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ATENEO
#43
Celia
Cruz
Jorge Valls
Cuando
alguien deja atrás la envoltura de huesos y pellejos con que ha tenido que
moverse en el tiempo, es cuando todo lo que verdaderamente era empieza
verdaderamente a ser, cuando la persona que tuvo que interpretar alcanza su
máxima dimensión universal.
Celia… (por una fácil etimología latina:
"cosas del cielo".) …La limpieza de una voz de acero, clarín
convocante que nadie podía dejar de oír, y luego cristalería sonora
multiplicándose en caprichosos juegos. Voz y ritmo, como palabra continua que
va guiando certera, irguiéndose, serpeando, esparciéndose, inconteniblemente
vertiéndose. Gracia. Jubileo. Voz limpia, aguerrida, suscitante. Cuán gozoso
el señorío, cuán abierto, cuán universal, como una casa clara, de par en par
invitadora para que pasen todos al refocilo de la música y la danza. Cielo.
Cosas del cielo. De lo gratis y por siempre inagotable, de lo bueno y lo dulce,
lo dulcísimo, lo ya definitivamente dulce. …¡Azúcar!
Porque el cielo no es aburrimiento de pazguatos
ni estúpida dormición sin sueños, sino la alegría incansable de la Gran
Rumba, fiesta magnífica donde ángeles maraqueros ante El-que-és figuran y se
exaltan. Porque cielo y cosas de cielo son lo que desesperadamente necesitamos
los desguazados, los expulsados de la tierra, los ofendidos por sus hermanos,
los exiliados, los apresados en sus propios enredijos, los que están ¡ay! como
los cubanos. Porque la música y la danza, la guaracha --que eso fue y será
Celia--, es la paz y la libertad para los atravesados por sus propios aguijones.
Si Caín hubiera querido oír la música, tal vez no habría matado a su
hermano.
Nadie preguntó jamás si Celia tuvo dolores, y
tuvo que tenerlos, porque en la carne dolienda estaba. De sus conflictos y
emperramientos se sabe poco o nada, y los tuvo, porque vivió en el mundo. Pero
ella iba regando alegría, ganas de ser puro y noble, y de vivir con toda la
fuerza de la sangre. Cada cual se alegró con ella y tuvo ganas de vivir y
creyó que la tierra podía ser de todos y que había estupendo espacio para
moverse con toda el alma sindarle empujón a nadie.
Porque Celia era Cuba, y Cuba ya será por
siempre Celia. La tierra santa del yerbero que tenía yerbas para cada uno de
los males; donde -Sunsún Baba eh-- el pájaro lindo vuela por la madrugada,
donde el dulzor de la caña crece bajo el suelo para brotar y empinarse en caña
sacrificial como nuestras generaciones. ¡Cuba, Dios mío, qué dulzor! A pesar
de sus hijos, corderos o cabrones, a pesar de todo lo que hemos hecho los
cubanos por destruirla. Cuba la de antes, la que será después, la que en la
transparencia de sus cielos y sus agües será siempre. ¡Y mira que esa palabra
"siempre" nos ha costado dolores!
Un pueblo existe para producir al hombre. Y todo
el afán de un hombre es por insertarse en su pueblo Hay hombres que se siembran
entre sus gente para permanecer querenciosos y cuidadores siempre. Esos son sus
maestros, sus santos y sus apóstoles. Y hay hombres que se exprimen a sí
mismos para producir el paisaje que ha de reconocer el alma, los que dibujan lo
más allá del confín de la tierra y le revelan la orilla del cielo a la que
siempre estamos próximos; éstos los son los artistas. Hay pueblos que se dan
en humanidad, que dan hombres de pan dulce para que todos coman y se sacien.
Pueblos ha habido que han sido imperios y tenido grandes tecnologías, como
Asiría, y no dejaron sino el mal recuerdo de sus egoísmos y crueldades. Otros
que no han tenido ni casa estable, como los gitanos, y han dejado música de la
que se han nutrido todos.
Las naciones no son sino muy ancilarmente su
política o sus políticos. La política existe para servir al pueblo, para que
la nación pueda dar al hombre. De las guerras de Troya nadie se acordaría si
un poeta ciego, que describió a maravilla el escudo de Agamenón, que no había
visto, no las hubiera cantado. Los bretes y atrocidades de las ciudades
italianas ya a casi nadie importan, ¿pero cómo se podría ser gente sin Dante,
Petrarca, Ariosto o el juguetón de Boccacio? Cuando nadie se acuerde de los
bretes de Machado, Batista, Fidel y otros más Cuba estará omnipresente en la
metafísica pintura de Ponce, en el Siboney de Lecuona o en la leyenda viva que
fuera Rita Montaner. Y después de ahora, cuando pasen estas miserias de guerras
civiles, persecuciones, exilios y trashumancias, cuando los cubanos nos demos
una tregua y por un rato dejemos de ser horda revuelta contra nosotros mismos, y
el nombre de la patria sea tierno y dulce como un anón en agosto, Cuba será
Celia Cruz,… como una acacia florida, … en todas partes y en cualquiera
donde se encuentre un cubano, porque Cuba, en el desierto por donde deambulamos
--que desierto igual es aquí y allá, el de los de adentro y el de los de
afuera,-- …"parece un turbante de plata perdido de Alá".
¡Qué desdichado que los que gobiernan en un
momento no se hayan enterado de esto! ¡Que no hayan podido sobrepasar la
miseria humana que cada quien tiene dentro de sí y hacer el gesto de
aspiración a lo más alto! Por respeto a nuestra dignidad de hombres las
banderas en Cuba debieron flotar a media asta, .. por reverencia a nuestra
vocación de gentes.
Magnífico que Dios quiso que Celia fuera mujer,
negra, nacida en Santos Suárez, normalista y aspirante a maestra de escuela,
madre soñada de media docena de hijos que no tuvo, que fuera todas esas cosas
que son las gentes sencillas, pobres y tan maltratadas de Cuba. Fue siempre tan
señora, tan dueña, tan opulenta y firme, tan hija y proveedora de la gracia,
…como el azúcar de todas las moliendas, que se derrama en blancura de
cristales exclusiva e infinitamente dulces.
El yerberito se va…
(Pero queda, oh, madre, tu perfume.)
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Compay
Segundo y Celia
Francisco Agramonte
Dos
luminarias mundiales de la música cubana han fallecido este verano. Primero,
Compay Segundo, y luego Celia Cruz.
Unidos en el panteón de los inmortales, la
trayectoria de sus respectivas carreras es una combinación de analogías y
contrastes.
Ambos comenzaron en Cuba: A Celia la fama la
acompañó desde muy joven, a Compay muy al final de su vida. Ambos fallecieron
en la cima de la fama en el mundo entero. A ambos les afectó el régimen
castrista. Celia fue al exilio junto con más de un millón de cubanos. Compay
permaneció en la Isla, marginado e ignorado, trabajando como tabaquero.
A Celia la fama le siguió sonriendo, creciendo
al máximo década tras década. La acompañaron muchos de los grandes, como la
Sonora Matancera, Tito Puentes y tantos más. A su deceso las lágrimas de
muchos miles se confundían con el siempre alegre ritmo y letra de sus canciones
y actuación en el escenario. Su Azuca! queda grabada en el idioma de todos.
En Miami, una bandera cubana cubrió su féretro
que fue velado en la Torre de la Libertad y la Iglesia de Gesu en Miami, donde
las múltiples nacionalidades de la Capital de la América Latina le rindieron
sus últimos respetos. Entre ellos, paradójicamente, una famosa moderna figura
hispana -Antonio Banderas-- que algún tiempo antes acompañara a Compay..
En Nueva York, lo hicieron en la colmada
Catedral de San Patricio en la Quinta Avenida de la Capital del Mundo. Por
treinta cuadras cubanos, puertorriqueños, dominicanos, en fin, seres de todas
las nacionalidades, lo hicieron bajo la lluvia. Fue enterrada donde quiso, en un
cementerio del Bronx de hispanos y negros. Como hispana y negra eran sus
raíces.
Celia nos regaló no sólo su música popular,
guaracha y salsa. Ella nos dejó un legado de música afrocubana que nos
enseñara de temas de la santería. Sus clásicas y populares canciones las han
cantado cubanos de todos los matices por más de medio siglo, enriqueciendo
nuestro idioma cubano: Changó, Songo, Borondongo, Cuchilanga, El Yerberito con
su hierba santa, ruda, albahaca, apazote, vetiver...
Si Celia reposa en la Cuba del Norte, como
alguien llamara a la comunidad cubana en exilio, Compay Segundo reposa en la
Cuba del Sur, en La Habana de donde surgiera Celia.
En La Habana, en el Teatro de Bellas Artes se prepara para el domingo 27 de
julio un homenaje a Celia por el dramaturgo Alberto Pedro y su esposa, la
directora Miriam Lezcano. Ellos pondrán en escena Delirio Habanero, que fuese
presentada tanto en Cuba como en festivales internaciones y en Miami.
Sus personajes: El Bárbaro (Beny Moré), La
Reina (Celia) y Varilla (el camarero de La Bodeguita del Medio. Ahora, asegura
el autor, dedicarán la obra a Celia Cruz "Porque está realmente más viva
que nunca, por encima de cualquier consideración política".
También en la Habana, Compay Segundo se
acercaba a la centena con casi 96 anos a su deceso. Lo de Compay le venia por
"Compadre", típico saludo en su tierra natal. Su nombre era Máximo
Francisco Repilado Muñoz, oriundo de Siboney, cerca de la oriental Santiago de
Cuba, tierra natal del son, género emblemático de la música tradicional
cubana.
Lo de Segundo le venía porque la suya era la voz segunda, que con el tiempo se
ha ido perdiendo en el uso de los cantantes.
"Los jóvenes no quieren hacerle "la
segunda" a nadie, todos quieren ser estrellas de la noche a la mañana.
Mira yo cuántos años uve que esperar, cuántos caminos tuve que recorrer, en
cuantas serenatas, saraos y guateque tuve que cantar. Y aquí estoy, empezando,
nunca terminando, decía el trovador en una de sus últimas entrevistas.
"No se preocupen jóvenes y viejos, que a
todos les llegan un día Las flores de la vida." Ese fue el título de uno
de sus más innovadores discos, en el que se cruzaban el más genuino son, el
rock, el rap, el bolero y el blues, pero a la vez obraba como balance a una vida
dedicada por completo al amor y la música. Su celebérrima canción Chan Chan
es su más preciosa muestra.
Perdido en el olvido, en 1997 fue redescubierto
a los 85 anos en un hotel para turistas en La Habana por el joven músico Juan
de Marcos González, acompanado por Nick Gold, productor de World Music
Tras varios viajes a Europa y Nueva York, su
carrera dio un vuelco total con la grabación del álbum Buena Vista Social
Club, que le trajera fama mundial.
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