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ATENEO
#44
Ramón
Emeterio Betances
Médico, abolicionista.
Nació
en Cabo Rojo el 8 de abril de 1827. Al quedar huérfano su padre lo envió a
vivir al sur de Francia. Se graduó de bachiller en 1846. Estudió Medicina en
París y fue testigo de los eventos que llevaron al restablecimiento de la
República. En 1853 se graduó de doctor en Medicina y Cirugía en la
Universidad de París.
Regresó a Puerto Rico a ejercer la profesión y
se radicó en Mayagüez. Pronto se envolvió en la actividad política, para
luchar por el ideal de la independencia. Junto a Segundo Ruiz Belvis fundó la
Sociedad Secreta Abolicionista. Compraban los esclavos para liberarlos como
parte de un movimiento para la abolición del sistema de la esclavitud en Puerto
Rico.
Fue desterrado en 1859 por los españoles al ser
considerado como subversivo. Cumplió el destierro en París. A su regreso a
Puerto Rico en 1867 es devuelto al destierro por el general Marchesi. Desde
Santo Tomás fue testigo de la insurrección en toda la isla que resultó en el
Grito de Lares. Había ayudado a Ruiz Belvis a organizar la misma. Por su
intensa lucha revolucionaria se le considera "El Padre de la Patria".
Su obra literaria incluyó escritos políticos y literarios, así como una obra
científica que le valió premio del Gobierno francés. Murió en Neully
Francia, el 16 de septiembre de 1898.
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Eugenio
Maria de Hostos
(1830-1899)
"El ciudadano de América"
Nació
Hostos en el barrio Río Cañas, de Mayagüez un 11 de enero de 1839. Fueron sus
padres Eugenio de Hostos e Hilaria de Bonilla.
De Hostos y Bonilla se destacó en toda Latinoamérica como filósofo, pedagogo,
escritor, sociólogo, periodista y firme defensor de la independencia de Puerto
Rico.
Hostos inició sus estudios primarios en San
Juan, prosiguiendo en la península española. En ella, obtuvo su bachillerato
en la Universidad de Bilbao y comenzó la carrera de Derecho en la Universidad
de Madrid, la que no concluyó.
Con sus escritos periodísticos luchó
intensamente por la abolición de la esclavitud y por reformas autónomas para
Cuba y Puerto Rico, que prometía el liberalismo español. No satisfecho con la
actitud de los liberales, se convirtió en un ferviente líder separatista
uniéndose en Nueva York al grupo de cubanos revolucionarios que luchaban por la
independencia de su patria. En la ciudad de los rascacielos, dirigió su
periódico oficial "La Revolución".
A los 24 años, en el 1863, nuestro insigne
escritor antillano había escrito la novela de contenido político-social
"La Peregrinación de Bayoán". En el 1867, el ensayo "Romeo y
Julieta"; en el 1873 "Juicio crítico de Hamlet "; "Tratado
de sociología" en el 1883; "Lecciones de derecho constitucional"
en el 1887, y al año siguiente "Moral social". Su "Ensayo sobre
la Historia de la lengua castellana y la Historia de la civilización
antigua" (1894); "Geografía evolutiva" y "Cartas Públicas
acerca de Cuba" (1896, artículos de prensa); y en el 1899, "El caso
de Puerto Rico".
También publicó el opúsculo "Los frutos
de la normal" (exposición de pedagogía práctico-científica escrita por
encargo del Gobierno de la República Dominicana).
Además escribió para sus hijos, los cuentos:
"El barco de papel"; "La primera oración";
"Mai-lla"; "El primer acceso"; "La recaída" y
"La beata". Todos ellos escritos en 1878. La vasta obra de este autor
fue recopilada por el Gobierno de Puerto Rico en una edición de sus "Obras
completas", en el 1940.
La Junta Revolucionaria Cubana lo designó
Delegado en Suramérica, por lo que en el año 1871 se embarcó en dicho
misión.
En Chile, se desempeñó como profesor en la
Universidad Central, luchando allí en favor de la instrucción científica de
la mujer. En ese país escribió su famoso "Juicio Crítico de
Hamlet".
También sobresalió en Argentina y Chile por
promover la construcción del ferrocarril andino. En reconocimiento a este
hecho, la primera locomotora que cruzó los Andes llevó su nombre. En Perú,
fue un ardiente defensor de los trabajadores chinos, brutalmente explotados. En
Venezuela, contrajo matrimonio con la joven cubana Belinda de Ayala.
En 1874 regresó a Nueva York y dirigió
"La América Ilustrada". Más tarde viajó a Santo Domingo y dirigió
el periódico "Las Tres Antillas". En el año 1880 fundó la Escuela
Normal de Santiago de los Caballeros. En 1888, el Presidente de Chile lo invitó
para que implementara su filosofía educativa positivista dirigiendo el Liceo
Miguel Ángel Amunátegui.
Con la Guerra Hispanoamericana, el Partido
Revolucionario Cubano, que encabezaba José Martí, lo designó como Delegado.
Desde Mayagüez, Hostos intentó movilizar la opinión pública para evitar la
incorporación de Puerto Rico a los Estados Unidos.
Promovió la necesidad de que los
puertorriqueños determinaran su destino, a través de un plebiscito, entre los
líderes del país como Henna, De Diego, Matienzo Cintrón, Zeno Gandía, Muñoz
Rivera, entre otros.
En Washington D.C., el presidente McKinley y una
Comisión del Congreso quedaron impresionados ante el vasto conocimiento de
Hostos en el campo del Derecho Internacional. Mas, el Congreso sólo concedió
poderes muy limitados y coloniales a la Isla con la Ley Foraker, inaceptables
por Hostos.
Ante ello, regresó triste, otra vez, a su
segunda patria: la República Dominicana, donde fue nombrado Director General de
Enseñanza; y desempeñó, a la vez, la Dirección de la Escuela Normal de Santo
Domingo. En dicha ciudad primada, falleció de una fiebre infecciosa el 11 de
agosto de 1903.
Nuestro distinguido compatriota puertorriqueño
es considerado uno de los más grandes genios producidos en Latinoamérica
durante el siglo XIX.
Por su extraordinaria gesta, muchos de estos
países lo reclaman como su hijo. La Octava Conferencia Internacional Americana
de 1938, lo honró con el título de "Ciudadano de América", con el
cual lo había bautizado Antonio S. Pedreira en su biografía "Hostos,
Ciudadano de América".
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Pedro
Albizu Campos
Líder
del nacionalismo puertorriqueño, nació en Ponce el 21 de septiembre de 1891.
Estudió en Puerto Rico los primeros años de su educación. Alrededor de 1912,
se trasladó a los Estados Unidos para comenzar estudios universitarios.
Estudió en la Universidad de Vermont y luego, en Harvard. En 1917, se graduó
de Bachiller en Artes, para luego continuar con la carrera de Derecho. Estando
allí conoció a la peruana Laura Meneses, con quien contrajo matrimonio. En los
Estados Unidos, participó en diversas organizaciones que promovían la
independencia de Irlanda e ingresó como voluntario en las Fuerzas Armadas
norteamericanas.
A su llegada a Puerto Rico, se inició en la
vida política como miembro del Partido Unión de Puerto Rico. En 1924, se
separó del mismo para ingresar en el recién fundado Partido Nacionalista. Esta
colectividad defendía la independencia para Puerto Rico. En 1925, fue electo
vicepresidente de ese partido y en 1930 fue electo presidente. Su prédica
nacionalista atrajo la atención de muchos. Organizó los Cadetes de la
República, que vestían camisa negra y pantalón blanco y eran el cuerpo
disciplinado del partido.
En 1936, las autoridades estadounidenses lo
acusaron de conspiración, lo que lo llevó a cárceles federales. Se le
sentenció a diez años de prisión, los cuales pasó en la penitenciaría
federal de Atlanta y en Nueva York.
En 1947 regresó a la isla. El 30 de octubre de
1950, junto a un comando nacionalista, iniciaron una revuelta contra el Gobierno
de Puerto Rico y de los Estados Unidos. Atacaron La Fortaleza, así como a
algunos cuarteles de la Policía, logrando tomar por varias horas el cuartel de
Jayuya. Como consecuencia de estos actos, hubo un total de 29 muertos y varios
heridos.
Al día siguiente, varios nacionalistas
puertorriqueños efectuaron un atentado contra la Casa Blanca en Washington, D.
C., residencia del presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman. Las
insurrecciones le significaron cárcel para Albizu Campos. Se le condenó a 53
años de prisión. Poco después fue indultado por Muñoz Marín, revocándosele
el indulto al año siguiente, cuando un grupo de nacionalistas atacaron la
Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Estando nuevamente en la
prisión, enfermó y, en noviembre de 1964, se le concedió un nuevo indulto.
Falleció el 21 de abril de 1965.
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La
Bandera
Por
María de Lourdes Santiago
Vicepresidenta, Partido Independentista Puertorriqueño
El
22 de diciembre conmemoramos otro aniversario del día en que nuestra bandera
monoestrellada fue presentada en el 1895 ante la sección la Sección de Puerto
Rico del Partido Revolucionario Cubano reunido en el Chimney Corner Hall en
Nueva York, como nuevo símbolo de la lucha por la liberación patria. No es
nuestro único Día de la Bandera; cada 11 de junio recordamos la fecha del 1891
en que "un raro daltonismo" hizo ver a don Antonio Vélez Alvarado los
colores de la bandera cubana de forma invertida, y concebir así la bandera
boricua.
Para algunos historiadores, puede ser materia de
debate cuál es la fecha más apropiada para señalarla como "Día de la
Bandera". A mí en realidad me
alegra que los puertorriqueños, en especial los independentistas
puertorriqueños, tengamos no uno, sino dos días para celebrar nuestra enseña,
y ojalá fueran más para más rendirle tributo a nuestra estrella prisionera
aún por los designios colonialistas.
Subrayo lo que significan estas celebraciones
para el independentismo puertorriqueño, porque si bien hoy esa estrella y esas
franjas representan a todos los que estamos vinculados a este suelo, es difícil
permanecer impasible ante el doblez de quienes hoy abrazan la bandera que ayer
persiguieron. Precisamente este año se cumplió medio siglo de la triquiñuela
histórica que oscureció el azul celeste del triángulo de la monoestrellada, y
alteró la dirección de su astro solitario.
¡Cuán certero el mensaje de esa distorsión
oportunista! A la sombra de esa otra bandera de las muchas estrellas, sólo
podría oscurecerse nuestro cielo y sólo podía rebelarse nuestra estrella.
Porque cuando los cipayos, como los llamaba don Pedro, se apropiaron para la
colonia de la enseña que hasta entonces les servía para limpiar pisos o para
incriminar, en los procedimientos seguidos bajo la infame ley de la mordaza, a
los independentistas, le cambiaron franjas, estrellas y colores para que se
pareciera más a aquella otra, a la del norte.
A conciencia, sometieron a la bandera de la
visión de Vélez Alvarado a una detallada metamorfosis, con la esperanza de que
al cambio de colores le siguiera un cambio en lo que somos y sentimos los
puertorriqueños. Hoy le enseñan a nuestros niños en las escuelas que la
estrella representa el Estado Libre Asociado, y las tres franjas azules los tres
poderes del gobierno colonial, el mismo que inmisericordemente persiguió a los
que se atrevieron a enarbolar esa bandera cuando aun era proscrita.
En última instancia, como decía Betances,
hasta un trapo nos sirve de bandera. Con el azul celeste o el azul marino, con
la estrella bien puesta o la estrella invertida, con el rojo brillante o el rojo
escarlata, lo que importa es que bajo esa bandera se nutren los anhelos de
nuestra patria toda. Y como si aun la bandera adulterada llevara en su código
genético lo que significó la bandera madre, aquel plan siniestro para opacar
nuestra raíz fracasó.
Por eso hoy, la que quisieron que fuera la
bandera madrastra, la bandera adulterada, sigue representando la esencia de este
pueblo, y llevarla en la solapa, en el carro, en la casa, es aún una muestra de
la resistencia de nuestra nacionalidad. Es así que la bandera deja de ser trapo
y se convierte en insignia.
No se forjó nuestra bandera en la batalla
cuerpo a cuerpo entre pólvora y sangre, pero se creció en la lucha lenta de
invasor contra invadido; que la honremos es victoria tan heroica y quizás más
difícil que la ganada en la guerra.
Albizu Campos llamó a nuestra bandera "el
sudario de los próceres de la patria". En su defensa, cuando ya en el 1932
se pretendía desvirtuarla como símbolo de la colonia, murió aquel aciago día
en el Capitolio Rafael Suárez Díaz.
Bandera en mano cayó Carmen Fernández en la
Masacre de Ponce en el 1937, víctima de la rabia antiindependentista de las
fuerzas policiales. Para declarar la república la izaron en Jayuya Blanca
Canales y Heriberto Marín en el 1950. Por lo que representa, miles de patriotas
han sido perseguidos, marginados y encarcelados. Por verla a la sombra de la
bandera intrusa muchos llevamos hoy una espina en el corazón.
Hablando de la bandera, dijo don Pedro que
"el que no esté dispuesto a poner su vida por un amor, no es amor".
Ciento diez años después de que don Antonio la
soñara, ciento siete años después de que los revolucionarios en Nueva York la
aceptaran como símbolo único de su lucha, ciento cuatro años después de que
la multiestrellada invadiera nuestra tierra, 50 años después de que
condicionaran nuestra insignia a aparecer camuflageada y bajo el dominio de la
otra, esta bandera pide que renovemos nuestros votos de amor, y que ofrezcamos
la vida por ella.
No se nos pide que la ofrendemos como Díaz
Suárez, ni como los patriotas boricuas que con la sangre derramada por la
liberación de Cuba del yugo español tiñeron el carmesí del triángulo cubano
y de las franjas boricuas.
Nos pide que demos esa vida con el testimonio
firme de cada día de lucha por la independencia, de cada defensa grande o
pequeña de lo que somos, de cada resistencia a los cantos de sirena de la
colonia. Solo así la veremos, en cada asta de nuestra tierra, como la vio don
Antonio, como cubre el sudario de tres colores a la memoria de Diego, como la
defendió don Pedro, como la enarboló Concepción de Gracia: Libre y Solitaria.
Esta noche, Nochebuena, una estrella más
brillante que las otras guía el camino de los que buscan la redención. Es la
misma señal que, desde el triángulo de nuestra bandera, ilumina la senda hacia
la natividad de la Patria: el advenimiento de nuestra independencia.
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