Por Paul Welder

“You
can hang back or fight your best on the frontline”
(Puedes
quedarte atrás o dar tu mejor lucha en la primera línea)
Bob
Dylan, Workingman’s blues.
El último informe económico mundial publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), lleva a la sorpresa. No por las proyecciones, poco auspiciosas para 2008, ni por los riesgos advertidos. El estupor es por el reconocimiento que hace de las causas del aumento de la desigualdad social y económica en el mundo: las relaciona, sin rodeos, con aspectos del proceso de globalización, entre éstos los avances tecnológicos y la inversión extranjera. Un diagnóstico sustentado durante años por economistas independientes y no pocos grupos de presión, hoy lo acoge el organismo que ha sido el principal pregonero de la globalización. El malestar de la globalización, detectado hace más de cinco años por el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, es hoy una certeza aceptada incluso por sus más furibundos oficiantes.
El
mundo de oportunidades, publicitado durante toda la década pasada y
gran parte de la actual por el FMI, ha dado origen a un momento de la
historia económica con los mayores índices de desigualdad. La
institución afirma que “en los últimos 20 años, la desigualdad
del ingreso ha aumentado en la mayoría de los países y regiones. Al
mismo tiempo, el ingreso per cápita se ha incrementado en casi todas
las regiones, incluso para los segmentos más pobres de la
población”. Una segunda afirmación que más parece una creencia
basada en la lógica del derrame de lo que sobra a los ricos. Bien se
sabe que el aumento del ingreso per cápita es un número oscuro, que
impide ver la verdadera distribución del ingreso. La lógica no es
la del derrame, sino de la concentración de la riqueza y la
masificación de la pobreza. Este y no otro es el proceso de
globalización corporativa.
De las estadísticas del mismo
organismo surge otra información. El producto per cápita chileno
será de 9.948 dólares anuales en 2008, sólo superado en la región
por Venezuela. El número, que puede destacar entre los vecinos, se
diluye al interior de nuestras estadísticas, por la tremenda
distorsión en la distribución de esta cifra. Si así fuera, si la
distribución fuera equitativa, cada chileno tendría una renta
mensual de aproximadamente 416 mil pesos. Algo que parece un mal
chiste al considerar que el veinte por ciento más rico absorbe
prácticamente la mitad de la renta nacional, o que el salario
mínimo, ingreso que percibe un millón de trabajadores, es de
escasos 144 mil pesos mensuales. El tan voceado crecimiento económico
es aquí crecimiento para las grandes corporaciones.
LAS CAUSAS DEL MAL
Las
causas de la desigualdad, según el FMI, están en el avance
tecnológico, en la inversión extranjera y en el desarrollo
financiero. “El progreso tecnológico en sí mismo explica la mayor
parte del aumento de la desigualdad desde principios de los años
ochenta” y toma cuerpo en una profundización del desempleo y de
los empleos precarios. Las grandes corporaciones, que son también
los grandes inversionistas extranjeros, reducen costos laborales
mediante el uso cada vez más intensivo de nuevas tecnologías. Y si
ha habido creación de nuevos empleos, éstos son por lo general de
mala calidad, muchas veces en la informalidad y con bajos salarios.
Estas mismas corporaciones que integran las nuevas tecnologías
al proceso productivo reducen y externalizan el trabajo, aumentando
sus utilidades. Un vistazo al sector financiero chileno, afecto a los
flujos de inversión extranjera mediante fusiones y adquisiciones,
muestra que durante los últimos años todo ha crecido en este
sector, excepto la creación de nuevos empleos y el aumento en los
salarios.
Otro
documento, el Informe sobre las inversiones
en el mundo publicado por la Unctad durante
el año en curso, apunta lo siguiente: “Los gobiernos siguen
adoptando modelos para facilitar la inversión extranjera. En 2006 se
observaron 147 cambios que hicieron más favorables estas políticas
en los países receptores. La mayoría de ellos, un 74 por ciento,
fueron adoptados en países en desarrollo”. Cabe recordar la puesta
en marcha del TLC entre Chile y Estados Unidos en 2004, que eliminó
el encaje a las inversiones extranjeras, lo que abre la posibilidad
de rápidas y abultadas corrientes de desinversión. Según este
mismo informe, en América Latina durante 2006 los flujos de
recepción de inversión extranjera prácticamente no crecieron
respecto a 2005, sin embargo, los flujos de salida aumentaron en un
125 por ciento.
Si
el FMI admite el aumento de la inequidad como consecuencia de la
globalización es, sencillamente, porque el fracaso de este modelo es
ya evidente. Y no sólo para los trabajadores y consumidores, sino
para el mismo desarrollo futuro de la economía. Nada promisorio
surge del informe del Fondo. Junto con anunciar una sostenida baja en
la tasa de crecimiento de la economía estadounidense -1,9 por
ciento, pronostica- el organismo pergeña en su documento una
retahíla de advertencias: existen riesgos negativos para las
perspectivas derivadas de la inflación, “los precios del petróleo
han repuntado hasta nuevos máximos y no puede descartarse un nuevo
aumento brusco… La persistencia de los desequilibrios mundiales
sigue planteando un riesgo inquietante”.
Esto
es, nuevos incrementos en el precio ya alto del petróleo. El fondo
Global Energy Fund de Investec estimó, hace poco más de una semana,
en 150 dólares el barril de aquí a no más de dos años. Aumentos
que también suceden en otros sectores, como el alimentario, que ha
elevado en nuestro país de forma desmesurada los precios de la
canasta básica. Una estimación realizada por El
Mercurio afirmó que las familias más
pobres han perdido más del veinte por ciento de su poder adquisitivo
durante el año. ¡Chile, país de oportunidades! recordamos se
proclamó durante el gobierno pasado. Chile, país desarrollado en
2020, oímos anunciar hace unas semanas al ministro de Hacienda.
Chile, decimos, en una calle ciega.
CALLEJON SIN SALIDA
La matriz neoliberal, seguida en Chile al pie de la letra pese al grandilocuente y espurio discurso social de los gobiernos de la Concertación, hace agua por varios costados. No está en una encrucijada cualquiera, está en un callejón sin salida. Inflación, malos empleos, concentración de la riqueza, precarización de la vida urbana y social, aumento de las desigualdades -sean económicas, territoriales, culturales, educacionales o sanitarias-, erosión de las perspectivas de una mejor calidad de vida. Un deterioro global que no es una simple consecuencia ni del Transantiago ni de las políticas comunicacionales, como se prescribe a sí misma La Moneda. Es el efecto de estar administrando un modelo económico, social y político arruinado.
A
las alzas de los combustibles y de los alimentos básicos -el pan ha
subido casi un 20 por ciento durante el año, los huevos lo mismo, la
leche un 50 por ciento, y habrá sin duda mucho más- viene a partir
del 1º de noviembre un alza del 15,5 por ciento de la energía
eléctrica, incremento que, según la trayectoria de las variables
anunciadas por el FMI, es altamente probable que se repetirá durante
2008.
¿Y
qué hace el gobierno? Anuncia con pedantería subsidios para los más
pobres, que es una forma de la política de la compasión, del
control de los márgenes extremos. Una política que no tiene
diferencia con los programas asistenciales propuestos por la derecha
en todo el mundo.
Se
trata de la asistencia pública, del socorro de último minuto, de
programas que mantienen al pobre en la pobreza, que cristalizan el
statu quo, que
consolidan todas las desigualdades. Nadie superará la pobreza con
estos y otros subsidios. Tal vez ocurrirá el proceso inverso: con
los actuales oleajes de los mercados serán cada vez más los que
terminen sumergidos en la marejada. Mideplan informó hace unos días
que un 30 por ciento de la población había estado en algún momento
en la pobreza durante los últimos diez años. Al considerar cuál es
la metodología que emplea esta institución para medir la pobreza
-recordemos que un pobre es quien percibe una renta bajo los 43 mil
pesos- podemos decir sin gran riesgo que en situación de carencia ha
estado bastante más de la mitad de la población chilena durante ese
período. Y tal vez nos quedemos cortos. “Chile, país modelo”,
decían hace poco tecnócratas, misioneros y zalameros del libre
mercado.
Si el aumento de la inequidad bajo el torrente de la
globalización neoliberal ya lo asume el FMI, a quién le puede
asombrar que la Democracia Cristiana, o parte de ese partido, impugne
la entrega de la economía, como un paquete, a las grandes
corporaciones y a los ruleteros del mercado. O que el crecimiento con
equidad sea tema de discusión en algunos cónclaves empresariales y
parte de los discursos de la derecha. Porque lo que ha venido
pregonando la Iglesia Católica sobre el salario ético, sobre la
injusticia social, sobre la concentración de la riqueza, es una
realidad, una evidencia a toda prueba. Una perversa realidad que, sin
embargo, no se resolverá al rasgarse vestiduras o al asumir la mala
conciencia.
VELASCO, IMPASIBLE Y RECALCITRANTE
Lo que puede sorprender es la persistencia a toda prueba del gobierno en un patrón económico que exhibe sus errores por todos lados, con la notable excepción de las utilidades empresariales. El 17 de octubre el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, hizo una exposición ante centenares de empresarios en la Sofofa. “Visión Económica 2007-2010” se llamó su alocución, que parecía la proyección del documental Chile, país de las maravillas. Para comenzar, Velasco no se quedó corto y anunció sin matices ni pudor su meta: Chile será un país desarrollado. ¿Cómo? Nada más sencillo; con un poco más de lo mismo: “Repetir el crecimiento del PIB por habitante de 5,6 por ciento realizado entre 1990 y 2006”. Con esta trayectoria, calcula, Chile alcanza los 20 mil dólares que actualmente tiene un país como, dijo él, Portugal. ¿Chiste? ¿Un cuento de hadas para niños? Tal vez ingenua demagogia de quien dice que no lo es.
Velasco
persiste a como dé lugar en el modelo. “Desde 1990 Chile ha
crecido como nunca en su historia y ha abierto sus fronteras al
mundo, negociando acuerdos comerciales con economías que representan
el 86 por ciento del PIB mundial”. Pero no nos dice que quienes
exportan y se benefician de estos mercados son una mínima parte de
las empresas, generalmente las grandes corporaciones, y que estas
empresas son las que externalizan los empleos; ellas son,
efectivamente, las responsables del crecimiento del PIB, pero
finalmente se lo apropian.
Velasco
nos recuerda que “con políticas sociales efectivas hemos logrado
que hoy la pobreza y la indigencia se hayan reducido a un tercio de
lo que eran el año 90. La desigualdad finalmente también ha
empezado a ceder”. Pero cabe preguntarse ¿con qué instrumentos
mide esa pobreza, y en qué categoría coloca Velasco a quienes salen
de la pobreza con ingresos superiores pero cercanos a esos 43 mil
pesos mensuales? Y tampoco dice nada sobre las estadísticas de
desigualdad, las peores en la historia de Chile, sólo comparables
con los más oscuros años de la dictadura.
La
fe de Velasco en el neoliberalismo es a toda prueba. El desarrollo,
una suerte de paraíso terrenal, está en la persistencia en los
mismos programas que puso en marcha la dictadura y que la
Concertación profundizó. “Tenemos que persistir en las políticas
que nos han permitido avanzar: la carrera al desarrollo es larga y
hay que sostener el tranco”, dice, sin ninguna contención. Un
“tranco” que “exige esfuerzo y coraje”.
Su
convicción en la matriz neoliberal transparenta también su
fundamentalismo, lo que lleva a advertirle a su audiencia empresarial
que “no hay atajos fáciles. Estamos a mitad de camino. No podemos
dejarnos llevar ni por populismos fáciles ni por pesimismos
injustificados”. Bien sabemos a qué se refiere Velasco con los
“populismos fáciles”. Claramente es un mensaje a la derecha
sobre el malestar social y las eventuales propuestas de la Izquierda
-imaginamos que tiene en mente a Correa, Chávez, Morales y hasta a
Kirchner- , y también podemos intuir aquellos “pesimismos
injustificados”, como orientados a los temores empresariales de ver
en el futuro reducidos sus márgenes de ganancias. Por algo Velasco
ha elegido esa audiencia para abrir su corazón. Son sus pares, sus
amigos, sus vecinos, su mundo
PAUL WALDER
Alberto Montero Soler
Rebelión
Los datos son escalofriantes y la
tendencia alarmante. En esta
Europa del capital de la que forman
parte la mayor parte de las
economías desarrolladas del mundo;
en esta Europa que se postula como paradigma de la generación de
riqueza y bienestar para sus ciudadanos nos encontramos con que
existen 78 millones de personas pobres, de las cuales 19 millones
son niños. Y los datos serían aún peores si se incluyeran en ese
recuento a los solicitantes de asilos e inmigrantes indocumentados.
Pero lo grave es que esto no es nada nuevo. Hace un par de años,
UNICEF publicaba un informe sobre la pobreza infantil en los países
desarrollados que ponía los vellos de punta.
Allí nos
enterábamos de que, durante la última década, la proporción de
niños que vivían en situación de pobreza había aumentado en 17 de
24 países de la OCDE, esto es, en los 24 países del mundo más
desarrollado. Da pánico pensar lo que ha ocurrido en el resto del
mundo.
También nos
enterábamos de que el porcentaje de niños que viven en
situación
de pobreza en Estados Unidos es de casi el 22%; en el
Reino
Unido, de más del 15%; en Japón, del 14,3%; en Alemania, del
10,2%; y en Francia del 7,5%. Esto es, cuatro de las cinco
principales economías del mundo tienen tasas de pobreza infantil por
encima del 10%.
Por la parte que nos
toca, la situación no es como para sentirse orgullosos. En España,
el 13,3% de los niños son pobres, con el agravante de que la misma
va en aumento: durante la década de los noventa, la pobreza infantil
aumentó en nuestro país en un 2,7%.
Frente a los datos de esos países, incluido el nuestro, contrastan los de los países nórdicos, todos ellos con tasas inferiores al 5%: Suecia, el 4,2%; Noruega, el 3,4%; Dinamarca, el2,4%; y Finlandia, el 2,8%.
Como cualquiera puede
imaginarse, estos resultados no son producto de la casualidad. El
informe de UNICEF también pone de manifiesto que cuanto mayor es el
gasto público en prestaciones familiares y sociales, menores son las
tasas de pobreza infantil. Además, hay que tener en cuenta que uno
de los principales determinantes de esa pobreza infantil es la falta
de
ingresos de los padres producto tanto del deterioro y la
inestabilidad de los
mercados laborales como de las reducciones
en los salarios de los
trabajadores de ingresos más bajos. Así,
en 7 países de la OCDE el 10% de las familias peor pagadas vieron
reducirse sus salarios durante la última década.
Ello implica que la pobreza infantil sólo podrá reducirse si los gobiernos instrumentan políticas activas –incluidas ayudas directas- para tratar de corregir las desigualdades que generan las fuerzas del mercado. Ese es el caso, nuevamente, de los países nórdicos en donde las actuaciones compensatorias del Estado reducen las "tasas de pobreza del mercado" en un 80% o más; mientras que, por su parte, aquéllos países que presentan unos porcentajes de pobreza infantil más elevados, esto es, Estados Unidos y México, sólo consiguen reducir la "tasa de pobreza del mercado en el 15 y el 10%, respectivamente.
Pero, además, de nada sirve que se produzcan aumentos en los gastos sociales si los mismos se asignan casi mayoritariamente al pago de pensiones de jubilación y a la financiación de la sanidad mientras se mantiene estancada la protección a la familia y a la infancia.
En este sentido, y
como ya escribí hace algo más de un año, el caso
de España es
paradigmático: es el país de la Unión Europea que menos
porcentaje de su PIB gasta en prestaciones familiares. Mientras que
la media europea se sitúa en el 2,2%, en España apenas alcanzó en
2007 el 0,52%. ¿Puede alguien luego asombrarse de que más del 13%
de los niños de este país vivan en la pobreza?
Como puede apreciarse,
el panorama es desolador. La pobreza, que nuestros gobernantes
nunca han considerado una prioridad en sus programas y han gustado
de describir, a lo sumo, como atolones aislados en un mar de
opulencia generalizada, va extendiendo sus brazos y atrapando a
quienes apenas tienen posibilidades de defenderse de ella. Al tiempo,
muchos de esos gobiernos se hallan embarcados en una carrera por
ofrecer a sus electores crecientes reducciones en sus impuestos con
lo cual las posibilidades de financiar mayores gastos sociales se ven
consecuentemente mermadas en la misma proporción. Y todo ello se
complementa, además, con la asunción
generalizada de que
cualquier intervención sobre los mercados –que no sean, al
parecer, los monetarios- es ineficiente y que, por lo tanto, el
Estado debe limitar su presencia en los mismos.Si ese sigue siendo el
rumbo en el que mantienen a la nave europea, ya veremos en unos años
de cuántos niños pobres estamos hablando.
Alberto Montero es
profesor de
Economía Aplicada de la Universidad de Málaga.
C
UMBRE
SOCIAL DE LOS PUEBLOS - ENLAZANDO ALTERNATIVAS 3
FORO INTERNACIONAL
MANIFIESTO
EL AGUA:
ES UN DERECHO FUNDAMENTAL
PARA EL PROGRESO Y BIENESTAR DE LA HUMANIDAD
Reunidos en la cuidad de Lima, República del Perú, en el marco de la CUMBRE SOCIAL DE LOS PUEBLOS- ENLAZANDO ALTERNATIVAS 3, que se realizó del 13 y 16 de mayo del presente año; los gremios, organizaciones sociales, científicos, personalidades y redes internacionales, que venimos de distintos confines de América Latina y Europa, hemos realizado con éxito el FORO: EL AGUA ES UN DERECHO HUMANO, UN BIEN ECOLOGICO Y UN SERVICIO DE DOMINIO PUBLICO, cuyas conclusiones las ponemos a disposición y conocimiento de la opinión publica internacional y de todos los pueblos del mundo.
A la par, estas mismas conclusiones las hemos presentando a la V Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de ALC-UE, en un momento decisivo para la historia de los pueblos, países y naciones de América Latina y de Europa, al desplegarse renovadas y esperanzadoras energías para abrir nuevas rutas alternativas al fracasado modelo neoliberal y a los llamados Tratados de Libre Comercio, que han abierto una crisis de civilización para la humanidad, ya que en medio de la generación de una riqueza sin precedentes y de un cambio tecnológico a escala mundial, hoy se expanden casi sin limite el hambre, la falta de trabajo digno, y se acelera el calentamiento global del planeta, como resultado de la imposición de un patrón de consumo energético-industrial basado en el uso intensivo de combustibles fósiles (petróleo y derivados) por parte de los países más ricos del mundo.
En este marco, es bueno señalar que los nuevos vientos que hoy priman en América Latina y el Caribe, es la repuesta de miles de trabajadores(as), de empresarios(as) nacionales, micro empresarios(as), de pueblos agrarios y de pueblos originarios agrupados en Comunidades Campesinas y Nativas, que a diferencia de los difíciles años de los 90s, en la presente década, en la mayoría de países de América del Sur, vienen contribuyendo a la conquista de gobiernos, con los cuales se plantean nuevos retos y desafíos para alcanzar el progreso y una nueva democracia, porque otra Patria, otra América y otro Mundo, son posibles.
Consolidar y ampliar el horizonte de estos procesos democráticos y de cambio, significa seguir bregando para dejar a tras la imposición de las llamadas políticas del Consenso de Washington (FMI, BM y BID), que pretenden perennizar una injusta distribución de la riqueza, la entrega de los recursos naturales y biogenéticos a la voracidad de las grandes empresas trasnacionales; así como la entrega a manos privadas del agua y de las empresas publicas, que entre otros fenómenos, constituyen una de las principales causas para la consolidación del atraso y la pobreza en nuestros territorios.
Inspirados y guiados por principios y políticas de cambio y transformación, los hombres y mujeres de los pueblos Europeos, de América Latina y del Caribe, que juntos anhelamos una integración justa y equitativa para la labrar una globalización incluyente, manifestamos lo siguiente:
EL AGUA, COMO FUENTE DE VIDA, ES UN DERECHO HUMANO DE CARÁCTER UNIVERSAL.
Por ello, nos reafirmamos en la propuesta del Comité de los Derechos Económicos Sociales y Culturales (DESC) de la ONU, que en noviembre del año 2002, planteó: “El agua es fundamental para la vida y la salud. La realización del derecho humano a disponer de agua… Es un requisito para la realización de todos los demás derechos humanos”. Desde este paradigma universal resulta indignante, que hoy, según informe de la ONU, cerca de 1,500 millones de personas en el mundo no pueden gozar de este derecho. Situación que será más grave el año 2025 al aumentar la demanda de agua potable un 56% más que el suministro y se calcula que en el planeta dos de cada tres personas vivirán en condiciones de conflicto político - social por falta de agua.
Es desde esta misma realidad desgarrante que acarrea impactos negativos para la salud y alimentación de millones de personas en el mundo, planteamos, que el Agua no sólo debe adquirir rango constitucional en todos los países del mundo, siguiendo el emblemático ejemplo del pueblo uruguayo, sino que el Agua al ser un Derecho Humano, no es una mercancía y no puede estar sujeta a los afanes de lucro de la actividad privada.
EL AGUA, ES UN BIEN ECOLOGICO CLAVE PARA EL EQUILIBRIO AMBIENTAL DE LOS ECOSISTEMAS DEL MUNDO.
Es de conocimiento científico-técnico, que en la preservación de la tierra y de sus ecosistemas, el agua tiene una importancia vital para mantener el equilibrio ambiental, ubicación que adquiere mayor relevancia si tomamos en consideración que vivimos en el presente -los impactos cada vez más severos- del calentamiento global de planeta.
Este fenómeno inevitablemente trastoca el ciclo hidrológico del agua y afecta la disponibilidad de este recurso natural y son procesos que aceleradamente profundizan los desequilibrios en el ambiente, produciéndose daños que irreversiblemente perjudican el desenvolvimiento de las economías globales y regionales. Un ejemplo, que ilustra esta delicada situación, es el informe ambiental de la Comunidad Andina de Naciones-CAN, donde se señala que en el año 2025, el PBI de la CAN, será menor en 30,000 mil millones de dólares constantes, por causas que derivan del cambio climático.
Por estas consideraciones, para los pueblos de América Latina, Europa y del orbe, no nos cabe la menor duda de que frente a este frágil panorama, preservar y potenciar el agua, es la vía natural y principal para recuperar el equilibrio ambiental del planeta y para lo cual se requiere la implementación perentoria de políticas publicas nacionales e internacionales, que estén encaminadas al logro de un desarrollo sostenible.
En esa orientación promovemos la creación de los Ministerios del Agua y Ambientales, como autoridades autónomas, capaces de resguardar los equilibrios ecológicos, con políticas que eliminen la contaminación del agua y de los ecosistemas, que generan las actividades extractivas de recursos naturales; y en las grandes ciudades urbanas de alta concentración poblacional, para descontaminar el aire se deben implementar medidas para resolver la contaminación que producen los desechos industriales, como deben instalarse plantas de tratamiento de las aguas servidas.
Pero esta importancia adquiere mayor trascendencia, si tomamos en cuenta que los países que se ubican en el sur y en la franja tropical del hemisferio, poseen una de las reservas ecológicas más grandes del planeta (de alta mega biodiversidad), donde el agua dulce es su factor de riqueza y equilibrio. En esta ecoregión, en especial en la Cordillera de los Andes (montaña andina), en los bosques tropicales, en los bosques húmedos, en los llanos amazónicos y en las praderas, existen más del 80% de todas las zonas de vida que existen el mundo, es cuna de una amplia gama natural de semillas, de plantas medicinales, de reptiles, de peces y de variadas especies; vale decir, de una rica y múltiple flora y fauna.
En suma, el agua, esta directamente vinculada a una de las regiones que puede proveer a nuestros pueblos y la humanidad de los alimentos sanos y medicinas, jerarquía que resalta si consideramos que por responsabilidad del neoliberalismo trasnacional, hoy el mundo vive una dramática crisis global alimentaria que amenaza ampliarse hasta el 2015, con el agravante de que se incrementan las enfermedades que provienen de agua contaminada (enfermedades de transmisión hídrica), por falta de servicios públicos de salud.
EL AGUA ES UN BIEN Y UN SERVICIO DE DOMINIO PUBLICO.
Somos testigos de cómo los pueblos y naciones han desarrollado fuerzas creadoras y de resistencia por la defensa del Agua como un Derecho Humano y como Bien Publico, que lograron hacer fracasar la ola privatizadora de la década de los 90s que fue y es impulsada por el FMI, BM, el BID, el KFW de Alemania, JBIC de Japón y la CAF y que contaron y cuentan con la decisión de algunos gobiernos que se allanaron y se allanan a la implementación de estas políticas.
En los países que se ubican en el hemisferio norte, como expresión viva de esta resistencia y como hecho contundente, informaciones recientes de connotados investigadores de la ISP, muestran que el 90% de las ciudades mas importantes de la UE y de los EEUU, el agua esta en manos publicas. En el hemisferio sur del planeta, los privatizadores al no cumplir las inversiones prometidas para ampliar la cobertura de agua y alcantarillado y que en su afán de lucro elevaron las tarifas, condujo a que terminen en un rotundo fracaso con agudas repercusiones políticas y sociales, que al mismo tiempo, han abierto nuevas tendencias que se encaminan al desarrollo de políticas para su estatización.
En este escenario verificamos el repliegue de algunas transnacionales del agua. Sin embargo, otras persisten en su afán de apropiarse de este recurso y de los servicios públicos (alentados principalmente BID), no sólo a través de otorgar concesiones (a diestra y siniestra) sino con el expreso propósito de que el Estado subsidie sus actividades a través del llamado Modelo Asocio-Publico-Privado, avalando los préstamos que contraigan con la banca internacional y multilateral, con la finalidad de garantizar su rentabilidad.
Pero constatamos también con convicción alentadora que la primera década del siglo XXI nos ha traído hechos importantes en América Latina y en el mundo, que plasmadas en la defensa de los derechos de los ciudadanos y de las poblaciones, están orientadas a la RECONSTRUCCIÓN DE LAS EMPRESAS PUBLICAS, como es el caso, entre otros, de los servicios de agua, salud, educación y electricidad.
Finalmente, considerando que el agua y los servicios públicos contribuyen de manera decisiva a la paz, la equidad y la justicia en el mundo, anunciamos a los presidentes y representantes que asisten a la V Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de ALC-UE, que nuestros pueblos, las organizaciones sociales y gremiales, participantes en este FORO, hemos acordado lo siguiente:

Desarrollar fuerzas contra todo intento de privatización y/o concesión del agua y de los servicios públicos.
Exigir que el Agua por ser un Derecho Humano y no una mercancía, no debe ser parte de los tratados comerciales, que suscriben los países y continentes.
En estas gestas, los trabajadores y muchos pueblos del mundo, proponemos como alternativa la propuesta de Asocio-Público-Público, de gestión democrática, que con una creciente y sistemática inversión pública, las empresas del agua se modernicen, sean eficientes, pero sobre todo amplíen y mejoren la cobertura, la calidad del agua potable y el alcantarillado.
¡NO A LA PRIVATIZACION DEL AGUA ¡
¡DEFENDER EL AGUA ES DEFENDER LA VIDA¡
Lima, 15 de mayo del 2008