubes y restaurantes de lujo; pero con la Revolución
todos esos privilegios de la clase rica fueron abolidos. Una frase cliché que
se usó en la década del 60 era "Esto es del pueblo". Toda propiedad
privada había sido intervenida y pertenecía al pueblo revolucionario. El
tiempo, los cambios políticos y económicos y la lengua en constante
adecuación le jugaría a este viejo poeta revolucionario una mala pasada. Los
versos principales del poema decían: "Tengo, vamos a ver/ que tengo el
gusto de andar por mi país/ dueño de cuanto hay en él.../ tengo, vamos a ver/
que siendo un negro/ nadie me puede detener/ a la puerta de un dancing, de un
bar/ o bien en la puerta de un hotel" (426).
Lo escrito, escrito está y hoy, tres
décadas después de haberse creado el poema, el pueblo revolucionario no puede
entrar a los mejores clubes, ni a las playas, ni a los hoteles de primera de
Cuba. ¿Qué ha pasado? La lengua escrita se adelantó al tiempo o el tiempo
involucionó creando otro apartheid turístico; porque es bien sabido que las
mejores instalaciones turísticas en Cuba son exclusivamente para el turismo del
área dólar. Sí, como usted lo oye, dólar, palabra tabú que nadie podía
mencionar y que el pueblo enmascaró con el término verde, seleccionando el
tema del color del billete; o tal vez, porque verde también es el color del
uniforme del "glorioso ejército rebelde". ¡Doble enmascaramiento!
Así es la sabiduría del hablante en el uso de su lengua.
Ya es tiempo que el hijo de Guillermo
Tell le diga a su padre que le dé la ballesta y se ponga él la manzana en la
cabeza. Cuando Carlos Varela, joven trovador cubano, tomó la guitarra en el
Teatro Karl Marx para dar su concierto inolvidable y tocó las primeras notas de
su canción Guillermo Tell la ovación fue ensordecedora. Esta canción presenta
"vocablos enmascarados" que critican el estancamiento e intransigencia
de la Revolución y de su Máximo Líder. La canción dice así: "Guillermo
Tell/ Tu hijo creció/ quiere tirar la flecha/ Le toca a él/ probar su valor/
usando la ballesta/... /A Guillermo Tell/ no le gustó la idea/ y se negó a
ponerse la manzana en la cabeza". La canción termina diciendo:
"Guillermo Tell no comprendió a su hijo/ que un día se aburrió de la
manzana en la cabeza" (Openheimer, 266).
El enmascaramiento semántico es
como sigue:
Guillermo Tell: Fidel Castro.
El hijo de Guillermo Tell: la juventud
que nació en la Revolución y está cansada de que le dirijan el no-futuro.
La flecha: el futuro de esa juventud.
La ballesta: el instrumento con que se
labra el futuro.
Manzana: sumisión y obediencia.
Se aburrió de la manzana en la cabeza:
la juventud cubana le pide a Fidel Castro que abandone el poder, pues ya la
Revolución no representa nada para ellos.
Y con esta pacífica rebeldía del
joven trovador cubano Carlos Varela se vislumbra un intento a empezar a decir, o
mejor, a insinuar algunas cosas prohibidas por el poder absoluto del Máximo
Líder. La canción dice mucho: dice del futuro, dice que todo no está perdido
en Cuba y dice también de que su pueblo ha sabido mantener la unión y la
comunicación a pesar de que el gobierno los ha amordazado, a pesar de que la
revolución los ha desunido y ha convertido a todo el pueblo delator de todos.
Después de tres décadas la juventud puede enarbolar una canción-himno que se
proyecta a un futuro de esperanza.
En una entrevista que apareció en la
revista Somos jóvenes, en abril de 1990, el trovador cubano Carlos Varela
responde a una pregunta sobre su canción "Guillermo Tell" de una
forma audaz y eludiendo el compromiso de la respuesta cuyas consecuencias
hubieran sido funestas para él. A continuación esta parte de la entrevista:
En Guillermo Tell tú abordas el
problema que se da en el momento en que el joven está preparado para cambiar su
papel con el adulto. Tú cuestionas ahí al adulto, a tus padres, y yo me
pregunto hasta qué punto tú has cuestionado también a tus padres
intelectuales, incluido el propio Silvio.
C.V: Guillermo Tell es una canción que
a mí nunca me gustaría desnudar. Creo que Tarkovski, el cineasta soviético,
habló en este sentido a alguien que le preguntó que querían decir sus
películas. Él las comparó con un reloj: ¿tú entiendes realmente tu reloj?
¿La maquinaria? ¿Las tuerquitas?. Sólo entiendes que da la hora y para eso
sirve. No me gusta desarmar la canción, que, por supuesto, tiene varios niveles
de lectura (21).
Ambos, entrevistador y entrevistado
soslayan el compromiso con la verdad y enmascaran el "verdadero
sustantivo" con palabras inocentes como joven, adulto, tus padres, padres
intelectuales. No obstante el joven trovador fue más atrevido cuando deja
entrever "la canción, que, por supuesto, tiene varios niveles de
lectura". Estas tentativas de "desenmascaramiento semántico" ya
dicen mucho si las comparamos con las respuestas histéricas de "los
históricos" que se aterrorizan por el simple hecho de que los clasifiquen
como "progresistas" o "tolerantes".
Lo último que el hombre pierde no es
la esperanza, sino su lengua. Su capacidad de ser y de estar con los demás.
Esto sólo se logra por medio de la comunicación hablada, escrita y gestual.
Los tiranos podrán eliminar el hombre, pero jamás su lengua. La palabra bella,
fina y honrada aterroriza a todos los tiranos.
Quiero terminar este trabajo con un
fragmento del escritor cubano Reinaldo Arenas que se refiere a la belleza, en su
libro Antes que anochezca:
"La belleza es en sí misma
peligrosa y conflictiva, para toda dictadura, porque implica un ámbito que va
más allá de los límites en que esa dictadura somete a los seres humanos; es
un territorio que escapa del control de la policía política y donde, por
tanto, no pueden reinar. Por eso a los dictadores les irrita y quieren de
cualquier modo destruirla" (113).
Esta belleza de la cual nos habla
Arenas no sólo irrita a los dictadores de la izquierda; desdichadamente,
también a los "bien vestidos" y "honorables" dictadores de
la derecha, a esos que aprendieron a manipular "diplomáticamente" los
mismos vocablos de libertad, dignidad, igualdad, paz y derechos humanos,
amparados por el cada día más vacío término democracia. Y así seguirán
andando por el camino del tiempo y del "nuevo orden mundial", la
belleza y la verdad, enmascaradas para no destruir a su propio creador.
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Flora
Tristán, una sindicalista
Flora
peregrinando "Peregrinación de una paria" es la biografía -en
realidad, diario de viaje y
Por Soledad Vallejos
Mi vida es el título con el que la
Editorial del Nuevo Extremo está por lanzar (para el Día de la Mujer) una
selección de los dos tomos de Peregrinación de una paria, esa suerte de diario
de viaje y esbozo de ensayo político que permite contemplar de cerca cómo una
chica desafortunada comenzó a convertirse en la protofeminista, pionera del
sindicalismo y del socialismo utópico radical que terminó siendo Flora
Tristán.
Lívida y frágil hasta la
exasperación como buena heroína romántica, pero bastante alejada de los
nacionalismos conservadores que en la primera mitad del siglo XIX hacían de la
defensa del campesino-niño su razón de ser (una estrategia que, a fin de
cuentas, revelaba el trasfondo aristocrático de toda la movida), Flora había
comenzado a sospechar que algo en el mundo conocido andaba mal desde hacía unos
años. En Francia, su país natal, era la réproba que, embarazada de su tercer
hijo en tres años de matrimonio, había abandonado a su marido llevándose a
los niños. Ni siquiera su madre, que la había obligado a casarse con un
litógrafo de mala calaña e ínfima renta, la había apoyado en su separación
(el divorcio, poco oportunamente, había sido abolido con el regreso de la
monarquía a Francia.) Hija bastarda porque demasiados escollos legales se
habían interpuesto entre sus padres y la legalización de su nacimiento,
tampoco le correspondía herencia alguna. Y, la verdad, estaba algo cansada de
ser tratada como una marginal en cuanto salía a la luz su estado civil (una
cosa difícil de ocultar, convengamos, llevando dos niños de la mano).
Flora, en 1833, partía a Perú, en
busca de que el reconocimiento de la familia de su padre (un criollo con linaje
tan elegante como para remontarse a Moctezuma) le valiera dos de las cosas que
más necesitaba una mujer separada en la Europa de principios del siglo XIX: el
aval de un apellido respetable y una fortuna para hacer su vida con
tranquilidad. Allí comienza Peregrinación... (publicado por primera vez en
1837, cuatro años después del viaje), las páginas en las que, cuidadosa y a
veces engorrosamente, teje una estrategia de avanzada para construir, sobre
ella, una resistencia muy moderna: reapropiarse del estigma para reivindicarlo
como marca legítima de identidad y luchar desde esa nueva forma.
Curiosamente, la descendiente de
dos promonárquicos católicos a ultranza (su madre había aclamado con fervor
la restauración de las viejas casas reales, y su padre murió como enemigo de
las plebeyas aspiraciones de Napoleón) tuvo la astucia para comprender que
asumir con convicción su condición de paria le permitía plantarse en otro
terreno, el de la exclusión, y, con ello, sumar fuerzas para trastocar la
marginalidad en algún tipo de justicia. Y, a decir verdad, la chica se abocó a
esa lucha desde todos los frentes.
Yo, la peor de todas
Esas pequeñas modificaciones que van
operando, casi con disimulo, los viajes sobre los viajeros tuvieron un impacto,
cómo decirlo, inmenso, indisimulable, feroz, sobre Flora. Si al partir ya
detestaba lo que encontraba de esclavitud en el mandato del matrimonio
("hacer todos esos sacrificios y afrontar todos esos peligros porque estaba
unida a un ser vil que me reclamaba como su esclava") y sufría por haber
tenido que dejar en Europa a sus hijos (el mayor, con su ex marido;
Aline, la niña que luego sería madre
de Paul Gauguin, en una especie de internado) para poder viajar sin resquemores,
cuando regresó tenía otros ojos. Y es que el espíritu etnográfico que la
había acompañado durante el periplo había aniquilado en cada puerto lo que
quedaba en ella de ingenuidad: pueblos que sobrevivían gracias al tráfico de
esclavos (comandado por un cura católico... casado con una esclava a la que
despreciaba), conventos que las mujeres despechadas no podían abandonar a
voluntad, viudas sometidas a las familias de sus maridos, las reglas de las
relaciones sociales en las ciudades americanas (tan parecidas, claro, a los
salones europeos).
Feminismo y algo muy parecido al
socialismo empezaba a surgir en esa mujer que, al pisar nuevamente París, en
enero de 1835, con una renta asegurada (no toda la que le hubiera correspondido
en realidad, pero sí la suficiente para llevar una vida holgada), empezó a
frecuentar los círculos literarios y artísticos. Todavía un poco dolida por
los rechazos que despertaba en cualquier reunión su status de "mujer
sola", publicó en poco tiempo.
Necesidad de dar una buena recepción a
las extranjeras, un libélulo netamente utópico que apenas firmó como "Srta.
F.T.", en el que proponía crear una asociación para alojar y dar
protección a las mujeres solas. No era lo más común y esperado en la Francia
que se debatía entre restauraciones aristocráticas y contrarrevoluciones
burguesas, a decir verdad, y su idea pasó sin pena ni gloria, pero Flora estaba
empezando a encontrar su espacio (aun cuando rogara un trabajo alegando que
"encontrará en mí una fuerza poco común a mi sexo, un deseo de hacer el
bien, y un reconocimiento profundo a todos los que me permitan ser
útil").
En plena conformación de los primeros
movimientos obreros, cayó rendida tras escuchar una conferencia que Owen, el
padre del socialismo utópico, dio en París. Y entonces la figura de Flora, que
poco antes había empezado a debatir acaloradamente en las reuniones socialistas
parisinas, se empezó a instalar en la arena pública: en 1837, la revista de
Louis Blanc publicó su petición para que el divorcio volviera a ser legal; un
año después, otro diario se hizo eco de su reclamo para abolir la pena de
muerte; las revistas literarias más elitistas le cedieron páginas enteras;
Saint-Beuve (impulsor de una de las corrientes que terminó con la sangrienta
revolución de 1848) no dudaba en presentarle muestras de profundo
respeto.
Fue en esa época cuando, además de
Peregrinación, publicó Méphis o el proletario, su única novela, y con tanta
suerte que el intento de asesinato que sufrió de parte de Chazal, su ex marido
(le disparó al pecho en plena calle) no sólo terminó por convertir cualquier
cosa que escribiera en un éxito comercial, sino que, además, derivó en un
juicio en el que, finalmente, consiguió la anulación del matrimonio (cómo iba
a seguir casada con un señor que, por intentar matarla, debía cumplir una
condena de 20 años de trabajos forzados) y, con ello, limpiar su reputación
ante los demás. Paseos "Dedicado a las clases obreras",
rezaba la primera página de Paseos por Londres, el ensayo que, en 1840 (!),
tomaba un viaje de Flora a Inglaterra (en el que llegó a colarse, disfrazada de
hombre, en la Cámara de los Comunes) como base para una profecía devastadora:
el mundo de la Revolución Industrial, sus máquinas y horarios agotadores
auguraba un futuro oscuro para el resto de los países. Las poblaciones fabriles
inglesas no eran más que un pequeño laboratorio de lo que luego se extendería
por Europa, un modelo de desarrollo que sacrificaba al obrero en bien del
beneficio económico.
Y Flora quería, desesperadamente,
evitar ese futuro, a tal punto que dos años después pagó de su bolsillo una
edición económica de Paseos... para que la mayor cantidad posible de
proletarios tuviera la posibilidad de conocer su discurso revolucionario, el
mismo que volcó febrilmente en Unión obrera, un librito (cuya publicación
desaconsejaban escritores y editores amigos) que se dirigía explícitamente a
los y las trabajadoras de los talleres.
Bregaba Flora por la defensa del
derecho a la salud, a la educación, al trabajo, pero, sobre todo, por evitar la
propagación de una estructura de dominación que llevaba al proletario a ser
siervo del empresario, y a la mujer a ser "la proletaria del
proletario". La acción, eso le importaba, más que la construcción
teórica. "Obreros y obreras, escúchenme -escribió-. Ha llegado el día
en que debemos actuar, y es a ustedes, y solamente a ustedes, que corresponde
actuar en interés de vuestra propia causa. ¡Depende de ustedes la vida o la
muerte!, la muerte horrible que asesina a cada instante: la miseria y el hambre.
Vuestra acción no debe ser la revuelta a mano armada, el enfrentamiento en la
plaza pública, el incendio ni el pillaje. No, porque la destrucción, en lugar
de remediar vuestros males, no hará más que empeorarlos. No tenéis más que
una acción posible, legal, legítima, que los avale ante Dios y los hombres: es
la unión universal de los obreros y las obreras".
La Unión Obrera, finalmente, terminó
conformándose, pero es poco lo que se reconoce a Flora en su nacimiento.Pocos
años después, tras escribir Recorrida por Francia (un
relevamiento detallado y actualizado de la situación obrera de todo el país
que se publicó más que póstumamente... en 1973) y sostener un largo
enfrentamiento con George Sand (más cercana a un socialismo conservador),
siguió agitando las aguas en cuanta convención socialista y reunión de
obreros encontrara. Bastante más que una "vieja curiosa" que
probablemente "jamás se haya asomado a la cocina", como solía
definirla su nieto Paul Gauguin, Flora era, más bien, esa mujer que un buen
día se encontró "sola, completamente sola, entre dos inmensidades: el
agua y el cielo", y decidió ver qué podía hacer.
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Monseñor
Eduardo Boza Masvidal
Por Jorge Valls.
Ya
está en la patria verdadera. Aquélla a la que si no llegamos de nada habrán
valido ni Cuba ni ninguna otra. Me refiero a la patria definitiva, allí donde
resuenan las canciones que se han cantado desde el principio de los tiempos, las
nanas y los trenos, los cantos de los héroes y los de las pasiones de cada
quien, las de su patria, cualquiera que sea el lugar donde los hombres hayan
nacido, vivido y agonizado, allí donde todos volvemos a ser niños y a no tener
nada que ocultar, donde la voz puede ser mas alta, donde cada valor perdido
está rescatado y puesto en su sitio exacto. Allí los pobres, los perseguidos
de todos los tiempos, los que soñaron con la justicia y les fue hurtada, los
que necesitaron la alegría y les fue rota como con un mazo de piedra, allí se
va por no haber sido práctico y sensato, sino apasionado y ardiente y amador
sin tregua de la verdad viva. Allí está, y mucho mejor, porque ahora esta en
todas partes. Ya no hay distancia, ni tiempos históricos que separen. Allí en
la perpetua y eterna Iglesia de la Caridad junto a la Santa Madre, en la
catedral de los Teques, que teques quiere decir "lugares altos" y
"catedral" lugar de la silla desde donde se imparte la sabiduría, no
la de los hombres, hechas de cifras idiotas, sino la otra, la de Dios, que es
como una música perfecta que nunca se acaba.
Conocí a "Monseñor"-palabra
que es como un acto de amor y humildad porque quiere decir "mi
señor"-un día horrible cuando los esbirros de una de las dictaduras se
habían llevado a Tirso Urdanivia y a su padre. Monseñor cogió el paraguas y
salió a buscarlo, a hacer gestiones por el muchacho desaparecido.
Después sabía a cada rato de él
¡Cómo no saber! Y Cuando después de veintipico de años nos vimos una noche
en casa de su hermana, seguimos hablando con el mismo hilo, como si no hubiera
habido interrupción alguna,... Y en Nueva York, ... y en Caracas, y en la
hermita,... y casa de Raquel La Villa, que copió su libro y lo preparó para
edición. Y era como estar quemándose de sol y recibir gozoso una lluvia fina.
Era como estar quemándose de sol y recibir gozoso una lluvia fina. Era como
estar labrando a mandarriazos en la mina de las ideas y encontrarse de pronto el
diamante exacto, tan luminoso y pulido, tan puro fuego blanco que calienta y no
quema.
Verlo frágil, y saberlo de acero;
leve, y sentirlo como una nuez de montaña granítica; oírlo suave, con la sola
necesaria, y saber su voz como una espada de viento atravesando los
desfiladeros. ¡¿ Cómo podía, -nos preguntábamos,- ser tan claro, tan
exacto, tan justo, tan derramado en amor tan ardiente, tan casi sin sombra y tan
lumínico?!... Porque, saberlo: no hubo nadie tan fiero y templado coraje como
él en su tiempo, nadie que se quitara la mitad de la comida de su plato para
dársela al último hambriento que sentaba a su mesa (de éstos hay nombres y
apellidos y muchos podrían decirlo), nadie que contara tan exactamente la
naranja al medio. Porque no se desvió en el concepto ni para unos ni para
otros, porque la tierra y los hombres para él eran altar y víctima en ofrenda,
y había que cuidarla siempre.
Indigad su vida. Buscad hasta las
mínimas anécdotas. Sabed de su pasión. De su prisión, cuando le dijo al otro
que aquí se estaba para ser perseguido y en peligro de muerte cada día, y que
eso no importaba, sino el deber de justicia que había que intentar frente a la
adversidad. Recordad sus exilios, de Cuba y de todas partes, que en todos los
sitios fue un exiliado y en todos tuvo que soportar desprecios y majaderías.
Buscad su ciencia. Recoged cada una de
sus palabras. Aprendéoslas de memoria, si podéis, como las del africano
Agustín. Que no habrá ninguna necia ni sin
Aliento de amor que la sustente. Buscad lo de derecha y los de izquierda,
veréis que él es la recta. Buscadla los de allá y los de acá, los de antes y
los de luego, los que lo comprendisteis y los que lo negasteis, los que bebíais
de el y los que lo menospreciabais. Él fue más hombre que todos nosotros
juntos. Él es la figura moral de más calibre que nuestro pueblo ha dado y
dará en mucho rato. Para ser héroe a veces es necesario morir en combate;
otras, es necesario pasarse en combate toda una estación sobre la tierra. Para
ser bueno hace falta quebrarse de amor un día, o doblarse de abnegación como
él, una vida entera. Para ser sabio, hay quien necesita muchas palabras; él
una sola, profunda certísima como una estrella. Porque un día
"Dios", "Patria" y "Hombre"son una sola, y cuando
la reconocemos en la cruz, se llama "el Cristo".
Nos hacía falta un santo, y lo hemos
tenido con nosotros tanto tiempo que sólo habría que dar muchas gracias a Dios
por el incansable sacrificio de aquél. Para unos, el patriota; para otros, el
sabio, para todos el hombre, el varón en su expresión más brava. Para los que
lo conocimos y sabemos, ya por fin, el santo.
Dijo Santo Domingo de Guzmán antes de
morir, cuando se despedía de los suyos: "Os voy a ser mas útil desde el
cielo". Ahora si podemos pedirle a "Monseñor, ¡ Y mira que le
pedimos cosas mientras estuvo aquí en la tierra! Los santos no se van nunca de
su pueblo. Son los puenteros que trasiegan entre cielo y tierra, entre Dios y la
agonía humana. Y son nuestra alegría, ¡nuestra única verdadera, intacta e
inmarcesible alegría!
Monseñor, tengo mucho gozo por ti.
Ruega por tu pueblo, que ahora tú si puedes más. Ruégale al Gran Amigo que no
fallemos, que nos haga digno de ti.
Jorge Valls.
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