Ateneo



1.- Eclosiones ocultas en Vicente Dopico Lerner

por Candido Geron

2.- Bosquejos para un retrato de México

por John Berger

(La Jornada)

3..- Con un continente por corazón

por Michell Balivo




 

ECLOSIONES OCULTAS EN

VICENTE DOPICO LERNER

Sin lugar a dudas Vicente Dopico Lerner es el artista de la eclosión visible y oculta. Si privilegia su arte con una infinidad de matices, es lógico que, además le otorgue la gracia de perpetuarse en el espacio y en el tiempo, pues yugula las formas y las hace invencibles en su transito y metamorfosis; en sus lucha por reflejar los móviles de unas pasiones agudas, centelleantes y certeras en su integración de signos y símbolos.

 

Así es el arte de este reconocido artista cubano: pasional y convergente, con varios rostros en uno mismo. Especialmente, cuando de evocaciones y fantasías se refiere. Ahora bien,  es un arte que no se aparta de su propia arquitectura. Y , esta razón estética permite conocer el equilibrio logrado entre las formas y la jerarquía del color en todas sus manifestaciones. Pero, en definitiva, lo que mas aporta , es la perspectiva que franquea y censura la vida síquica. Sus asociaciones de líneas y símbolos unificados en torno a un grafismo envolvente, profundo y metafórico, da apoyo a la idea de que es un arte abierto hacia las múltiples manifestaciones de los sentidos.

 

Lo prueba el hecho de su extensa obra, la cual sintetiza su capacidad de invención y su madurez artística en la que despliega sus conocimientos y sus emociones, para poner de manifiesto la expansión metafórica, asociativa, efectiva, muy personal y muy intima para, liberar con ello , los fantasmas de la creación.

 

Su iconografía marca rutas desconocidas, y revela una relación con la intimidad secreta. .La misma sirve para mostrar las posibilidades técnicas y la inventiva de este artista en su brote espontáneo y en su madura meditación. La caligrafía que pone de manifiesto encierra un irresistible encanto, una fascinación que accede al goce del espectador, a la poesía y a la intensidad inusitada entre el hombre y el mundo.

 

En el proceso de fusión entre lo interno y lo externo, Dopico-Lerner despliega una fenomenal y maravillosa metáfora de color y un bosque de líneas, símbolos y elementos que proyectan imágenes y transfiguraciones de enorme influencia lírica.

 

Con esto quiero decir que su arte se convierte en un manantial inagotable de sentidos e ideas, en una visión de unidad figurativa y psicoanalizada de si mismo. Es decir , del propio artista, que impone sus caprichos y evocaciones para poner de relieve su temperamento y su carácter egocéntrico.

 

Por lo tanto, el espectador o critico siempre tendrá en cuenta a la hora de analizar y comprender su arte, la elaboración interior, la rigurosa síntesis de los elementos constructivos indispensables, sabiamente ordenados y sus líneas amplias, suaves y abiertas, creadas con una insuperable seguridad y maestría.

 

CÁNDIDO GERÓN.

* Candido Geron es critico de arte y conferencista de reconocimiento internacional.Ha publicado varias enclopedias sobre el arte dominicano, especialista en arte del caribe, fue director de la revista Analisis y embajador de la Republica dominicana en Francia. Actualmente es el embajador de la Republica Dominicana en Mexico
 

 


México

Bosquejos para un retrato de México

La hondonada entre la justicia y las promesas rotas



Jonh Berger

Estoy sentado en una cabaña de madera en las orillas de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en el sureste mexicano, a punto de dibujar un retrato del subcomandante Marcos.

Veinte años atrás en este poblado de calles angostas, de casas del color de las flores, cualquier indígena que anduviera por la acera tenía que bajarse para permitirle a algún mexicano “blanco” continuar sin perturbaciones su camino.

Tras la toma de la ciudad por los zapatistas en 1994, esto cambió. Lo que hoy ocurre en esas mismas aceras hoyancadas es asunto de decisiones, no de discriminación.

Al llegar a la cabaña donde se alojaba temporalmente, me preguntó que dónde quería yo que se sentara. Le indiqué una silla junto a dos comandantes zapatistas –una mujer con su niña de seis años y un hombre mayor– ya sentados. Así, supuse, hablará con ellos y me dejará en paz. Me miró con un dejo de ironía, como si leyera mis pensamientos. ¿En paz? Sí, la paz es un momento.

Ayer había anunciado enfrente de varios cientos de personas que, por un tiempo, no haría más apariciones públicas, porque la amenaza a las comunidades zapatistas y a su forma de vida y lucha de los pasados 13 años era ahora tan aguda que debía retornar a ser el soldado clandestino que alguna vez fue, y ayudar a organizar la defensa en las montañas. La defensa de aquellos –le recordó al público– que formalmente renunciaron a cualquier forma de lucha armada desde 1996, pero que, de ser atacados, resistirían empecinadamente.

Puede ser que el nuevo presidente Calderón y su gobierno, después de las fraudulentas elecciones del año pasado, calculen que pronto podrían proceder a barrer a los zapatistas sin provocar la protesta generalizada. Y como tal, crean que el fulgurante ejemplo de desobediencia zapatista ante la tiranía global del fascismo económico conocido como neoliberalismo, puede ser barrido también.

Marcos y los comandantes comienzan a conversar y yo comienzo a dibujar. Ellos tres –y la niña de seis años– llevan pasamontañas. “Usamos máscara”, reivindicaron alguna vez los zapatistas, “para hacernos visibles”. Una extraña paradoja a considerar cuando se dibuja un retrato.

Tres días antes, en la comunidad zapatista de Oventic, conversaba yo con cinco consejeros. Estas mujeres y hombres hablaban con mucha calma porque decían sus propias verdades –tan diferente eso de la verdad. La supuesta calma que acompaña la creencia en una sola verdad es una indiferencia despiadada. La de ellos era una calma plena de consideración. Y sus máscaras, lejos de hacer sus rostros menos humanos o menos únicos, los hacían más humanos y únicos. Leía sus rostros a través de sus ojos, y los mensajes de los ojos son las expresiones faciales menos controlables y, como tales, las más sinceras.



Maria Concepción Moreno Arteaga

(foto La Jornada de Mexico)











Hablar de sinceridad me hace pensar repentinamente en la foto de una mujer que no usa máscara. Su nombre es María Concepción Moreno Arteaga. Madre de seis niños que crió ella sola. Cuarenta y siete años de edad. Ella vive a 200 kilómetros al norte de la ciudad de México, donde se gana la vida como lavandera. Hace tres años fue arrestada por las fuerzas de seguridad del gobierno mexicano, que la echaron a la cárcel con el cargo, absolutamente falso, de estar implicada en el tráfico de inmigrantes ilegales. [Decenas de miles de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños son deportados todos los años por las fuerzas mexicanas del orden al intentar atravesar el país rumbo a la frontera con Estados Unidos, donde esperan cruzar hacia el otro lado y hallar trabajo.] Un día, María Concepción se topó con seis de esos migrantes, harapientos, que habían cruzado ya medio país y que le pedían agua. Así que les dio agua y algo de comer, porque ante su manera de pedírselo “no había modo de negárselo”.

Después de ser acusada falsamente pasó más de dos años en prisión. Su trabajo allí consistía en pegar etiquetas para ropa de marca. Con los pocos pesos que le daban por estos trabajos forzosos, compraba jabón y papel de baño para mantenerse limpia.

El mensaje de sus ojos en la foto es: “No es posible negarse”.

Marcos tiene manos grandes con dedos inusualmente largos. Su piel está gastada y es algo callosa, su textura es parecida a la de las manos de los campesinos. Cuando aparece en público asume la postura y la expresión de un mensajero –ya sea que con cuidado y lentamente lea el nuevo mensaje en voz alta, o que sólo se pare ahí y lo encarne. En cambio, aquí en la cabaña está relajado y no mide el tiempo. Sus extremidades se sueltan como las de un piloto de largas distancias que una vez más logró poner a salvo su aeronave sobre una pista de aterrizaje muy corta. Y de pronto se me ocurre que tiene cierta afinidad física con Saint Exupéry: tal vez son parecidas su timidez o su reticencia con su tamaño y estatura.

México es uno de los países que cuenta con las más extensas minas de plata del mundo, como rápidamente lo descubrieron los conquistadores. Es también una tierra de espejos. Algunos de ellos, enmarcados y palaciegos, rotos muchas veces, y la generalidad son una multitud de fragmentos, bisutería, lentejuelas, escamas de azogue o mica que absorben la luz. “Cuando tocamos los corazones de otros pues tocamos también sus dolores. O sea que como que nos vimos en un espejo”, declararon los zapatistas hace dos años y medio en la Sexta declaración de la selva Lacandona.

***

La ciudad de México es tal vez la tercera metrópoli en tamaño del mundo, con una población desmesurada que bien rebasa los 20 millones. Una ciudad de consumismo sin freno, de pobreza, y redes de estafa y fraude. Barrios enteros gobernados por pandillas que venden droga. Zonas residenciales custodiadas por guardias de seguridad con chalecos a prueba de balas. Una contaminación colosal. Caos vial. El río de La Piedad fluye hacia el este por un monstruoso y herrumbrado ducto. El transporte público es mínimo. Circuitos urbanos con vías elevadas de tres pisos de alto. Por debajo, sin vehículo, uno se precipita como lo hacen las tijeretas. Aquí a los carros los han vuelto tan indispensables para quienes trabajan como rentar una vivienda. La antigua ciudad azteca de Tenochtitlán fue convertida finalmente en un carrusel para los intereses automovilísticos y de gasolina del capitalismo corporativo.

Cada año un millón de campesinos e indígenas mexicanos son forzados por la pobreza o la desposesión de tierras a abandonar sus hogares rurales y a mudarse a la capital u otras ciudades, mientras sus tierras son absorbidas por las corporaciones de la agroindustria.

México es un país migrante. Quince millones de hombres y mujeres trabajan en Estados Unidos. El dinero que envían a casa es, junto al petróleo, la principal fuente de divisas de México. Casi todos estos trabajadores carecen de papeles, por lo que en Estados Unidos los califican de criminales y los tratan como tales.

Lo que ocurre es la imagen en espejo de lo que ocurría en el Gulag soviético. Allá, a los prisioneros se les forzaba a trabajar hasta caer exhaustos. Aquí, a los trabajadores se les caza como a criminales hasta que se asumen fuera de la ley.

Entretanto, en la ciudad de México millones de miradas interrogantes se intercambian segundo a segundo en relación con transas, oportunidades, chistes, alternativas, rutinas, cuestiones de honor o meros asuntos sin resolver.

Únicamente para los poderosos, apuntan los zapatistas, es la historia una línea ascendente, donde su hoy es siempre la cumbre. Para los de abajo, la historia es una cuestión que sólo puede responderse mirando hacia atrás y hacia delante, creando así más preguntas.

Observo las cejas, las líneas de su frente, los círculos bajo los ojos, la forma en que la gran nariz se amolda contra el pasamontañas. Su voz física es al mismo tiempo distante y persuasiva. La voz escrita es otro asunto. Contrariamente a lo que es común asumir, la verdadera voz de quien escribe es rara vez (y tal vez nunca) la suya propia. Es una voz nacida de la intimidad e identificación del escritor o escritora con otros que conocen a ciegas sus propios caminos y que sin palabras guían a quien escribe. Esta voz no surge de su temperamento sino de su confianza.

Y mientras dibujo el volumen de su cabeza, me pregunto cómo definir, cómo delinear, el lugar de donde proviene su voz, como escritor de los mensajes zapatistas. Desde dónde le habla al mundo.

Físicamente la voz habla desde aquí, desde los interminables precipicios y cañadas de los Altos y la selva de Chiapas, hoy controlados por los pueblos indígenas que han recuperado su tierra para cultivarla, y quienes han construido escuelas, clínicas y espacios públicos en sus comunidades. Pero, ¿desde dónde, figurativamente, habla su voz?

Acaba de hacer reír a la niña. Cuando ella ríe, su pasamontañas se agita, como el costado de un cachorro cuando resuella.

***

Regreso a la ciudad buscando respuesta a mi pregunta. La arteria principal se llama, inesperadamente, ¡avenida de los Insurgentes! En el centro hay todavía docenas de calles con nombres de capitales o países europeos, porque hace un siglo México se pensaba a sí mismo como un faro de Revolución y Progreso mundiales.

Casi tantos mexicanos van con sus familias en algún momento de su vida a ver la Epopeya del Pueblo Mexicano, los murales de Diego Rivera, como en peregrinación a la Basílica de Santa María de Guadalupe, y hacen su visita a esta inmensa pintura no por estudiar arte sino por remembrar y considerar su destino.

He cambiado de dibujar con tinta a dibujar con carbón, porque éste es más tentativo, más craquelado, más desgastado. La tinta sabe, de inicio, lo que quiere decir; el carbón escucha.

Ninguna reproducción puede dar idea de la fuerza y la escala del fresco de Rivera que corona la escalinata principal de lo que fuera, hasta hace poco, el asiento del gobierno, el Palacio Nacional. No es descabellada la comparación que frecuentemente se hace con la Capilla Sixtina, pero con el Juicio Final, no con la Bóveda.

Diego, El Elefante como Frida Kahlo lo apodaba, fue tan ordinario como cualquiera de nosotros. A veces era estrepitoso, algunas veces derrotista, otras veces flojo, con frecuencia inconsecuente. Pero se transformó cuando se sintió llamado a pintar y encarnar en esas paredes el relato de los pueblos de los que provenía. Entonces se volvió consecuente al punto de otorgarle a cada detalle, a cada rasgo, su lugar particular en un vasto destino histórico. En la parte alta de la escalinata uno tiene la sensación de que son los mil años de historia los que inventaron al colosal pintor, no al revés.

Los cientos de figuras de tamaño humano de las civilizaciones precolombinas, del mercado callejero de Tenochtitlán, de los tres siglos de explotación colonial española, de la Guerra de Independencia que terminó en 1821 y, más enfáticamente, del siglo que siguió a esa guerra y condujo a la Revolución de 1910 y a su visión de un futuro diferente: todas estas notorias y anónimas figuras están contenidas juntas en una visión de tal energía y continuidad que, pese a las tantas crueldades que nos gritan, se suman como un todo de invitación fraternal. Es como si a cada visitante mexicano, al bajar la escalera para irse, le fuera ofrecido un alcatraz de alguna de las canastas de las vendedoras de flores retratadas en los murales.

Al mismo tiempo –y ésa es tal vez otra razón por la que pienso en el torbellino del Juicio Final de Miguel Ángel–, la historia política del México moderno, según está plasmada en estas paredes y de acuerdo con todo lo que ha sucedido desde que fueron pintadas, no es sino un gigantesco erial de promesas rotas.

A cierto tipo de esclavitud le siguieron otros; nuevos sistemas de represión y discriminación remplazaron los viejos. Se inventaron e impusieron formas modernas de la pobreza. Los gringos del norte extrajeron y robaron más y más recursos naturales y los pueblos indígenas fueron despojados más y más. Sólo el grito de “¡Tierra y Libertad!” de Emiliano Zapata continuó resonando la verdad –antes de ser asesinado en 1919.

Y entonces llego al punto. La hondonada entre el vasto erial de promesas rotas y la búsqueda popular de más justicia tenía que llenarse de algún modo y los partidos políticos, comenzando por el PRI (¡el partido de la revolución institucional!) han intentado durante 70 años llenar la hondonada con el escombro en que quedó convertido lo que alguna vez fue un lenguaje político. Promesas rotas, premisas rotas, proposiciones rotas, leyes rotas.

Cada uno de estos principios –excepto los del interés propio– fueron vaciados de contenido. El debate político, las campañas electorales, los discursos para los medios masivos en manos de las corporaciones fueron sistemáticamente reducidos a prevaricación y diversión de aquellos que los antiguos griegos denominaban los idioti (los que buscaban su propio interés) para distinguirlos de los politici. Bajo el fascismo económico del neoliberalismo esto se está convirtiendo en un fenómeno mundial. La voz de los mensajes zapatistas, que ofrece ejemplo de cómo resistir local y globalmente, surge de esta hondonada.

No a tratar de resolver desde arriba…, sino a construir desde abajo y por abajo.

No creemos que el fin justifique los medios. Finalmente pensamos que los medios son el fin. Construimos nuestro objetivo al construir los medios con los que seguimos luchando. En ese sentido es grande el valor que otorgamos a la palabra, a la honestidad y la sinceridad, aunque a veces nos equivoquemos ingenuamente.”

Me observa dibujar y sonríe. Hay dos clases de sonrisas (entre otras muchas): una que espera la conclusión jocosa de un nuevo chiste, y otra que recuerda la broma ya escuchada. La suya es del segundo tipo.

***

Me encontraba en el poblado de Acamilpa, en el estado de Morelos, de donde era Emiliano Zapata. La milpa es un campo de maíz donde crecen y conviven otras plantas, y donde muchos pájaros, insectos y animales coexisten también. Quiero describir el rostro de una anciana que me fue extrañamente familiar. ¿Será que se parece a gente de mi pueblo en los Alpes, o será que la edad nos lleva a todos al mismo poblado? En cualquier caso, era sábado por la tarde en un patio de una casa en un pueblito rural lleno de mesas cubiertas con manteles blancos, porque era el cumpleaños de alguien y los invitados estaban por llegar. Ya un acordeonista tocaba algo de música. Había una acacia enorme que debió haber estado ahí cuando Emiliano Zapata era un niño. En una mesa, trece personas mayores de las comunidades circundantes sostenían una reunión muy seria para coordinar los planes de una desobediencia civil o algún bloqueo de carretera para evitar que su agua la desvíen y se la roben los especuladores de bienes raíces. Hablaban por turnos, con cuidado y determinación. Aceptaban la música como si fuera un platillo que se cocía a fuego lento, y que podrían comer más tarde. El rostro de la anciana estaba bronceado por el sol y el viento, y sus brillantes ojos indicaban que los usaba para avistar en las grandes distancias los vientos que vienen. Para la fiesta de cumpleaños había globos de colores colgados entre la casa y el árbol de la acacia.

Y esto fue lo que me dijo:“He vivido mi vida como me la dieron para vivirla y ahora pienso en el futuro. Pienso en mis nietos y sus hijos y cómo van a vivir. Tenemos que resistir, por ellos. Ésos que hoy gobiernan quieren destruir a todos los campesinos y a todas las comunidades indígenas porque quieren quedarse con todas las semillas de la tierra y con todos los litros de agua que vienen de nuestras montañas. Así que por eso luego les paramos sus camiones cuando vienen a robarse lo que es nuestro… es mejor morir de pie que vivir de rodillas”.

Su cabello largo, tan blanco como el mío, estaba peinado hacia atrás de su rostro barrido por el viento y se lo amarraba en un chongo.

Marcos usa un reloj en cada muñeca. Uno marca el tiempo de la paz. El otro, el de la guerra. Cuando los zapatistas se enfrascan en una operación defensiva, trabajan con un horario alterado por si son interceptados sus mensajes.

Hay en todo caso situaciones que desafían cualquier tiempo, todos los tiempos.

En el poblado de San Andrés Sacamch’en, donde, en febrero de 1996, el gobierno pactó acuerdos formales con los zapatistas para reconocer los derechos de todos los pueblos indígenas, acuerdos que nunca honró, está la iglesia de San Andrés Apóstol. En la iglesia hay varias estatuas de la Virgen y de los santos que llevan ropajes de tela, cosidos y bordados.

Un mediodía, la semana pasada, hice un alto ahí porque, al igual que en Acamilpa, escuché una música. La música era más antigua y diferente. Dentro de la iglesia había dos mujeres jóvenes, indígenas, con sus bebés a la espalda y –a cierta distancia de ellas– dos hombres. No había sacerdote. Los cuatro cantaban en polifonía. En el piso de la iglesia había miles de velas prendidas, muchas veladoras en sus vasos, y sus llamas parpadeaban con el viento que se colaba por una puerta entreabierta. Una de las mujeres, conforme cantaba, balanceaba un incensario, y el humo del incienso flotaba como niebla por encima de las llamas que parecían flores. El año, la estación, el día, la hora, eran detalles olvidados. Hasta que uno de los bebés lloró de hambre y su mamá le dio pecho. La otra mujer alisaba con las manos una túnica que había traído para la efigie de San Andrés. Sabía que era tiempo de cambiar y lavar la que traía puesta el santo.

Tras del pasamontañas, bajo la gran nariz, una boca y una laringe hablan desde la hondonada acerca de la esperanza. He dibujado lo que puedo.

Entretanto, probablemente los zapatistas están en riesgo. Cualquier ataque sobre ellos vendrá de aquellos que en su miopía creen que pueden erradicar su ejemplo.

Traducción: Ramón Vera Herrera


                                   

   Venezuela.           

                                      Con un continente por corazón

                                                   (Generosidad y reciprocidad)

                                                         Michel Balivo

                                                                           

Esta semana "celebramos" a nivel mundial el día del trabajador. En Venezuela estamos de fiesta porque pese a las múltiples dificultades, llevamos los diez años de la revolución bolivariana aumentado cada año el salario a los trabajadores en esta fecha, por encima de la inflación. Al punto de que ya estamos casi en los 400 dólares de salario mínimo, en el primer lugar de Sudamérica. Esta vez el aumento es del 30%.

Este aumento es para empleados públicos y privados e incluye a todos los jubilados que están homologados con el sueldo mínimo, así como a todos los beneficiarios de las misiones que reciben becas o ayudas referidas al salario mínimo. Pero además se decretó el mismo aumento del treinta por ciento para todos los empleados públicos, sea cual sea su sueldo.

Sumándole los "cesta ticket" llegamos entonces a los 550 dólares, y hoy en día disponemos de acceso a estudios, atención médica y medicamentos totalmente gratuitos. La nacionalización de la electricidad y teléfonos permitió bajar el costo de los servicios e ir ampliándolos a las zonas que por exigir inversiones no tenían cobertura. Algo similar ha sucedido con el agua que ya está muy cerca de la cobertura total, cuando en 1999 había siete millones de excluidos. En dos años erradicamos el analfabetismo.

Se están sustituyendo los ranchos por casas dignas, construyendo por sobre las cien mil soluciones habitacionales anuales. Este año se están nacionalizando las compañías productoras de cemento, piedra picada y acero, por lo cual es de esperar que ahora que ya no se exportará la producción y se racionalizarán los precios, se pueda elevar el número de viviendas que se construyen anualmente, dándole prioridad a la industria nacional.

Todo esto se ha logrado creando nuevas alternativas al estrangulamiento económico impuesto por el neoliberalismo y sus instituciones, el FMI, BM, OMC, etc. Pese a todos los profetas del desastre que no teniendo nada que decir en contra de lo que se está haciendo, bombardean mediáticamente a la población con amenazas sobre el oscuro futuro que se cierne sobre el país, exagerando cada problema que hace diez años invisibilizaban, el país sigue creciendo y desarrollándose con sorprendentes números.

No solo económicos, sino sobre todo sociales. Por ejemplo medio país está estudiando y casi todos tienen ya acceso a la salud. La pobreza ha bajado desde el 60 al 30% y la más crítica está ya por debajo del 10%, igual que el desempleo. Pese a toda esa enorme inversión social, las reservas internacionales están por encima de 30 mil millones de dólares, más altas que nunca jamás.

La producción agrícola e industrial está creciendo consistentemente apoyada por créditos con bajos intereses sobre todo a pequeñas y medianas empresas, (hasta veinte años para el campo), y por la asistencia técnica de países amigos, como Irán, Argentina, Brasil. Cuba, China, etc.

Esto se complementa con la Misión Mercal que reparte 150 mil toneladas mensuales de alimento a precios subsidiados, muchas veces por debajo del 100% y más del precio de mercado. Contra los repetidos jueguitos de desabastecimiento de la oposición se creó la Misión PDVAL, que reparte otras 150 mil toneladas de alimento mensuales a precios regulados.

Se están realizando además planes de producción conjunta preventiva de alimentos, que seguramente a breve plazo, junto con la ecuación energética, se extenderán a toda Latinoamérica, ya que con la alteración climática  son los más graves problemas que enfrentamos y exigen ineludibles  y veloces respuestas para evitar el caos y la barbarie.

Seguramente muchos amigos se estarán preguntando, o tal vez sintiendo hasta sin darse demasiada cuenta, dónde estará la falla dentro de este tan positivo paisaje o qué les estaré queriendo vender disfrazado. Lo se porque he vivido el escepticismo de las últimas décadas y también porque veo a la organización que va quedando atrás, que va muriendo, preguntarse lo mismo intentando descubrir los puntos débiles para poder atacarlos, magnificarlos.

Pero la respuesta es simple. Hoy en Venezuela el crecimiento no genera deuda social, o en otras palabras, no crecen los números mientras el ser humano es crecientemente esclavizado y explotado en múltiples tipos de cárceles. Por el contrario, "es el crecimiento del ser humano en todas sus dimensiones el que produce todas las riquezas posibles".

Nuestra historia es un testimonio viviente de ello, o si se quiere somos ese testimonio, esa historia viviente y operante, esa maravillosa aventura de descubrimiento de leyes y tecnologías que generó la revolución económica y cultural por acumulación de experiencia y conocimiento. Pero en lo que a libertad y disfrute de la vida se refiere el camino ha sido inverso.

El mismo conocimiento que utilizamos para liberarnos de determinismos naturales y transformar esas limitaciones acorde a nuestras necesidades, también lo usamos para crearnos viviendas zoológicas. Así como antes creábamos y adorábamos dioses, coloridas o abstractas entidades que representaban las poderosas fuerzas naturales o celestiales, hoy adoramos al dios dinero, a las entidades y autoridades institucionales.

Dándonos cuenta o no, aún nos regimos y/o justificamos nuestras conductas por supuestas leyes zoológicas como la supervivencia del más apto o fuerte, para conseguir el sustento y reproducir sus genes. Más en sencillo adoramos al dios dinero y su reino del libre mercado, y tenemos por ley el que cada cual se las arregle como pueda y los que vengan después ya verán que hacen.

Si lo que digo parece exagerado, vean como se alimentan insensibles tanques de vehículos en lugar de dolientes estómagos humanos. Miren un instante a Bolivia, como en la llamada Media Luna venden los terrenos con esclavos incluidos al mejor estilo feudal, mientras imponen la democracia a palos a los sucios e ignorantes indígenas inferiores.

Como gritan que la democracia, (la de mayor consenso democrático de los últimos tiempos en lo que a cantidad de votos se refiere), solo es democracia si sirve a sus intereses, o a los de sus amos. Ellos no están sujetos a esas tontas convenciones, ellos hacen lo que quieren y les conviene, sin importar si ello cuesta unas decenas de miles de vidas de criaturas que no parecen tener alma.

¿Y qué es esa tal alma? ¿Cuál es la democracia de esas supuestas almas que han de ganar el cielo por asalto? Tampoco es tan difícil de discernir si uno se observa atenta y sensiblemente con la actitud y en la profundidad apropiada. La misma libertad, la misma movilidad que tenemos respecto a las limitaciones naturales es la que nos hace vulnerables.

No sabemos realmente quienes somos ni adonde vamos. Tampoco sabemos si es necesario saberlo. Porque junto con esa movilidad en el horizonte temporal, junto con esa libertad de moverse entre la memoria y la imaginación a la que llamamos tiempo, surgen las incertidumbres y temores a no conseguir, a carecer de lo necesario a futuro.

Y con los temores surgen como contra cara los deseos de seguridad, de continuidad. Ese temor y deseo de asegurarse el futuro son la matriz de la posesión, que nos lleva a querer apropiarnos, a concebir la propiedad privada y heredable, que no solo posibilita la continuidad de nuestros hábitos posesivos, sino que se continúen en nuestros hijos y los suyos.

Todo esta visión trascendente que llega a imaginar cielos e infiernos, es posible porque se abren las puertas que nos permiten concebir un futuro, nos impulsan a explorar horizontes posibles más allá del placer y el dolor cíclicos, que exigen el movimiento necesario para la satisfacción de las necesidades inmediatas, es decir el trabajo.

Desde ese trasfondo anímico, cuya raíz es obviamente sicológica, (prueba de ello es que hasta  los más ricos, dueños de medio mundo sufren y son motivados desapercibidamente por los mismos temores), se organizan entonces gradualmente las sociedades y sus instituciones. Es evidente que la posesión no está limitada a bienes materiales.

Se desplaza a ideales abstractos de vida, a ideologías y hasta personas, generando no solo una esclavitud y explotación física, material, sino también una dependencia, adicción sicológica, emocional, afectiva, mediante la cual los esclavos sienten necesitar y defienden a las autoridades que los esclavizan. No en vano tenemos luchas de clases, géneros y razas que aspiran a ser tratados como iguales, no solo legalmente sino sobre todo como seres humanos.

Viendo así las cosas, resulta evidente que a medida que vamos conociendo y organizando en consecuencia, hemos convertido gradualmente nuestra libertad, nuestra movilidad temporal en cárceles y esclavitudes de todo tipo, principalmente de los hábitos y creencias desarrollados en tal ejercicio.

De ese modo la vida en sociedad se experimenta como un embudo en el que nos desplazamos cada vez más hacia la parte estrecha, cada vez menos libertad y bienes para la mayoría. Al punto de que hasta los sueños hoy se inducen a través de las tecnologías audiovisuales, estimulando ese trasfondo desapercibido pero operante de temores y deseos temporales, para direccionar hábitos y creencias acorde al deseo de seguridad y continuidad deseada del sistema imperante.

La libertad, la movilidad sicológica en alas del temor y el deseo, se convierte entonces en fijación sicológica, en cárceles de identificación con hábitos y creencias operantes que seducen, sugestionan e hipnotizan las conciencias. Expresándose en conductas egoístas, conflictivas, violentas en lo que a la libertad del otro se refiere.

Ese es sencillamente el mundo que hemos construido y que nada tiene que ver con leyes y limitaciones naturales, sino con mecanismos sicológicos. Una simple imagen plástica que ejemplifica todo este complejo trasfondo, es la del egoísmo.

Si logramos aprehender el proceso mediante el cual hemos vendido por un plato de comida caliente la libertad con que fuimos creados o nacemos. Si logramos reconocer en nuestra propia siquis como la sutil movilidad del aleteo de mariposas, por la vía del temor y del deseo de seguridad se va convirtiendo en una estática piedra, entonces las soluciones son obvias.

Y claro está, en época de acelerados y acuciantes hechos que exigen inmediatas y profundas, estructurales respuestas de cambios de dirección, si es que no queremos continuar ciegamente como ganado en estampida camino del abismo, no podemos ya limitarnos ni seguirnos regodeando en sueños e ideologías.

Es lógico que el creciente sufrimiento, que la creciente sensación de un mundo agresivo, insensible e inhóspito, nos lleve a soñar despiertos y desear extrañas y esotéricas felicidades. O tal vez simplemente a continuar deseando riquezas a costa de la esclavitud y sufrimiento de otros, mientras declamamos ideales de libertad, paz, justicia, igualdad, hermandad.

Pero si nosotros, si nuestros temores y deseos nos llevaron a construir este mundo que hoy resentimos y rechazamos. Si nuestro egoísmo fue lo que organizó de este modo el trabajo y la injusta distribución de los bienes producidos por la creatividad y el esfuerzo pretendiendo prevenir, asegurarnos el temido futuro. Si hemos convertido la vida en guerra preventiva, ¿qué dioses o extraterrestres vendrán ahora a cambiarlo y salvarnos mágicamente?

No deseo entonces venderles ningún nuevo paraíso virtual para mantenerlos dormidos y seguir alimentando las llamas de este infierno que hemos creado. Solo mostrarles con sencillez el camino que se va abriendo gracias a la revolución bolivariana y la solidaridad de los países amigos. Algunos de ellos desde la precariedad de recursos pero la grandeza de alma en que las mismas circunstancias y decisiones los han sumido.

Desde la incertidumbre del temor y del deseo nunca tendremos la suficiente fe en el futuro, en las fuerzas de nuestra propia libertad. Y si es ese mismo temor y sufrimiento quien preventivamente lucha e intenta, solo repetirá una vez más la triste historia de esclavitud y negación de los demás, los callejones de alienación, soledad, egoísmo y violencia en que hoy nos sentimos atrapados sin salida.

¿Qué sucederá por ejemplo en la coyuntura en que el hermano pueblo boliviano se encuentra?

¿Más discriminación, una vez más derramamiento inútil de sangre entre hermanos en pos de ilusorios paraísos e inútil apropiación y acumulación de bienes? ¿Abrir un mayor abismo de temores y sus fantasmales imaginaciones entre seres humanos?

Si comprendemos que la generosidad, la solidaridad, la alegría de compartir los frutos de nuestro trabajo y creatividad, son el único modo de corregir la dirección conductual del egoísmo y el triste y aburrido mundo que intentando seguridad y continuidad hemos así construido. Si reconocemos que nadie más que tú y yo, nosotros, podemos decidirlo, iniciarlo y hacerlo aquí y ahora, entonces la dirección de salida de este callejón ya está a la vista.

Nosotros construimos nuestras propias cárceles, nosotros convertimos nuestra libertad en esclavitud. Solo nosotros podemos reconocerlo y permitir que esos falsos muros que el temor cual cemento sostiene unidos, comiencen a desmoronarse. Nos dicen que unidos somos invencibles. Cierto. Pero ahora estamos unidos en el temor y somos sus esclavos.

No es la unidad entonces el problema, sino su dirección expresada en hechos, en conductas. La unidad guiada por la generosidad y la alegría de la creatividad y el compartir libremente es lo que necesitamos. Todos hemos sentido de un modo u otro el poder de la creación. Una particular emoción convertida en pintura, un poema, un escrito, una canción, un recipiente de cerámica, una comida, un nuevo ingenio al servicio de la humanidad.

Imaginemos ahora la enorme alegría de compartirlo libremente, de regalarlo por amor. Y quedémonos con las manos abiertas para que la misma generosa alegría de compartir sea el camino de regreso de la creatividad multiplicada de los demás.

¿No es la creatividad, la generosa fertilidad de la naturaleza la que provee y sostiene todas y cada una de nuestras necesidades? ¿No es la misma naturaleza la que nos guía y protege a través del proceso de gestación y parto, desde una única célula hasta el de alumbramiento de un nuevo ser?

¿Quién sino el temor cerró entonces esas generosas puertas, convirtiéndose en el innecesario administrador de lo que nadie le dio? ¿Quién sino el temor convirtió el mundo en una lucha sin fin, no dejando otra alternativa que vivir encerrados, encarcelados en nuestras casas?

Si comprendemos este proceso observándolo atentamente en nuestra dinámica mental y sus resultantes conductas, (y por cierto no hay otro lugar donde observar mecanismos sicológicos), entonces quedará claro por qué la revolución bolivariana, apoyada totalmente por la cubana, se abre camino hacia una revolución continental y mundial.

En primer lugar porque hay una condición mental colectiva que sufre las mismas circunstancias. Esa es la contracara sicológica de la globalidad económica posibilitada por la revolución de las tecnologías de producción, transporte y comunicación. Sin ese trasfondo colectivo la chispa no podría convertirse en llama e incendiar nuestro planeta.

Quiero decir que nuestra conciencia como nuestro cuerpo tiene umbrales de tolerancia, más allá de los cuales se disparan o desencadenan respuestas estructurales que incluyen al ecosistema orgánico, que  a menudo olvidamos incluye nuestro cuerpo. En otras palabras no somos un chicle que se puede masticar a placer, nuestra flexibilidad también tiene límites.

Las circunstancias límites que experimentamos y de las cuales comenzamos a caer en conciencia, no solo intelectualmente, sino emocional, moral y corporalmente, desbordan los modelos existentes y sus ritmos de respuestas, que corren siempre detrás de los hechos y se conforman con dar explicaciones que no cambian nada.

Ahora ante la íntima presión de las exigencias en ciernes, comenzaremos a presenciar respuestas cada vez más veloces y globales. Como dijimos podemos estar unidos en la dirección del temor  y el egoísmo o en la de la alegría y la solidaridad. Si algo caracteriza al proceso bolivariano más allá de los errores, carencias y limitaciones inherentes a todo intento y aprendizaje, es el acento en la ética poniendo por prioridad al ser humano y el pago de la enorme deuda social.

Y del mismo modo trasciende sus fronteras proyectándose en las relaciones internacionales. Cansados de propuestas y cumbres sin ningún resultado, se comenzó a establecer relaciones bilaterales de intercambio donde la prioridad era el equilibrio de asimetrías y el desarrollo, el beneficio mutuo, conjunto.

Pero una vez más, esto solo fue posible porque de repente, "causalmente" comenzaron a brotar los líderes populares en toda América. Si observamos con atención, notaremos que en este punto nos enfrentamos a las limitaciones, al abismo que el temor impuso.

¿Cómo ir más allá de los intereses de cada nación de crecer a costa de las demás, de hacer "buenos negocios", más allá del sueño de ser la más grande de todas que es necesariamente la cuna de todo imperialismo? El único modo es trascendiendo, yendo más allá del temor y sus fantasmales sueños de grandeza, en los hechos. ¿Y qué es lo que va más allá del temor? La alegría de vivir que no es sino generosidad, la solidaridad.

Así es como en los hechos la revolución bolivariana apoyada por la cubana se van abriendo camino. (La encuesta Gallup del 26 de abril, sitúa a Venezuela con un 80% de posibilidades de estudio para los jóvenes, por encima del 56% de América Latina, 74% de Europa, 75% de Asia, y solo por debajo del 90% de Cuba. En lo que a alimentación respecta es la cuarta entre 134 países).

Más allá de ideologías extienden generosamente las manos, para compartir aquello de lo que buenamente disponen. Y los seres humanos se sienten tratados y se recuerdan como seres humanos, Y la alegría va restando lugar al temor, va convirtiéndose en fuerza y valor para enfrentarlo y resistir sus presiones, va desplazando a la duda, a la desconfianza.

Y entonces por las manos que la generosidad abrió comienzan a volver multiplicadas la alegría y la generosidad, y se va restableciendo la dinámica natural que el temor interrumpió y fue contrayendo hasta convertirnos en esclavos de nuestra propia libertad. Así es como se restablece la perdida reciprocidad de la vida, del ecosistema, que nunca pidió nada a cambio de traernos a ser en el mundo, cobijarnos y brindarnos todo lo necesario.

Y cuando esa práctica inicial se va convirtiendo en certeza de hechos, en reacción comprobada a nuestro accionar, entonces sabemos que no importan cuales sean las circunstancias, son las direcciones de acción elegidas y comprobadas las que nos liberan o aprisionan. No importa que ganemos o perdamos mil batallas, lo único decisivo es la dirección sostenida de nuestras acciones generosas o egoístas. Eso establece los frutos que hemos de cosechar. Ese es el único futuro posible, la única posibilidad de cambio real y sin retroceso posible.

¿Dónde se despedaza un continente? ¿Vemos acaso separaciones naturales que digan que hasta aquí es un país y más allá comienza o termina otro? Entonces, si es evidente que en la mente humana es donde  surgen las divisiones, también allí han de terminar por el camino de volver a experimentar la profunda y satisfactoria alegría de compartir y sintonizarse nuevamente con la generosidad que la vida es. Un solo continente en el corazón, en la mirada y en los hechos.